jueves, 7 de mayo de 2020

Blanco nocturno, de Ricardo Piglia

1.
Hace poco vi el documental de Andrés Di Tella sobre los diarios de Piglia, 327 cuadernos, que está disponible en alta en youtube, y me dieron ganas de leer más de este señor del que sin embargo algo ya había leído (Plata quemada, La Argentina en pedazos y Prisión perpetua, más algunas cosas marginales). En biblioteca paterna encontré esta novela policial, y me atrapó. Pero después me soltó. Igual la terminé.

2.
En una crítica que encuentro en Internet dice un señor que Blanco nocturno es una novela que empieza policial y pasa a novela negra, y algo así me pareció a mí, sin pensarlo de forma tan erudita. Al comienzo hay un detective, que tiene un ayudante, un Holmes con su Watson de la llanura pampeana, que tienen que resolver un crimen con los recursos del método deductivo. Hay un narrador omnisciente, focalizado en el comisario Croce, y todo marcha por los caminos tradicionales del género en cuestión. Esa parte la leí, como decía, atrapado. Pero en determinado momento, los capítulos empiezan a tener un colofón, en cursiva, una escena otra en la que el periodista Emilio Renzi, protagonista habitual de Piglia y alterego ficcional del mismo (el nombre completo del autor es Ricardo Emilio Piglia Renzi) conversa con una rubia despampanante en la habitación del casco de estancia de la familia Belladona, a lo largo de una noche larga de papusa. La escena en la habitación funciona como un flashforward en montaje alterno con la que venía transcurriendo en el libro, y como no podía ser de otra manera, en determinado momento Renzi llega al pueblo y los dos tiempos se funden en uno. Renzi toma la posta como narrador protagónico y testigo, Croce es abandonado por su Watson, pierde la razón, pierde el hilo de la investigación, y nos encontramos con un personaje arltiano como él solo, Luca Belladona, encerrado en su fábrica abandonada como en un monasterio. Y el relato se deshilacha. No ganan los buenos, digamos, sin espoilear.

3.
Es una buena novela. Le hubiera gustado a Bolaño. Se lee como droga primero y después no, lo cual es un poco frustrante, pero es una buena novela.

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