1.
Este bodoque de 1132 páginas lo empecé a leer a fines de febrero y lo terminé hoy, 17 de agosto. Fue leído principalmente durante las cacas -es que, ¿cómo hacés sino? No se puede pasear este coso en la mochila-. Pero al final ya lo quería liquidar así que lo apuré en sucesivas lecturas que reemplazaron la serie nocturna. Las últimas 60 o así de páginas las leí hoy en Junín, PBA, en unas mini vacaciones.
2.
La premisa es buena, y hasta sencilla: un pueblo de los Estados Unidos al que le aparece una cúpula (transparente, indestructible, ligeramente porosa) que la encierra por todos sus lados y también hacia el cielo, y hacia el centro de la tierra. Nadie entra, nadie sale. Como era de esperar (igual que en La niebla y en las buenas historias de zombies), qué es la cúpula y quién la hizo aparecer es lo de menos, y lo importante es lo que pasa con la gente encerrada adentro. Y en este caso hay dos cosas: el cometario político explícito -el malo es una especie de Trump que se vuelve un dictador, aunque el libro es de la época de Obama y Estebancito no sabía lo que estaba por venir- y el juego con los mecanismos narrativos de la historia con cien personajes (probablemente no esté exagerando con el número) donde muchos, por lo menos 30, tienen su trama. Esa parte es de locos, cómo sostiene esa estructura y -casi- sabés quiénes son todos. Además, hay personajes muy buenos. Especialmente el malo, que es bastante protagonista -y es malísimo-. Ahora que leí Ricardo III lo veo en todos los malos, y en este también (sobre todo en su final). ¡Una bronca te da! Es bárbaro.
3.
Cuestión que lo más de capo es lo de los mil personajes, las mil tramas. Y lo otro remil de capo es el clímax, el inicio del último acto, que tiene que ver con la trama política intra-cúpula y no tanto con la cúpula en sí. El tipo te la viene adelantando durante todo el libro (los personajes lo van soñando, sin entender qué es, pero vos como lector vas atando cabos), hasta el punto que varias cientos de páginas antes de que pase ya sabés que en un momento llega, sabés por qué, sólo estás esperando el cuándo. Bueno, llega. Este es un libro con muchos capítulos (largos) y subcapítulos (algunos muy cortos, de un párrafo incluso) y cuando llega ese único evento que influye en todas las tramas, se toma sus buenas doce páginas para desarrollarlo como si fuera un escritor ruso decimonónico, un científico: un capo. Es claramente, literariamente, lo mejor del libro. Sólo Esteban -con sus ochocientos libros previos encima- puede hacer eso.
4.
Nota aparte: ¿cómo puede ser que escriba Under The Dome en año y medio? Yo tardé cuatro meses en leerlo nomás. ¿Y cómo puede ser que R.R. Martin, en comparación, no haya terminado todavía el tomo que nos debe en quince años y trabajando con colaboradores?
5.
Dicho todo esto, lo más flojo es lo de los "cabeza de cuero", es decir la causa de la cúpula, y lo de cómo se resuelve. No es pésimo, tiene su pequeña inspiración, pero es muy flojo comparado con todo lo demás. Y es por lo tanto peor libro que los otros bodoques que leí de King, Tommyknockers y La historia de Lisey.
6.
Habrá que ver la serie que hicieron del libro. Es poco probable que esté a la altura.
7.
Dos cosas que me acordé después de escribir todo lo anterior: Mención especial para el capítulo protagonizado por un perro, que habla con el fantasma de una muerta. Y para todos los momentos en que Stephen rompe la cuarta pared y nos habla directamente a los lectores. Qué son pocos, rarísimos, y se justifican solos por la extensión de la novela, que hace que un poco valga todo.

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