miércoles, 10 de marzo de 2010

Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac

1. Soy muy inteligente, y tengo algo para revelarles: Oloixarac es Caraxiolo al revés, wikipedia me lo acaba de confirmar.

2. From "El País":


Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), que acaba de aterrizar en España gracias a la editorial Alpha Decay, no sólo es un desternillante catálogo contemporáneo de doctrinas sobre la guerra en tiempos de Google Earth, tan impracticables como indestructibles, sino también una sátira de la oficialidad académica, política, cultural y progre de los setenta, bombardeada con los argumentos/armamentos de una mujer fatal. Aunque cuando su autora escucha decir que parece un Houellebecq con falda y tacones, afirma llevar "la mano a mi revólver".

Dale Pola, no te hagás la canchera, sabés que Houellebecq te encanta. Te querés casar y tener 10.000 hijos con él.
La entrevista está buena, acátá.

3. La progresión es así: Primero, muchos intelectuales mainstream eran fans de Pola y la Ñ y la ADN lo decían TODO el tiempo. Reseña de Sarlo por aquí, presentación de Horacio González por allá (por la Biblioteca Nacional). Y el hecho de que buena parte de la acción se situara en Puán me daba ganas de leerla, qué va tío, hostia. Pero por el otro lado estaban las personas de carne que me decían que no había que leerla porque era insoportable, facha, aburrida, y etcétera (voy a mantener sus identidades a resguardo porque estoy seguro de que Pola debe googlear el título de su libro en sus ratos de ocio y eventualmente va a leer esto, hola Pola, te banco). Todo se resolvió gracias a que mi amigo... eh... Paco, mi amigo Paco trabaja en una libreria que se llama... mmh... Libros y Libritos, eso, entonces de vez en cuando sacamos libros sin pagarlos para luego devolverlos así todos usados y cogidos, y como no quería pagar por leerlo con lo mal reputado que estaba, eso hice. Pero al final me gustó tanto que lo quize prestar así que lo compré. La primera persona a la que se lo presté se aburrió después de 40 páginas, pero ta, that's not the point. The point is que a mí me gustó mucho. Te banco Pola.

4. Las teorías salvajes se trata de muchas cosas, es medio un quilombo. Hay dos tramas principales, la una protagonizada por el alterego de Pola, la otra protagonizada por una gordita videoartista y su horrible amigo blogger. Pero de todos modos lo importante no es eso, me parece a mí. Porque las tramas, que parecían ir hacia cierto lugar, de repente y hacia el final se van para cualquier lado. Son como globos que los inflás, los inflás, y después soltás el cabito y vuelan en todas direcciones, desinflándose. Por lo menos en uno de los dos casos yo no entendí qué pasó (¿qué pasó en el Tigre, me explicás? Tengo una idea pero creo que flashié cualquiera) y no sé si es que soy tonto o Beatriz Sarlo y Horacio González tampoco habrán entendido o a lo mejor es que soy tonto porque no importa y me preocupo por eso. De cualquier forma, el libro me gustó mucho por otros motivos, a saber:

  1. Los (muchos) momentos enciclopédicos que se mechan en la novela como largas metáforas o reflexiones, que van de los ritos de pasaje de las tribus africanas a una lista de slogans setentistas (esto como parte de un diálogo, pero es también un momento enciclopédico) o anécdotas de la vida de los filósofos o citas de Clausewitz, und so weiter.
  2. La muy acertada descripción de ciertos arquetipos de mi generación, como el personaje de Pabst, que está tan bien que da envidia. Y de ciertos comportamientos de mi generación (y clase social y grupos de pertenencia) como los de Pabst y la gordis, sobre todo antes de que conozcan a Mara y Andy.
  3. Cómo están escritas algunas cosas. Por ejemplo:
    (...) debo hablar ahora -por razones de fuerza- de mi hermosura.
    Tengo un esqueleto intachable y persuasivo -a menudo insoslayable según cierto monstruo estadístico acercado por los olfatos sedientos de muchachotes, viejos y sáficas. Me reparto con elegancia a través de carne suave, rósea, de tono impreciso entre las aceitunas doradas y el marfil lírico de Bizancio. El resto de mis partes son comentarios de vario tenor y cantidad de saliva sobre cuestiones de distinción innata y belleza rioplatense; mi pelo negro emprende un salto al vacío y se detiene, con unción, segundos antes de rozar mi cadera; mis ojos son negros y profundos, un poco bizcos; mi boca es ortodoxa, es roja. De frente, las torres gemelas saludan egregias, elevadas con ímpetu hasta un fino cuello dórico, y la quijada de una dama carnívora. Detrás, pues par y anatómica gloria. (...)
  4. La parte del mogólico.
  5. Las partes del antropólogo holandés.
  6. La parte del google earth.
  7. Las partes de Puán. Aunque yo hubiera retratado de otra forma la facultad, capaz porque ella escribe sobre otro momento o porque es de otra carrera (filosofía). ¡Ah, hay una parte increíble para puaners!
    Esperé, esperé y esperé, y no llegabas. ¿Sería posible que vistieras una capa
    invisible? ¿Habías entrado ya? Ningún ente merodeador de Filosofía y Letras existe antes de las nueve de la mañana. Yo misma intenté contravenir esta ley de la naturaleza durante unas horas hasta que fui abducida por Berni Bleizik, del priorato de Metafísica, famoso por sus habilidades somníferas. Al despertar de su influjo, noté que mi puño se había cerrado sobre una crujiente medialuna de grasa, despedazándola.
    Recogí mis papeles, mis libros en preparación, y crucé la calle muy decidida: decidida a interceptarte en el interior de la facultad. Casi resbalo al penetrar el edificio, por suerte llevaba este calzado de rezagos militares que es ideal para el mal tiempo.
    Me lancé escaleras arriba. Husmeé las oficinas, los institutos, las bibliotecas del 4to piso. Circunvalé el sector de Referencia, la biblioteca principal y la Hemeroteca. También te busqué en el 5to, el piso en construcción, imaginando que quizás te hubieras hartado de esas pálidas imitaciones de Duchamp que pueblan los baños profesorales. No podía descartar ninguna posibilidad. Te busqué te busqué te busqué, y nada. Entonces decidí cambiar de estrategia. Iría hasta la esquina y llamaría por teléfono a la Sala de Profesores, explicando que en breve explotaría una bomba en la facultad.
    (...)

Y no me acuerdo ahora otras partes pero deben haber.


5. Un amigo cuya identidad será reservada me contó que el teléfono de Pola es NNNN-POLA, y si le preguntan "¿¡cómo?!" ella contesta "Claro, como si fuera 0800-FREDDO pero con POLA".

4 comentarios:

darío muchotrigo dijo...

paco va a perder su trabajo si seguís ventilando intimidades

moi dijo...

http://melpomenemag.blogspot.comc/2010/04/resistance-is-futile.html

Ale Schonfeld dijo...

qué miedo no? por las dudas pongo las citas que faltaban así dejo todo ordenado

Newman! dijo...

YO lo estaba por comprar hasta que me crucé con esa ristra de críticas negativas. Ahora voy a ver.

Caracciolo es la muejr de Rocco Siffredi, lo que dice bastante de Pola, jaja!


Y a propósito, siendo que tenés cierta facilidad para conseguir libros, me interesaría que reseñaras "Bajo este sol tremendo" que fué seleccionado por Anagrama.