1.
Una novela corta, o un cuento largo, que Migue le prestó a Lola cuando se fue a Canadá y que Lola me pasó a mí a cambio del libro que Migue me prestó a mí cuando se fue a Canadá (el de Cheever que reseñé más abajo). Lo leí en varios viajes en subte y una sentada en el sillón del living entre fines de julio y este comienzo de agosto de este postapocalíptico 2025.
2.
El cuento empieza como uno de ciencia ficción, en el futuro de la autora, que escribió este coso en 1971, pero sólo para pararse en el futuro de su tiempo de la narración, que es el comienzo del siglo XX. Hay un inmigrante ruso que llega a los Estados Unidos para hacer la América, Elia Gatoff. Es un pendejo de mierda que quiere ser poeta. El protagonista es un editor, un tipo que dirige un diario. Los dos, por ende, son varones. El tema de ser varón (y el de ser poeta) atraviesa toda la novela, como el título indica, pero de una manera rara, casi camuflada pero en tu cara, y no nos olvidemos -vos y yo- de que esto lo escribe una persona que se llama Cynthia. Un poco te olvidás, mientras lo lees, pero después siento que eso también justifica los giros (que los hay, un poco sorpresivos pero hay tan pocos elementos en la trama que no sé qué tan escondidos están).
3.
El cuento me gustó, un poco, hasta ahí. Tampoco me volví loco. Cynthia Ozick nació en 1928 en Nueva York y está viva, como Mel Brooks, que nació en 1926. Pueden ser amigos.

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