jueves, 21 de abril de 2016

La historia de Lisey, de Stephen King

1.
Segundo libro de Stephen que leo (pero trigesimocuarto en su catarata de títulos), La historia de Lisey (2006) es un socotroco de 600 páginas que se lee en modo droga, compulsivamente, como imagino que todos los libros de él. El señor este sí que conoce los vericuetos del oficio. Va de una viuda joven, doña Lisa Debusher, viuda de Scott Landon, escritor de best sellers de terror que se hizo millonario y se murió, dejándole los millones a ella. Con gran maestría (este va a ser el eje de esta reseña: qué bien que escribe este tipo, cómo maneja los tiempos, cómo maneja al lector), King cuenta la historia de Lisey, que comienza dos años después de la muerte de Scott, cuando un académico de una Universidad viene a pedirle agresivamente que revise los papeles de su marido en busca de novelas ineditas y cosas así, el mismo día que la hermana mayor de ella tiene un episodio de automutilación. De ahí en más, Lisey va tratando de hacerse cargo de los dos problemas, que empeoran con el correr de las páginas, mientras revive en flashbacks alucinatorios episodios de su vida pasada con Scott, que parece haber dejado todo listo antes de su muerte para ayudar a Lisey desde el más allá. Es inevitable pensar que hay un paralelismo entre Landon y King, lo cual habla muy mal o muy bien de la autoestima de King (porque Landon es una especie de superhéroe, un ser infalible aquejado por sus monstruos interiores, en el que todo lo malo es culpa de su infancia, o de sus genes: King como un ser puro), lo que permite leer muchos párrafos en los que Landon habla de la escritura como opiniones reales de King. En particular, es interesante el momento en que Landon (o sea King) plantea su visión de la literatura: no hay que escribir para los críticos, sino para los lectores, que leen en el avión, en el baño, en las salas de espera o los domingos en sus casas. Ayer vi el documental Hitchcock/Truffaut (Kent Jones, 2015), sobre el libro de Truffaut en el que entrevistó a Hitchcock (El cine según Hitchcock, recomendadísimo, un clásico en las escuelas de cine) buscando otorgarle el lugar de autor que la crítica internacional le vedaba por considerarlo tan solo un "entretenedor". Hitchcock dice en ese documental (y en el libro) algo parecido con respecto al cine: los directores tienden a olvidarse de los espectadores, cuando para él lo único importante era conseguir generar en el público sentimientos, emociones. Dice Hitchcock que con Psicosis consiguió que ya fuera vista en Japón, en Estados Unidos o en Finlandia, todos los públicos iban a gritar en el mismo momento. Bueno, eso, Hitchcock, King.

2.
Una falla en el libro tal vez sea el hecho que desde el comienzo del tercer acto ya no temés por la vida de ninguno de tus personajes principales. Scott es una especie de fantasma superhéroe que habita el incosciente de Lisey, y Lisey además es una heroína de cuidado, por lo que ya nada parece que le vaya a salir mal. Cuando iba por esa parte y tuve ese pensamiento, me acordé de Cementerio de animales, el otro libro que leí de King, en el que las cosas se desencadenan para el lado del horror de un modo bastante violento, y pensé que a lo mejor me equivocaba y al final había una sorpresa tipo Boda Roja, pero sólo fue ese recuerdo el que me hizo dudar un momento. La estructura clásica vence, diluyendo un poco la fuerza de la novela. Igual King es un maestro y hasta me emocioné un poquito -lágrima- con nuestros dos héroes indestructibles (el muerto y la viva) al final de la carta que éste le deja debajo del árbol de la campana (no espoilié nada).

3.
Parece que King dice que esta es su novela que más le gusta. A mí me gustó Pet Semetary.

martes, 5 de abril de 2016

Iosi, el espía arrepentido, de Miriam Lewin y Horacio Lutzky

1.
Resulta que en los años '80, a alguien en la Policía Federal le pareció que era necesario infiltrar la comunidad judía argentina para descubrir y desbaratar la conspiración por la cual la judería internacional pensaba apropiarse de la Patagonia a través del llamado Plan Andinia. O sea, en fecha tan avanzada como 1985, había gente con poder en la PF que creía en una historia de corte antisemita tan berreta como la del Plan Andinia, tanto como para infiltrar un agente. Esto son hechos reales, y si fuera sólo eso ya sería interesante de por sí. Pero la historia de Iosi, o José Pérez, supuestamente nombre real del infiltrado, no se queda en eso solo. Tiene una serie de giros inesperados. Primero: Iosi sigue infiltrado hasta bien avanzada la década del '90. Estuvo infiltrado tantos años que pasó a ser un miembro activo e importante de la comunidad: fue jefe de Bitajón (seguridad) de Tzavta, el centro comunitario del judaísmo humanista y del movimiento juvenil sionista más a la izquierda del espectro, Hashomer Atzair, y hasta fue miembro en un momento de la mesa de la Organización Sionista Argentina. Incluso se casó con una chica judía. Básicamente, si le creemos (porque ese es el problema principal del libro, la fuente es Iosi y Iosi se pinta como un hombre honesto porque cómo habría de ser de otra manera), se volvió judío. Aparecen en el libro los nombres de varias personas, padres de amigos míos, que en los noventa tenían algún rol en alguna institución comunitaria. Segundo: Iosi cree que su trabajo fue la base del atentado a la AMIA de 1994, y quizás también del de la Embajada de Israel de 1992. Por lo que cuenta, y porque no tiene por qué mentir sobre algo que lo incrimina de ese modo, no me quedan dudas de que así fue. La complicidad de la Policía Federal en el atentado a la AMIA y sobretodo en el encubrimiento posterior (y actual) son tan claras y flagrantes, y están tan impunes, que me da bronca cuando amplios sectores de la sociedad argentina y de la comunidad judía en particular -todos ellos fieles espectadores de la Televisión argentina- ponen el grito en el cielo por una pelotudez tan grande como la del memorándum de entendimiento con Irán. Acá iba a entrar en tema Nisman pero para qué. Lo único que voy a decir sobre Nisman es esto: Iosi intentó que se hiciera pública su historia mucho tiempo, para que la publicidad le sirviera de escudo contra sus enemigos (que, Iosi está seguro, lo piensan matar porque sabe demasiado, como se suele decir). Pero necesitaba que estuvieran dadas ciertas condiciones de seguridad. Finalmente un periodista inescrupuloso filtró la noticia: "hubo un espía infiltrado en la comunidad judía, dice haber sido cómplice del atentado". Y a Iosi no le quedó otra que declarar frente a Nisman, para entrar a las apuradas en el programa de testigos protegidos del Ministerio de Justicia. Nisman no estaba ese día en la fiscalía, y contra reglamento, Iosi declaró frente a dos secretarias y un grabador (en la documentación judicial dice lo contrario). Acto seguido, lo escondieron. Tiempo después, muere Nisman. El libro entonces es una herramienta más de Iosi para tratar de preservar su vida, cuando el hombre que supuestamente lo estaba protegiendo desapareció. Eso también me resulta sumamente interesante, como lector, como consumidor de literatura.

2.
El libro está suficientemente bien escrito, busca crear suspensos propios del género de espías, y tiene una estructura medio Juego de tronos de que en partes distintas la narración se cuenta desde puntos de vista y primera persona de tres personajes distintos: Iosi, Lutzy y Lewin (o sea, el espía y los autores). Garpa especialmente si sos judío y tenés más de veinticinco años: el libro vuelve una y otra vez (en la trama de la infiltración) a lugares y personas que tienen que ver con mi infancia, cuando Iosi estaba entre nosotros (¿lo habré visto alguna vez?). Pero si no también.

jueves, 31 de marzo de 2016

Sumisión, de Michel Houellebecq

1.
El último libro del hombre con el apellido más divertido de tipear del mundo tiene en la tapa (de la edición de Anagrama) una foto de la torre Eiffel sobre la que flota el símbolo islámico de la luna y la estrella. El libro salió el mismo día del atentando a la revista Charlie Hebdo, primer episodio de la actual serie de atentados terroristas que están teniendo lugar en Europa, y entonces el timming le jugó a favor en las ventas y estuvo primero en las listas de Amazon un montón de tiempo. También hizo que el gobierno francés le pusiera una custodia permanente. Y también hizo que la gente hablara mucho del libro sin haberlo leído, lo que produce indefectiblemente una interpretación corrida de la que resulta de la lectura, porque la gente tiende a simplificar y a exagerar. Che, estoy re en sociólogo trucho en esta reseña, me encanta.

2.
Dato curioso no casual: la edición de Charlie Hebdo anterior al atentado tiene en tapa una caricatura de Houellebecq en relación con este libro.


3.
En Sumisión, un profesor de literatura de la Sorbona (redoble de tambores...) está deprimido (¡sorpresa!). MEANWHILE, estamos en el año 2022, y en Francia la ineptitud de los partidos tradicionales hace ascender la estrella de un nuevo partido islamista moderado, como la única alternativa a la primera presidencia de Marine Le Pen. Ganan los islamistas, y como la tapa del libro lo indica, Francia se convierte en un Estado islámico. Nuestro deprimido profesor deberá enfrentarse a las nuevas condiciones societales: jubilarse o convertirse.

4.
Los medios se dedicaron a vender al libro y al autor como islamófobos, aún antes de que éste saliera. Que Houellebecq es o era islamófobo se condice con unas declaraciones suyas de 2001. Cito de Wikipedia: "afirmó que «la religión más idiota del mundo es el Islam» y que «cuando lees el Corán se te cae el alma a los pies»". Pero Sumisión, la novela, no creo que sea islamófoba en absoluto. Por el contrario, es un nuevo caso (de esos que me encantan, por extraños y por honestos) de reivindicación del pensamiento pre-Ilustrado o reaccionario o medieval, contra el pensamiento secularizado y desencantado de la Ilustración. Como también hacía muy explícitamente el escritor idishe norteamericano muerto premio Novel capo Bashevis Singer; como hace -un poco más en pose- Lars Von Trier en Anticristo y en Melancolía; como hace muy pasteurizadamente mi amigo personal M. Night Shyamalan en todas sus películas pero más especialmente en las que tienen una temática religiosa, como Praying with anger o como la más mala Señales

5.
En Sumisión, la conversión francesa al Islam, o más bien la vuelta de la sociedad a la religión, cualquiera que esta sea, resulta ser una solución viable para una serie de problemas (o cosas que Houellebecq ve como problemas) de la sociedad francesa. Incluso reivindica cosas del Islam como religión de Estado que a mí me parecen espantosas pero a Houellebecq, que es bastante facho -aunque no tanto como para que no lo quiera-, no. Como por ejemplo, el espantoso rol de la mujer. Si el libro es misógino o no, hubiera sido un debate mucho más provechoso (por ejemplo esta reseña le pega -muy fuerte- por eso). Por otro lado, recién leí dos muy buenas entrevistas a Michel. Una se la hace Gonzalo Garcés para El País de España, y es linda. La otra se la hace un tal Sylvain Bourmeau, para El País, pero acá está levantada también por La Nazión, de nuestro pays. Y en ésta última, el Michel de 2015 contradice o rectifica al Michel de 2001:
al final el Corán resulta ser mucho mejor de lo que yo pensaba, ahora que lo he releído -o, más bien, leído. La conclusión más obvia es que los yihadistas son malos musulmanes. Obviamente, como con todo texto religioso, hay espacio para la interpretación, pero una lectura honesta llegará a la conclusión de que, en general, no se aprueba la guerra santa de agresión, y que solo el rezo es válido. Así que se podría decir que he cambiado de opinión.
Para aclarar, por si algún rezagado no entendió: No es Houellebecq sea islamista o pro-islámico: es que Houellebecq es anti-Ilustrado, lo dice explícitamente en las entrevistas; y también que es un crítico acérrimo del Estado francés actual.

6.
Houellebecq en parte es el mejor porque sus libros son novelas sobre personajes pero en casi todos los casos son en igual medida novelas sobre las sociedades (siempre la francesa, pero también a veces la europea o aún la global). Y son novelas con hechos, con travesía, no meros frescos posmodernos o juegos con la escritura que en este momento me parece que me tienen cansado o decepcionado o algo así. No es algo que haya sentido siempre, me está pasando ahora, seguramente influido por la materia de guión que cursé recientemente: me están pareciendo superiores las historias donde importa lo que pasa, lo narrado. Me asombra y gratifica más (y me parece más de capo) un giro sorprendente de la narración, o un encadenamiento de hechos orginales en su propuesta, que ninguna otra cosa de escritor capo. Houellebecq escribe sobre personajes y sus vidas, pero también sobre sociedades y sus (H/h)istorias, que son como las vidas de las sociedades, y lo que siempre me deja de cara son esos giros (a parte de que también hace bien todo lo demás: la prosa, el vocabulario, los conceptos vertidos constantes dentro de los diálogos y etc.). Por otra parte, también me encanta en Houellebecq que sea uno de los pocos que sitúa sus novelas en el futuro inmediato, o que las comienza en el presente de la escritura y las hace llegar hasta el futuro inmediato (nuestro futuro, el de los lectores). Lo viene haciendo desde Las partículas elementales, lo hizo en El mapa y el territorio y lo vuelve a hacer en Sumisión. Creo que también en su novela que me falta leer, La posibilidad de una isla, proximamente en Resistirse es fútil.

domingo, 27 de marzo de 2016

Un beso de Dick, de Fernando Molano Vargas

1.
El título no remite a Philip K. Dick. Tampoco hace referencia al órgano sexual masculino.

2.
Leí esta novela juvenil colombiana gay y ochentosa (o principiosdelosnoventosa) de una sentada, en unas horas, un día de vacaciones. La pasé bien, me resultó entretenida, me calenté un poco, me reí una vez (suelo reírme mucho, pero no fue el caso), está bien escrita pero no me pareció nada del otro mundo. La contratapa dice algo así como "los mejores diálogos de la literatura latinoamericana". Un poco hiperbólico el comentario. Supongo que para 1992 debió ser bastante revulsiva la novela, que tiene el gran mérito de no volver escabroso algo que no tiene por qué serlo, como es el amor entre dos chicos que van al colegio. El asunto del "amor prohibido" aparece más bien tarde en la novela, y eso me parece bien. Parece que en Colombia ocupa el lugar de novela de culto, y un rápido googleo comprueba que hay versiones teatrales, varias reseñas y muchos links para descargarla en formato digital. Está editada en Argentina por Blatt & Ríos.

sábado, 26 de marzo de 2016

Operación Shylock, de Philip Roth

1.
Las bibliotecas de los padres, ¿qué tema, no? Ah re stand up. Pero bueno, hablemos de las bibliotecas de los padres. Cuando somos jóvenes lectores voraces, tienen libros que nos atraen, libros que nos rechazan, y libros que nuestros padres nos conminan a leer. Yo, lector omnívoro, leí todos los que pude, pero es casi una regla de la naturaleza que no se pueden leer todos los libros de una biblioteca. Principalmente porque además están los libros de las otras bibliotecas de los demás, los prestados, los que nos regalan, los que compramos usados o nuevos, bueno, muchos libros rivales que se interponen entre nosotros y la concreción de la lectura total de una biblioteca X, en este caso la de nuestros padres. No es que la de mi casa patermaterna tuviera todos libros buenos. Está por ejemplo ese del secreto de la Coca Cola, grande y rojo, no sé si lo tienen, que nunca quise leer. Y La Tercera Ola, y libros así espantosos también. Sí quise y nunca logré leer toda la sección de ciencia ficción. Y la sección judía, que no es que quise leerla toda pero como idea me atrae (no así como acto). RAMAS RAMAS ME FUI POR LAS RAMAS. Operación Shylock estuvo ahí siempre, y nunca me plantié leerlo. No es que no conociera a Philip Roth: de bastante chico leí -conminado por mi padre, este libro pertenece a ese tipo de libro- El lamento de Portnoy, la más famosa novela del autor judío norteamericano del que estamos hablando. De El lamento sólo me queda la imagen del tipo (¿sería Portnoy?) que le pedía a una mujer (¿una prostituta?) que se acuclillara sobre una mesa ratona de vidrio y cagara, mientras él yacía debajo y veía la caca posarse en la mesa a la altura de su pecho. Debería volver a leerlo, todos ustedes deberían leerlo, yo lo tengo en una edición de Grijalbo del '69, verde con letras violetas y naranjas, primera en español que pegué no sé en dónde. También está editado en la colección de Bruguera que yo busco capturar como si de pokemones se tratara, es uno de los dos libros editados bajo el número 32 (el otro es El trueno entre las hojas, de Augusto Roa Bastos) y también es uno de los únicos dos que me faltan para completar la colección (el otro es En el camino de Kerouac, número 55, letras en el lomo creo que naranjas, éste me interesa más porque con éste tendría los números del 1 al 100). Si algún lector tiene o encuentra uno de los mencionados me avisa eh. ¿Qué estaba diciendo? Ah, sí, Philip Roth. 

2.
Philip Roth nació en 1933 en Nueva Jersey, tiene 83 años y debe ser un viejo de mierda probablemente. BUSCO IMAGEN 2016. Ah no, se ve re simpático:


Tiene muchísimos libros publicados, no sólo novelas, y muchísimas entrevistas para prensa con otros escritores y cosas así. Operación Shylock: una confesión, tal su nombre completo, es su novela número 19, y comienza cuando al propio Philip Roth le encargan viajar a Jerusalén para entrevistar al escritor israelí Aharon Appelfeld. Roth acaba de pasar por el peor episodio psicológico de su vida, una depresión descomunal que lo llevó a pensar en el suicidio y que resultó provocada por el consumo de una pastilla para dormir, el Halcion, y cuando está a días de emprender el viaje en avión recibe una llamada de su amigo Appelfeld, quien le notifica que en la Tierra Prometida ya hay un Philip Roth, o alguien haciéndose pasar por Philip Roth para hablar en diarios y televisión sobre una nueva ideología, el Diasporismo. COMIENZO DE LA CLASE DE HISTORIA JUDÍA: En el judaísmo, y en particular en el marco del sionismo, se llama diáspora al estado de no-presencia de los judíos en la Tierra de Israel, así como a todos los territorios del mundo que no son Israel. La diáspora comenzó en el año 70 d.C., con la destrucción del Segundo Templo y la expulsión de los judíos por parte del general y futuro emperador romano Tito, y se consolidó con la expulsión de una cantidad aún mayor de judíos en 135 d.C., tras la derrota de la rebelión judía liderada por Bar Kojba. Esta expulsión dispersó a los judíos por los territorios del Imperio Romano, dando origen a la división entre sefaradíes y askenazíes. Se llama askenazíes a los judíos de origen europeo. Para el sionismo, los judíos deben abandonar la diáspora, y "volver" a la Tierra de Israel. FIN DE LA CLASE DE HISTORIA JUDÍA, volvamos a la novela. El otro Philip Roth, el que está en Jerusalén mientras el primer Philip Roth sigue en Connecticut, dice en los medios israelíes que los judíos tienen que abandonar Israel y volver a Europa. Que rodeados de enemigos, en Israel corren más peligro que en la Alemania nazi. Y que los europeos van a estar chochos de recibir a los descendientes de los judíos masacrados o exiliados de los territorios ocupados por los nazis. "¿Sabe lo que va a ocurrir en la estación de ferrocarril de Varsovia, cuando llegue el primer tren cargado de judíos? Acudirá una muchedumbre a recibirlos. Habrá júbilo. Habrá lágrimas. Gritarán: '¡Nuestros judíos vuelven a casa! ¡Nuestros judíos vuelven a casa!' El especáculo será televisado al mundo entero", dice el segundo Philip Roth. Entonces Philip Roth decide viajar a Jerusalén y desenmascarar a Philip Roth. En el medio se va a encontrar con Appelfeld, va a presenciar el juicio de John Demjanjuk, va a ser secuestrado por el Ejército de Defensa de Israel y por la Organización de Liberación de Palestina, va a leer los diarios de Leon Klinghoffer, va a desear a la mujer de su prójimo y unas cuantas cosas más. Hay MUCHOS personajes que hablan MUCHO, hay muchos momentos de reírse para afuera, hay ideas brillantes (como la del diasporismo) y mucha metaliteratura y por si no se nota, me pareció un 10.

3.
Nunca terminé lo que decía al principio: éste libro no lo toqué hasta que no lo leyó mi hermano. Teníamos un libro que era un 10, ahí nomás al alcance de la mano, y tardamos 30 años, o bien para ser justos digamos por lo menos 12 años desde el momento en que ya lo hubiera podido disfrutar como ahora. ¿Cuál es la moraleja? No hay moraleja, porque no hay tiempo para leer todos los libros del universo. En Cumpleaños, de César Aira, César Aira hace una reflexión sobre el particular pero para enterarse los remito a la reseña de Cumpleaños, de César Aira, que todavía no escribí porque es lo último que leí, estamos a mediados de agosto y este libro de Roth lo debería haber reseñado por lo menos a fin de marzo, porque lo terminé de leer en la fecha que indica el posteo, así de atrasados estamos en el staff de RESISTIRSE-ES-FUTIL. ¡Chau, hasta la próxima! ¡Adiós! ¡Vuelvan pronto!

viernes, 4 de marzo de 2016

El príncipe, de Nicolás Maquiavelo

1.
Este blog está estancado hace cuatro meses entre otras cosas por la fiaca que me da hacer esta reseña. Pero bueno, a por ello:

2.
El príncipe es un libro florentino de 1513, y lo escribió el famoso y nunca bien ponderado Niccolò di Bernardo dei Macchiavelli, también conocido por su nombre castellanizado, Nicolás Maquiavelo (1469-1527). En Florencia gobernaban los Medici, que en ese momento tenían bocha de poder porque por primera vez un papa era Medici también, León X. Maquiavelo había sido asesor político de los Medici pero éstos lo habían encarcelado, acusado de conspirar contra ellos, y el libro, dedicado a Lorenzo II de Medici, hijo de Pedro de Medici, sobrino del papa León X y nieto de Lorenzo el Magnífico, es un intento de congraciarse con sus ex-mecenas y volver al redil. Un autor, Viroli, dice que en el escritorio de Lorenzo II debían haber un montón de tratados como éste que le llegaban de otros competidores de Maquiavelo, en donde le decían cómo debía gobernar.

3.
Maquiavelo se centra en el tema de cómo mantenerse en el poder en una situación de ilegitimidad, o cómo pasar de una situación de ilegitimidad a una de legitimidad. La gente lo suele relacionar con el concepto de que "el fin justifica los medios", cuando esa frase no está en ningún lado del libro, pero algo de eso hay. Varias veces aclara que es mejor ser temido que amado, porque "Puesto que los hombres aman según su voluntad, y temen según la voluntad del príncipe, un príncipe sabio debe depender sólo de lo que es suyo y no de lo que es de otros". Pensaba hacer un resumen de cada capítulo pero por suerte descubrí que la entrada de Wikipedia es exactamente eso, así que leanlo de ahí.

4.
Al ser un best seller de todos los tiempos hay miles de ediciones y traducciones, una más trucha que la otra. También es muy popular la edición con supuestos comentarios de Napoleón, que son más apócrifos que la pindonga, ni los lean. Son todos comentarios tipo "ah, sí, yo hice eso pero mejor". Una pavada. Las ediciones baratas suelen estar traducidas como el hoyo, así que si lo tienen que leer peguen una de una editorial más o menos seria, os los recomiendo.

lunes, 29 de febrero de 2016

Budapeste, de Chico Buarque


Fui a Brasil y me compré 7 (siete) libros de autores brasileros en su idioma original. Como sé que si no los leo ahora -con el idioma presente-, no los leo más, estoy atravesando la Campaña de Conquista Brasilera (porque Resistirse es Fútil, todos serán absorbidos). Este es el libro 3 de 7.

1.
Este libro es increíble increíble increíble excelente excelente excelente. Un 10. Sé que está en castellano, editado por Siruela, seguramente muy caro, y no puedo asegurar que sea igual de bueno en español que en el original portugués porque mucha de su excelencia se sostiene en la forma en que está escrito. El amigo Francisco Buarque de Holanda, alias Chico, hace algo muy fantabuloso con las elipsis en el texto, metiéndolas en medio de párrafos o en el paso de uno al otro sin resaltarlas, deslizándolas más bien. La novela está en primera persona, en un preterito imperfecto que es casi presente continuo, y por eso cuando después de una frase entendés que hubo una elipsis en el tiempo de la historia siempre es una sorpresa bien puesta; del mismo modo los diálogos aparecen entremezclados con el discurso general que es el de José Costa (o Zsozse Kósta), el protagonista; incluso hay libros dentro del libro, y en todos los casos la transición entre capas es imperceptible y muy prolija. Es eso que yo no sé hacer y me encantaría, una de las habilidades más específicas de un escritor tipo artesano.

2.
La novela narra la historia de un escritor fantasma (ghostwriter) carioca -o sea alguien que escribe cosas que salen firmadas por otros, políticos, periodistas, escritores- quien por un vuelo cancelado pasa un día en Budapest, Hungría, y a partir de una serie de eventos inesperados -y de comportamientos anómalos- termina creandose una segunda vida en Budapest, en húngaro. En algunas cosas recuerda al escritor en portugués más importante y conocido del mundo, José Saramago, que además aparece en la solapa entre los que recomiendan el libro en estos términos tan elogiosos que parece joda -pero no es-: "Chico Buarque se atrevió a mucho, escribió cruzando un absimo sobre un alambre y llegó al otro lado. Al lado donde se encuentran los trabajos ejecutados con maestría, la del lenguaje, la de la construcción narrativa, la del simple hacer. No creo engañarme diciendo que algo nuevo aconteció en Brasil con este libro".

3.
¿No hace falta aclarar quién es Chico Buarque no? Nada más el mejor músico de MPB de todos. Si no lo conocen escuchen este tema.

4.
Dos citas. Una:
Cheguei ao Danubio tao depressa que olhei meus pes, para me assegurar de andar com eles e nao com o pensamento.
La otra:
Nao me aborrecia caminhar assim num mapa, talvez porque sempre tive a vaga sensação de ser eu tambem o mapa de uma pessoa.
Fucking Chico Buarque, lo hiciste de nuevo.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Sangue bom, de Patati, Francisco Solano Lopez y Allan Alex


Fui a Brasil y me compré 7 (siete) libros de autores brasileros en su idioma original. Como sé que si no los leo ahora -con el idioma presente-, no los leo más, estoy atravesando la Campaña de Conquista Brasilera (porque Resistirse es Fútil, todos serán absorbidos). Este es el libro 2 de 7.

1.
Este parecía que iba a ser el más fácil de leer, por ser cómic y por ser breve, pero no. Sangue bom (cuyo primer capítulo ganó un premio brasilero en 1993, y que se publicó como historia completa en 2003 según creo) (data no menor la del año 2003, mismo de la primera novela de Férrez, de la novela Cidade de Deus y de la asunción de Lula, coincidencias que uno de los comentaristas de Manual Práctico del Odio hace notar en su texto) es una historia en cinco episodios sobre una favela de Río de Janeiro y sobre sus habitantes, quienes se organizan siguiendo a un hombre cuya familia fue masacrada por equivocación y toman el poder en el barrio de manos del crimen organizado. Desde el principio, los diálogos utilizan un lenguaje favelado de hace más de veinte años, por lo que debí leer cada página un par de veces para terminar de sacar por contexto el significado de la mayoría de las palabras. Fue arduo. Pero como con todo, cuando le agarrás la mano empezás a fluir. 

2.
Los dibujos, excelentes, son del prócer argentino Francisco Solano López. Hay sexo y sangre y paisajes cariocas, personajes contradictorios y una crisis comunitaria, y debería tener más menciones en internet, pero en 2013 salió una telenovela brasilera con el mismo título y es todo lo que sale cuando googleás. Lo único que encontré es una breve reseña del propio Carlos Patati de su relación con Solano López, que vivió en Río en los '80s y '90s tras su exilio por la dictadura. No dice mucho sobre el contenido del libro: sólo una frase que Solano López le dijo a Allan Alex (quien hasta entonces dibujaba los guiones de Patati y que hizo la finalización artística de esta historieta): "Se trata de dibujar no sólo las curvas, sino los volúmenes de los personajes (...) No alcanzaba con que el lector viera que un personaje femenino estaba fuerte; tenía que ver que estaba muy fuerte!" ["Era preciso que o leitor visse não só que a personagem era gostosa, mas como era gostosa!"]. Parece que Solano López se dedicaba a producir encargos europeos o trabajos para Argentina desde su estudio brasilero, y que Sangue bom es el único libro con guión brasilero que publicó en Brasil (no así en Europa). La nota completa está acá.

3.
Re da para que este libro se publique en Argentina. No entiendo cómo no se hizo aún. También re da para que se publique por episodios en la Fierro. Sasturain, si estás ahí, oíme una cosa, te re conviene. En Brasil se compra en cualquier lado: yo lo encontré en Fnac.

http://blogdosquadrinhos.blog.uol.com.br/images/sanguebomcapa.jpg


sábado, 6 de febrero de 2016

Sobre garotos que beijam garotos, de Enrique Coimbra


Fui a Brasil y me compré 7 (siete) libros de autores brasileros en su idioma original. Como sé que si no los leo ahora -con el idioma presente-, no los leo más, estoy atravesando la Campaña de Conquista Brasilera (porque Resistirse es Fútil, todos serán absorbidos). Este es el libro 1 de 7.

1.
Lo elegí por la tapa, ¿ta? Fui al Fnac, a la sección de literatura brasilera, y como para comprar un libro de un autor que no conociera me tenía que guiar por algún otro criterio elegí el que tenía los colores de la bandera gay en el lomo. Bueno, la pegué, alto libro.

2.
Es (A.) Fácil de leer, escrito recontra coloquial, porque (B.) su prosa corresponde al mundo de la Internet 2.0, los blogs y ahora también los (C.) youtubers. Resulta que Enrique Coimbra es un youtuber brasilero autodenominado Enrique Sem H, o sea un tipo que vive de grabar videos en su habitación opinando sobre diversos temas, en general sentimentales en el caso de Enrique. Por suerte vi y escuché a Enrique Sem H después de haber terminado el libro. No me gusta cuando los escritores -o los actores que interpretan a los personajes en las películas- ocupan la imagen del personaje en mi cabeza. Enrique es mucho más lindo que el personaje que escribió. No lo busquen ahora: lean el libro y después lo ven.

3.
Cuenta la historia de amor entre un pibe gay y un hetero, o heterocurioso, o heteromaraco, que es el novio de una amiga del protagonista. También cuenta la historia de amor entre el mismo protagonista y otro chico, esta vez gay, sacado no me acuerdo si de Tinder o de Grindr. Todo muy 2.0. El libro está notablemente bien escrito -para lo que el prejuicio indicaría de un youtuber, eso también-. Por lo menos tan bien escrito como otro libro que comparte tema y tono, el del gran escritor y terrible persona Jaime Bayly, La noche es virgen (un título mucho más poético pero menos comprometido que Sobre garotos que beijam garotos).Y la trama, muy sencilla, de encuentro y desencuentro, así nomás, incluso vuelven una y otra vez a los mismos escenarios, más o menos como en Bajar es lo peor ahora que lo pienso, consigue un ritmo muy adecuado para enredarlo a uno en la trama y los altibajos emocionales de los muchachoides de la novela, a solidarizarlo con sus sentimientos y desearles lo mejor. Así todo bien romántico bien siglo XIX bien televisión y bien internet. Me gustó mucho, la pasé bien, y la leí en un toque.




martes, 2 de febrero de 2016

El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq

1.
Hace años que no leía a Michel Houellebecq, que es uno de los más capos entre los contemporáneos más capos del mundo y también es el escritor con el apellido más divertido de tipear de todos. Escribe tan bien, tan alevosamente mejor que la mayoría y aparentemente con tanta cintura económica de lenguaje y energías que bueno, que le puedo decir señora, es un placer. Es tan bueno que no importa que sea de derecha (porque tampoco es TAN de derecha, a mí me resulta tolerable). Recientemente lo vi -le dije qué hacé cómo andá- en una película: El secuestro de Michel Houellebecq, en la que actúa de sí mismo. Mucho tienen que ver las tramas de este libro y de esa película, pero de eso no quiero decir más nada porque es MUCHO MEJOR enterarte mientras la leés. La película me hizo querer más a Houellebecq. Houellebecq Houellebecq Houellebecq.


2.
Hubo un motivo por el que no leí antes El mapa y el territorio: cuando salió, mis lectores amigos y conocidos la hicieron mierda, tanto los que la habían leído y como los que no. Se decía que había empeorado, que ya no estaba bueno, casi exactamente como se dice con las bandas cuando sacan el siguiente disco al que los hizo famosos -como Babasónicos con lo que siguió a Jessico, por ejemplo, o Árbol y Guau, o Los Tipitos y ese disco que salió después de Armando Camaleón, o Bersuit y La argentinidad al palo, o la carrera solista del Indio Solari, o etc. En muchos  casos el empeore es un hecho. En este caso era sólo mala onda. El mapa y el territorio es la primera novela de Michel después de su triada de libros increíbles: Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales y Plataforma. Antes salieron uno de ensayos -El mundo como supermercado-, varios de poesía, también esa novelita mala que es Lanzarote y que no sé por qué no se la mira mucho cuando se habla de la obra de Michel. Pero El mapa era la primera señora novela en mucho tiempo, y bueno, pasó eso. Si tuviera el poder de hacer un ranking diría que El mapa no es mejor que Ampliación ni que Las partículas pero sí que Plataforma

3.
No hay forma de hacer una breve sinopsis sin spoilers por el modo en que está escrita la novela, así que renuncio a hacerlo. Sólo diré que la cronología de la historia cubre la vida entera de su protagonista, el artista Jed Martin, desde su nacimiento, a fines del siglo XX, hasta su muerte, bien entrado el siglo XXI, es decir lo que por ahora para nosotros es el futuro. Como en Las partículas (y también en Las constelaciones oscuras de Pola Oloixarac) esto hace que poco a poco una novela en principio realista -como los cuadros de Jed Martin- se convierta en una de ciencia ficción, algo que me había maravillado de Las partículas y que encuentro que Houellebecq hace muy bien. Houellebecq -les dije que me gusta tipear su apellido- usa este recurso para bajar línea, dar su opinión sobre a dónde vamos a ir a parar si tal o cual cosa sigue así en nuestro mundo real, y si tengo razón, entonces el futuro bastante bueno de El mapa -en el que Francia se reacomoda exitosamente en la economía mundial cambiando sus producciones en consonancia con "lo que dicta el mercado"- subraya el caracter derechista de Michel, o capitalista, o de espíritu capitalista muy a la Max Weber. Por ahí leí que El mapa y el territorio es una crítica al capitalismo: me pareció lo contrario. El capitalismo funciona marcadamente bien en la novela, en la que de hecho está casi excluido el conflicto social. De todos modos, el capitalismo no es el único tema de la novela, que también baja línea sobre "el arte", claro está, y que también pone en juego prácticas manieristas que son aquellas de las que creo no debemos hablar para no espoilearle nada a La Gente.

4.
Ahora al toque, cuando termine la Campaña de Conquista Brasilera voy a leer Sumisión, en la que parece que Michel hace nuevamente uso del recurso de ir del presente al futuro próximo mediante el seguimiento de una historia de vida, esta vez para ser de derecha en otro sentido, mostrando los males de una Francia islamista. Estoy seguro de que estará bueno.

jueves, 28 de enero de 2016

Las constelaciones oscuras, de Pola Oloixarac

1.
Como quizás recuerden y probablemente no, cuando en su momento de éxito y prestigio cultural y editorial leí Las teorías salvajes (Entropía, 2008) de Pola Oloixarac, atraído por reseñas superlativas de publicaciones como la Revista Ñ y el suplemento ADN, me sentí digamos que engañado: la novela me había gustado mucho (la reseña, ahora que la leo, es más positiva de lo que recordaba) pero también me había parecido un bluff, por usar una palabra extranjera en cursiva, al uso y abuso de Pola: una de esas historias que detrás de litros de referencias populares o culturosas y de tramas enrevesadas cobijan nada. Eso fue lo que sentí en ese momento: tal vez no había entendido nada y debiera leerla de nuevo (en serio, no lo descarto). Cuestión que no hubiera leído el segundo libro de Pola Caraxiolo si no fuera por Mati, que me lo prestó sin que se lo pidiera, para que le dijera mi opinión, y por Rosalba, que lo trajo a estas vacaciones y lo leyó fascinada (aunque no gustó del final). Leí Las constelaciones oscuras muñido de todo mi prejuicio, putié en voz alta por la innecesariamente hermética cantidad de referencias histórico-político-filosóficas que Pola pretende que el lector maneje (o más bien, en su afán de demostrar su indudable inteligencia, siembra a pesar de los potenciales lectores no académicos que no van a entender un choto), amén de las palabras y frases en otros idiomas (llegando a la rídicula exageración de poner a cuento de nada una palabra en caracteres cirílicos), y además, seguro de que el final no iba a estar a la altura de lo que Pola venía urdiendo (todo el tiempo temí una decepción al estilo Lost), pero resulta que me gustó. Está muy buena la novela.

2.
La novela cruza dos historias: la de Niklas Bruun, botánico del siglo XIX, y la de Cassio Brandao da Silva, hacker del presente y del futuro inmediato. En ambas tramas juega fuerte la ciencia ficción, aunque en la de Niklas la cosa es más del orden de lo fantástico lovecraftiano. Cassio va a mi primaria, el Scholem Aleijem. Hay una cuota de humor, que está más que nada en la prosa de Pola, me reí más de una vez. Por otro lado esa misma prosa, que Pola se esfuerza en llevar a la extrañeza desde la inteligencia, la conduce en ocasiones a oraciones que solamente son gramaticalmente incorrectas, o por lo menos feas (y también falló el corrector un par de veces, como suele suceder con Mondadori). La trama -de Cassio-, por momentos difícil de seguir, es muy interesante y de a ratos buenísima en sus giros. Y el final me cabió: muy redondo. 

3.
Así como están El Aleph engordado y el Martín Fierro ordenado alfabéticamente de Katchadjian (de quien Pola habla en la nota más interesante y políticamente incorrecta del affaire K.), se podría hacer como poema la lista por orden de aparición de las referencias explícitas en Las constelaciones oscuras.

4.
¿Se reconocerá Pola como una progresista de derecha, o no se dirá siquiera progresista?

5.
Hay una página en la que, para no perder la costumbre, Pola trata a Perón de nazi:
Argentina había sido la última nación en retirar el apoyo al Reich; a diferencia de Brasil, que había apostado a los Aliados, poniendo campos de concentración para japoneses en su territorio, Argentina había jugado sus fichas al nazismo hasta el final. El año 1945, inicio clásico de la era del Antropoceno, cuando los primeros escorzos nucleares entraron en juego para cambiar la faz de la Tierra, encuentra a la Argentina del lado del mal supremo, mientras Brasil afianza su amorío diplomático con Estados Unidos, la nueva patrulla mundial (...). (P. 42)
Después explica lo de los científicos nazis que recibió Argentina y que trabajaron por ejemplo en la creación del primer avión nacional, el Pulqui, y mete una nota al pie, la única de todo el libro, para mencionar a Karl Vaernet, el médico que hizo experimentos con humanos en campos de concentración nazis buscando "curar" la homosexualidad, y que tras la guerra se escondió en nuestro país bajo un nombre falso y recibió un sueldo del Ministerio de Salud de la Nación, aparentemente por hacer nada, una suerte de ñoqui nazi del peronismo, según lo demuestra la investigación expuesta en el documental El Triángulo Rosa y la cura Nazi para la homosexualidad, de Esteban Jasper y Nacho Steimberg. Pola se cuida de mencionar el tema del ñoquismo de Vaernet, como para que parezca que Perón pidió experimentos nazis. Respecto a la cita arriba expuesta, huelga decir que cuando se busca conservar una objetividad fáctica no debe utilizarse la expresión "mal supremo": además de eso, Argentina no dio nunca su apoyo explícito al nazismo, lo más que hizo -además de importar nazis después de la guerra, igual que lo hizo Estados Unidos- fue abstenerse de apoyar explícitamente a los Aliados (lo que le valió el cierre de ciertas importaciones estadounidenses a la Argentina, como ser el fílmico), lo que no parece justificar la frase de las fichas jugadas hasta el final. En fin, la discusión de siempre.

6.
Evidentemente, además de querer ser la próxima Betty Sarlo (deseo por otro lado completamente válido), Pola quiere ser Houellebecq. Las constelaciones oscuras es de alguna manera la misma novela, versión de Pola, que Las partículas elementales (lo cual está muy bien).

7.
Último agregado. A posteriori de escrita esta reseña -pero a priori de publicada- me informan por la cucaracha que Pola es una de las firmantes de la carta de intelectuales a favor de la candidatura de Mauricio Macri a la presidencia de este, nuestro confuso -por decir poco- país. La carta y los firmantes acá. Cuántos desconocidos en la carta, ¿no?. Otra pregunta: ¿Esmeralda Mitre de Loperfido es una intelectual? No estaba enterado.

miércoles, 27 de enero de 2016

El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura

1.
Después de leer y gustar tanto de Herejes, quise leer el hit de Padura, el libro por el que se había hecho mundialmente conocido, que es este, El hombre que amaba a los perros, presentado en todos los medios que hablan de libros como "una biografía novelada de Trotski". En verdad esa definición no es del todo exacta, aunque se acerca bastante a la realidad. El hombre que amaba a los perros cuenta tres historias, en montaje paralelo. Por un lado, cuenta la vida de Trotski en el exilio, desde que le llega a su reclusión en Siberia la orden de abandonar la Unión Soviética el 20 de enero de 1929, hasta su asesinato en México en 1940. Por el otro, cuenta la vida y obra del hombre que mató a Trotski, el español -o catalán- Jaime Ramón Mercader del Río, esta sí desde más o menos el vamos -desde la Guerra Civil Española en realidad, pero con suficientes flashbacks como para que conozcamos su infancia y juventud- hasta su muerte en La Habana en 1978. Y por último, pero no menos importante, cuenta la historia ficticia de Iván, escritor cubano que vive las glorias y miserias (más de estas segundas que de las primeras) de la Revolución Cubana, y que es quien en la diégesis está escribiendo el libro que uno tiene en sus manos, la historia de Ramón Mercader y de cómo su vida chocó con la de León Trotski en una casa de la ciudad de México. Todo esto que acabo de mencionar, en un coso de 765 páginas.

2.
Al igual que en Herejes, Padura, juega con lo histórico y lo ficticio, y al igual que en Herejes, me gustó más lo ficticio, que en este caso es la historia de Iván y su caída en desgracia frente al régimen revolucionario por haber escrito un cuento fuera de los cánones revolucionariamente aceptables. La historia de Ivan (que se parece un poco a la que cuenta Milan Kundera en La broma) sirve como vehículo para hablar de Cuba, más aún que la del detective Mario Conde en Herejes. Creo que, aunque es claramente un maestro en el género de la novela histórica, Padura escribe más cómodo cuando no está atado a hechos concretos de los que tiene que dar cuenta. Tanto la trama trotskista como la de Mercader se hacen pesadas en un punto. Con Trotski pasa que como móvil dramático, su lucha intelectual contra su propio exilio y contra el régimen estalinista no dan mucha intriga. Se repite todo el tiempo el patrón ánimo-desánimo: desánimo ante cada nuevo golpe exitoso del estalinismo contra Trotski o su familia o sus seguidores o contra la oposición interna en la URSS; ánimo porque sí, porque Trotski es vigoroso y siempre se recupera, hasta que hay una nueva noticia funesta sobre la URSS o sobre los trotskistas o sobre su exilio -que lo llevó a recorrer varios países de Asia, Europa y América-, y vuelta a empezar. La historia de Mercader está narrada de manera mucho más atrapante, como una novela de espías (que lo fue), con giros inesperados y todo, porque se sigue siempre al personaje de Mercader, que nunca sabía más que lo sus jefes necesitaban que supiera. El hecho de que Mercader fuera un soldado convencido -y según Padura, engañado- del estalinismo , o sea un villano que se cree justiciero, le da un espesor psicológico que también suma (Trotski, en cambio, es como el héroe caído, no tiene demasiadas contradicciones y hasta se remuerde por los crímenes de guerra cometidos durante la Revolución Rusa). De todos modos, el tener que dar cuenta de tanta información histórica por momentos vuelve densa también la sección de Mercader, y en especial todo lo que le ocurre después de cumplir su misión y hasta su muerte, que ocupa como cien páginas del final del libro, se me hizo sumamente pesado. No obstante todo lo cual, la novela es muy ágil en relación con la cantidad de data que maneja.

3.
Cuando Trotski llega a México y aparece la Khalo, a quien todos estabamos esperando, es genial. Parece que Diego Rivera era un canalla, me vengo a enterar por Padura. También me enteré que André Bretón era trotskista. 

4.
No paré de sentir pena por los personajes. Por Trotski, por Ivan, y también por Mercader. Hasta por Caridad sentí lástima. Pero sobre todo por Sylvia Ageloff, la verdadera víctima de toda la historia. Pobre Sylvia. Le re cagaron la cabeza seguro.

miércoles, 13 de enero de 2016

El Tercer Reich, de Roberto Bolaño

1.
Como decía en la reseña de La hora de la estrella, hay escritores que mejoran con cada libro. Bolaño es uno de ellos. Y El Tercer Reich es una novela de 1989, así que, en mi opinión, es una novela menor, como lo es la colindante La pista de hielo. Es como si en cada libro estuviera entrenando para el próximo: en El Tercer Reich hay cosas de La pista de hielo, por ejemplo, y como siempre también de Los detectives salvajes y de 2666 (el mundo de los juegos de estrategia y sus convenciones se parece al de los críticos literarios y las suyas, por ejemplo). 

2.
Claro está que como Bolaño es uno de los más capos del mundo, decir que la novela es menor no significa decir que no es increíble. Porque es increíble. Tiene unos climas y unas imágenes alucinantes. Está el inolvidable personaje del Quemado. Y como todo lo que el tipo escribe, no lo pude dejar de leer nada. Eso sí, las primeras novelas son más convencionales, con personajes protagónicos que crecen y aprender a vivir y esas cosas. El protagonista de El Tercer Reich es Udo Berger, que es un poco como el Hans Castorp de La montaña mágica, sólo que unos años mayor, y exitoso en su rubro. Udo llega desde su Alemania natal al hotel Del Mar en España, que es un poco como el Sanatorio Internacional Berghof en Suiza de La montaña mágica. Y como Hans, por motivos que no revelaremos Udo se va a quedar bastante más tiempo del estipulado en el hotel. Los paralelismos siguen: podríamos decir por ejemplo que el marido de Frau Else es un poco como el gran Pieter Peeperkorn, el hombre postrado y poderoso. Pero eso se me acaba de ocurrir, capaz es mucho. En fin, está buenísima. Léanla.

Meus problemas com as mulheres, de Robert Crumb


1.
En la casa de Tomer en la que paramos unos cuantos días estaba este libro, un plan ideal para "dejar de tener miedo y aprender a amar" al portugués. Lo leí en sucesivas cacas.  Claro está que Crumb es estadounidense y no escribe en portugués, pero puestos en moralistas, tampoco escribe en castellano. Fue una buena lectura y un buen entrenamiento. El libro creo que compila historietas y dibujos publicados en diferentes momentos y lugares, que hablan de, como indica el título, Crumb y sus problemas con las mujeres: sus fetiches, su vínculo con ellas desde la infancia, el odio que le tenían las feministas en su momento -el momento de los hippies y el underground-. Crumb tiene hoy 72 años y sus primeros trabajos y también los que lo hicieron famoso son de los '70s, publicaba en revistas en las que también se podían encontrar textos de Bukowski, por ejemplo. Sus libros en castellano me parecen un poquito caros y por eso no lo había leído antes, excepto por la excepción -valga la redundancia- en su carrera, que es esa adaptación del Génesis de La Biblia en historieta, reseñado acá. Muy bueno, muy rico todo.

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lunes, 4 de enero de 2016

La hora de la estrella, de Clarice Lispector

1.
No es que la acabo de descubrir (véase reseñas de Silencio), pero últimamente me curzo con Clarice en todos lados, la gente la está leyendo en este momento te diré. En un mismo día, sin ir más lejos: a) Yo estaba leyendo el libro Clarice na cabeceira, que eu comprei no Brasil; b) Me encontré un libro suyo fotocopiado en la gratiferiajipi de Puán mientras esperaba la resma de desgrabados que arruinó mi economía doméstica -es en realidad una selección de cuentos en castellano y en portugués-; c) Una amiga chaqueña que vive en Córdoba postió en una popular red social hipster que se moría por volver de su casa al trabajo (como dijo Perón en uno de sus días malos) para seguir leyendo La pasión según G. H. y d) La mencionaron en el taller literario de Dani Umpi. Por mi parte, la tenía olvidadita, pero me agarró esto de leer cosas pre-viaje a Brasil (Aguafuertes cariócas, de Roberto Arlt) y la retomé, recordé que era increíble -en realidad, esta novela me parece lo más increíble que leí de la gran y hermosa ucraniana brasilera- y me agarró por seguir, así que próximamente más Clarice en Resistirse es Fútil.

2.
La hora de la estrella es el título en la tapa de un libro que contiene una novela en cuya portada uno encuentra once títulos más (y La hora de la estrella no es el primero, sino el segundo):  La culpa es mía o La hora de la estrella o Que ella se arregle o El derecho al grito o En cuanto al futuro o Lamento de un blue o Ella no sabe gritar o Una sensación de pérdida o Silbido en el viento oscuro o Yo no puedo hacer nada o Registro de los hechos previos o Historia lacrimógena de cordel o Salida discreta por la puerta del fondo. Me gustan todos. Son increíbles. Como la novela que comienza a continuación de esa página.

3.
Yo creo que una clasificación posible entre los escritores es la de aquellos que mejoran con el tiempo y aquellos que no. Es más útil como categoría para los que mejoran, claro, porque los que no mejoran con el tiempo puede que sean de los que escriben una sola primera cosa buena y después sólo porquerías, aquellos erráticos que tienen obras mayores y menores en diferentes órdenes de secuencia, etc. Los que mejoran con el tiempo, los que mejoran libro a libro, suelen ser los que persisten en su actitud: los que de alguna forma loable escriben siempre lo mismo. En los casos de esos escritores, el último libro es el mejor. Ya lo hablamos en alguna otra reseña. Es el caso de 2666 de Bolaño, Los hermanos Karamazov de Dostoievsky, Pulp de Bukowski, y La hora de la estrella de Clarice Lispector. Leí muy poco de Clarice, y sin embargo apuesto a que es como digo, La hora de la estrella tiene que ser la mejor novela de Clarice. La maestría desarrollada en el uso de ciertos recursos que ya estaban en lo único otro que leí de ella es oficio y es resultado de una experimentación. Es obvio que no tengo elementos para sostener mi postura, pero bueno, como dijo el Diego de la gente: "con perdón de las damas...", y para no mancillar el buen nombre de este borgspot dejo el cierre de la cita a cargo de sus memorias.

4.
La hora de la estrella va de un escritor, Rodrigo S.M., que escribe una novela que se llama La hora de la estrella, sobre una mujer que se llama Macabea y nació en el Sertón. La historia es muy simple, a Macabea le pasan un par de cosas, llega del norte a Río, se hace dactilógrafa sin saber leer ni escribir, se enamora de un tipo machista y pusilánime y un par de cosas más. Pero la novela no es nada simple, es un artefacto complejo, donde la voz del escritor que sufre el trabajo de escribir a Macabea ocupa todo el espacio. Lo mejor del caso es que a pesar de lo que les cuento, es una novela atrapante, muy veloz de leerse. Está llena de capas que se perciben casi en simultáneo, es profunda y divertida y es terrible y es droga todo al mismo tiempo, y dura 80 páginas. Le pongo un montón de puntos.

5.
La edición además es de Corregidor, colección Vereda Brasil, como muchos libros de ella. Ya hablé lo suficientemente bien de esta colección y del por qué en las reseñas de Manual práctico del odio y de Poema sucio/En el vértigo del día.

viernes, 1 de enero de 2016

Hasta quitarle Panamá a los yankis (western cumbiantero), de Washington Cucurto

1.
Hacía años que no leía a W.C., a quien allá lejos y hace tiempo me aficioné cuando leí El curandero del amor (Emecé) y luego aún más cuando leí su libro de poesía reunida, 1999, que todavía se consigue por Eloísa Cartonera, esa cooperativa editorial que fabrica libros con cartón recolectado por cartoneros de la cual participa el autor que nos convoca. Para más títulos de Eloísa Cartonera reseñados por mí, clic en estas palabras azules. En una época ponían un puesto en Plaza de Mayo durante marchas como la del 24 de marzo y lo atendía el propio Cucu, pero hace tiempo que no lo veo. También hay un puesto en forma de kiosko de revistas en Corrientes, a la salida de la estación Uruguay. Tienen precios muy módicos y títulos muy buenos, como pueden ver si hacen clic en esas palabras azules.

2.
Hay un motivo para hacer incapié en el temita de la editorial en este post. Resulta que me compré Hasta quitarle Panamá a los yankis en el mencionado puesto de la mencionada Eloísa, a muy bajo costo, lo leí y me gustó MUCHO, es probablemente lo mejor que leí de Cucurto. Pero, inmediatamente luego, encontré en lo de mi hermano la edición de Emecé de la misma novela, que incluye seis cuentos de yapa. Bueno, uno de esos me gustó, hay uno más bien malo, dos que zafan y dos que me parecieron lamentables. Recomiendo denodadamente comprar la edición de Eloísa, que es mucho más linda y seguro más barata, y quedarse con el buen sabor de la mejor novela de Washington Cucurto.

3.
Hasta quitarle Panamá a los yankis es una novela escrita a la manera de un folletín. Cada capítulo (en la edición de Eloísa; porque en la de Emecé no está) comienza por un copete tipo El Quijote o El Lazarillo de Tormes, en el que un narrador en tercera persona, una especie de locutor en off de la novela, resume lo que está por venir, y luego se calla para dejar paso a la voz ultracumbiantera del protagonista, Norberto Santiago Vega, hijo de paraguayos y habitante de Constitución, que como suele ser el caso es una suerte de alterego, más heróico y más garchador, del autor, Washington Cucurto, cuyo nombre según DNI es efectivamente Santiago Vega, y no sé si Norberto también. Los lectores entonces acompañamos a Santiago Vega por sus periplos en Consti; su trabajo de repositor, sus levantes a todos y todas, y sus incursiones diarias en el Bronco, bailanta cumbiera que es
lo único peroncho que queda en este conchudo país de oligárcas y gorilas cagones, o por qué creen que estamos como estamos y existen las bailantas, las telefónicas españolas, las singaderas dominicanas, los cartoneros, Carrefour, sí, sí, por los oligárcas gorilas cagones que gobernaron este país siglos y siglos, hasta que los yanquis les metieron la mano en el bolsillo y salieron a chocar cacerolas, qué papelón, qué inmundicia, los cagan y ellos tocan cacerolas... Pero los yanquis conmigo y con la cumbia no podrán, no nos van a tocar ni un pelito, ni un tantísimo así, aprieto los pulgares, porque estoy acá pa pelear, y no vamos a parar hasta quitarles Panamá, ¡y si es posible Irak!
4.
Con la prosa más afilada que nunca -años de entrenamiento, es como el nivel super saiayín de lo que Cucurto viene haciendo desde siempre- la novela es una sucesión de encuentros entre el protagonista y distintos personajes a los que se intentará empomar, con mayor o menor éxito, salpimentado todo por diatribas sobre política, en el tono visto recién, pero con una mayor responsabilidad sobre lo que se está diciendo que en textos anteriores, o por lo menos esa fue mi impresión. Lo que más me gustó, esto sí seguro, es que  Hasta quitarle es también el relato más gay de Cucurto. Esta vuelta no sólo son mujeres el oscuro objeto del deseo de Vega sino también tipos, y no sólo eso, sino que las escenas con tipos vienen acompañadas de manifiestos bisexuales:
Dale que pateo para todos lados, juego en todas las posiciones y tiro la pelota, dale que voy re al frente, con vos y el brillo de tus ojos, hijito mío, dulce mariposa mojada por la lluvia. Dale, para mí el amor no tiene machos ni vencedores, ni culos rotos o pichas marimachas, dale, que pa mí el placer no tiene límites ni encarcelamientos. Ni devaluaciones, ni corralitos, ni ná de ná, concha sumadres.
Muy Lemebel lo de las pichas marimachas y lo de concha sumadres, ahora que lo leo de nuevo.

5.
Puse "brevemente" pero me arrepiento porque me voy a explayar también sobre los cuentos horribles de la edición de Emecé. "Flores robadas o el escritor al que nadie lee" es un cuento MALÍSIMO que tiene un mensaje, con el que estoy muy de acuerdo, que es simplemente que hay que volver a leer a Jorge Asís, escritor que fue best seller en los '80, luego funcionario del gobierno de Menem y luego divulgador antikirchnerista, lo que le valió el desprestigio absoluto entre las filas del progresismo que son probablemente las únicas filas que compran y leen novelas que no sean estadounidenses o que no vengan en sagas. En el cuento, Cucurto tiene que comprar todas las novelas de Asís de todas las librerías, y descubre una conspiración del mercado editorial, que después es otra cosa, por la que se explica que ya nadie lea a Asís. El cuento es malo, no tiene pies ni cabeza ni ritmo ni nada que justifique su existencia y posterior publicación en un libro con lomo. El contraste con la novela que acaba de terminar una página atrás es enorme. Dice Cucurto en una entrevista, sobre el cuento: "me interesa que se lea la obra de un autor que muchos lectores jóvenes no conocen; entonces pienso que este relato es una linda manera de volver a leer a un escritor que vale la pena. Después el cuento es una picaresca; nada importante". Claro, bueno, eso digo yo, entonces para qué lo publicás y me lo ponés en el camino. Ponete las pilas Cucu.

6.
Lo mismo pasa con el siguiente cuento: "El combinado de dramaturgos". Resulta que, en la vida real, sucedió que en el contexto de la Feria del Libro de Frankfurt se armó un partido de fútbol entre escritores y dramaturgos argentinos y alemanes, y no sé si la feria o el gobierno argentino les pagaron los pasajes y la estadía para que fueran a jugar. Un partido super amateur, de gente grande, entre los que estaba Cucurto. El cuento entonces es una parodia de lo que habrán sido los entrenamientos, yéndose luego por la tangente para terminar de alguna manera la historia -lo mismo que hace en el cuento anterior-. Los escritores reales que participaron del partido aparecen con seudónimos, pero hay poca intención de camuflarlos, más parece un chiste para que se sepa quiénes son. Ahora bien, pasan dos cosas. Una: todo el cuento da la impresión de que Cucurto lo escribió para mandarselo por mail a sus compañeros de equipo; está plagado de chistes internos y caracterizaciones de gente que uno no conoce y no le dice nada, y una vez más la trama es pobrísima -un poco menos pobre que en el anterior-. La otra: en el cuento hay dos personajes caracterizados como villanos, que son muy claramente Rafael Spregelbud y Bernardo Cappa. Les da tan con un caño que no me queda claro si es amigo y es un chiste, o tiene la peor mala onda hacia ellos que se pueda encontrar en el mundillo del fútbol y la literatura. La segunda opción parece mucho más plausible. Vale la pena citar de nuevo:
...apareció en las canchitas de Open Gallo, un flaquito, con un buzo de Huracán, profesor de teatro, gesticulando más de lo debido y de fútbol daba toda la sensación de ser un experto. Su nombre era Bernardo, pero comenzamos a decirle Berni Alcapone, a secas. Para expiar mi resentimiento, para limpiarme de pecados tropicales, diré que sí, que era un reverendo Silvio Astier, un tipo que nos hablaba bajito, como un gangster que estuviera amenazándonos. (...)
Llegó de la mano de su actor fetiche: Rafa Spring, al cual comenzamos a llamar Rata de Primavera, una loca de argolla (según Reinaldo Arenas) que no se animaba a confesarse, a aceptarse como tal. Hablaba alemán e italiano, tenía aires de duque, pero en el fondo era un groncho arrabalero. Mezcla de supersnob y columnista cultural en uno de los medios más importantes del país. Gozaba de un prestigio internacional sorprendente. También escribía obras de teatro malísimas en las cuales no había personajes o estaban interpretados por él mismo, hablando hasta el paroxismo. Obras que se estrenaban en los teatros más importantes de Europa y Estados Unidos. Sus columnas, llenas de sarcasmo progresista, nos hacían pensar en una prominencia al estilo holliwoodense, pero no era más que una estrellita local llena de candados. En el mundo retrógrado del teatro porteño era considerado el mejor. (...)
Por lo que pueden ver, no parece un chiste sino un simple bardeo. Es divertido que alguien odie tanto a Spregelburd, pero ta. Una vez más, la anécdota no justifica el cuento, de una pobreza narrativa supina. Cucurto dice en la entrevista de Página/12 linkeada más arriba que no sabe escribir, que escribe como le sale y un par de justificaciones como esa para explicar la pobreza de estos cuentos, pero es una mentira, después de leer Hasta quitarle Panamá a los yanquis no puede decir que no sabe escribir.

7.
El cuento que se llama "Tokono" me gustó mucho, y también bastante el titulado "María Inés". Los dos restantes tienen gesto político y una vez más Cucurto queda corrido, en un lugar raro que le queda mal: "La selva", narrado por la mujer de Tirofijo, el guerrillero de las FARC, que le habla a Cucurto, no se entiende nada. "Salida al mar" es de nuevo un chiste que no justifica el cuento escrito, aunque está simpático por lo menos. Hay dos carpas en Plaza Congreso: una de los wichí, y otra "kirchnerista"; Cucurto ayuda a una novia wichí a robar las comodidades de la carpa kirchnerista. El final cínico salva al cuento del naufragio.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Aguafuertes cariocas, de Roberto Arlt

1.
En pocos días me embarco (me enaviono) por primera vez con rumbo hacia nuestor principal socio comercial, y más específicamente para la ciudad de Río de Janeiro, ex capital federal de los Estados Unidos del Brasil. Como en otras ocasiones con otros países, me entreno leyendo literatura y viendo cinematografía oriunda o relacionada. (Cuando fui a México, leí a Carlos Fuentes; cuando fui a Berlín leí a Sebald, etc.). Por ejemplo leí el Manual Práctico del Odio, del que ya hablamos en la reseña correspondiente, y ahora también este libro de hermosa tapa, editado por Adriana Hidalgo y prestado a mí por el principal lector vivo de Roberto Arlt, el señor Manuel Embalse.

2.
Al Roberto lo mandaron de su diario El Mundo, en el año '30, a viajar y escribir sus aguafuertes desde el exterior. Como sabrán, el tipo tenía una columna, cuyos exponentes porteños están compilados en diversos cosos de Losada, Página 12, la Biblioteca Nacional, entre otros. Cuestión que este libro reúne todas las aguafuertes que mandó desde Río, en orden cronológico y casi diariamente entre el 8 de marzo y el jueves 29 de mayo de 1930. Son notas de cuatro carillas, casi siempre cómicas, algunas más serias, escritas en primera persona y dirigidas a un público al que se trata con cercanía, el lector cotidiano de Arlt en la época.

3.
La verdad, el libro es simpático, pero no pasa de una curiosidad y un entretenimiento. A mi criterio, hay una frase excepcional, que es esta:
Son felices, no leen libros, ignoran la filosofía y empacan viento.
Y después hay un par de notas para alquilar balcones, que son en especial aquellas en las que habla de los obreros argentinos en comparación con los obreros de Brasil (que él generaliza hacia todos los de América). Paso a transcribir mucho:
El obrero argentino se ha asegurado, dentro del país en que vive, un puesto no social, sino con las comodidades que aquí están reservadas para una clase social. Obrero o empleado, en nuestra ciudad suena lo mismo. Aquí no. El obrero es una cosa que viste mal, trabaja mucho y vive peor. El empleado trabaja mucho, va una o dos veces al mes al cine, en cuanto sale de su oficina se cambia de traje y hasta el día siguiente no se mueve de su casa.
Nuestro obrero es discutidor porque entiende de cuestiones proletarias. Hace huelgas, defiende rabiosamente sus derechos, estudia, bien o mal; manda a sus hijos a la escuela y quiere que su hijo sea "dotor" o que ocupe una posición social superior a la suya. Viste a la par del empleado, sobre todo el obrero joven, que es más evolucionado que el viejo. Ya lo dije... obrero... empleado... en nuestra ciudad suena lo mismo. Claro está, con la diferencia de que le obrero gana más y no lo dejan en la vía como se hace con el empleado.
En Buenos Aires estamos acostumbrados a dicho espectáculo y nos parece el más natural del mundo. Pero venga aquí, converse con personas cultas al respecto de este problema y todos, sin excepción, aún el brasilero más patriota, le dirá:
- Tiene razón. El obrero argentino está en un nivel intelectual enormemente superior al obrero brasileño.
Y de pronto usted se da cuenta de esto. Que los malos escritores, los malos periódicos, las malas obras de teatro, toda la resaca intelectual que devora el público grueso, en vez de hacerle daño al país, le hace bien. Los hijos de los que leen macanas, mañana leerán cosas mejores. Ese desecho es abono y no hay que desperdiciarlo. Sin abono, no dan las plantas hermosos frutos.
Parece que Roberto se volvió "argentinófilo" (en sus palabras) durante el viaje, al descubrir cosas como esta. Habla mucho de lo sorprendente que le resulta no encontrar bibliotecas obreras, y de lo mucho que se sorprenden los brasileños cuando les cuenta que en Argentina existía tal cosa. Y cuando digo habla mucho me refiero a que se repite, porque al ser notas de diario repite mucho los conceptos entre éstas. Otro tópico regular es el de que en Río no hay crimen, que no hay joda, que la gente se duerme a las diez de la noche y que las mujeres no corren riesgo de que se les falte el respeto. Y que las cosas son muy baratas. Fuera de eso, también hay unas cuantas notas racistas (de un racismo rancio y despampanante, con todos los tópicos del chiste racista menos los de índole sexual: los negros le parecen babuinos a Roberto, o bueyes, en la oscuridad sólo se ven los dientes, se ríen solos como imbéciles, etc.) y una nota contra las antigüedades y los museos, muy en la sintonía del futurismo fascista italiano. Ah, también está en contra de los paisajes, las montañas y esas cosas. Y también tira buenos chistes.

4.
Pasó mucha agua bajo el puente (86 años) desde ese Río de Janeiro en el que se aburrió Arlt hasta este que voy a conocer la semana que viene. Me intriga un poco ver qué de lo que me contó Roberto desde 1930 sigue fungiendo para 2016. La situación política, en principio seguro que no. Tampoco corre mucho para Argentina que digamos.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Herejes, de Leonardo Padura

1.
Una de las novelas más divertidas que leí en 2015, quizás. La primera cosa que leo del cubano Leonardo Padura, además, este escritor que hace poco ganó el premio Princesa de Asturias de las Letras y que se hizo conocido mundialmente gracias a su ladrillo-novela biográfica sobre Leon Trotsky, El  hombre que amaba a los perros. En este caso, Herejes forma parte de la serie de novelas policiales protagonizadas por el detective cubano Mario Conde, de la que Padura lleva no sé cuántos episodios escritos hace no sé cuántas décadas, parece que muchas. 

2.
Es la primera vez que leo a un cubano en general, creo. Este cubano en particular, Padura, es muy explícitamente crítico con lo que fue y es la Revolución Cubana, pero en un sentido progresista, no en un sentido común gusano cubano-maiamiense. El hecho de que Padura haya recibido el Premio Nacional de Literatura de Cuba es seguramente parte del fenómeno del deshielo que empezó con Raúl Castro en la isla.

3.
Herejes es una obra monumental porque tiene detrás una investigación muy bien documentada sobre una serie de hechos, personajes y lugares históricos de los más dispares, unidos por una trama muy bien urdida por el autor pero que en principio no hubieran tenido ninguna conexión natural. En principio, y sin spoilear nada, porque es una novela que mejor no te la spoileen, vincula la historia real del transatlántico S.S. Saint Louis, que en 1939 paseó un cargamento de judíos por los puertos del mundo (empezando por La Habana) sin que lo dejaran descargar en ninguno y terminó volviendo a la Alemania nazi, condenando a sus pasajeros a una muerte horrible en Auschwitz, vincula esa historia digo, con la emigración masiva de judíos cubanos de la isla a los Estados Unidos durante los primeros dos años de la Revolución, también con el pintor del siglo XVII Rembrandt van Rijn, con la expulsión de los judíos de la península ibérica, con los pogroms de los cosacos en Polonia, con la vida de judíos y gentiles en la Amsterdam moderna y con un par de hechos históricos más (como la vida del rabino portugués Menasseh Ben Israel, que en la vida real se dedicó a hacer lobby frente a Cromwell para que los judíos fueran readmitidos en Inglaterra tras siglos de prohibición, de quién no había sentido hablar antes). Y además, está bien escrita. Padura no es un Pérez Reverte, erudito y dinámico pero burdo; y tampoco es un Juan Villoro, semi erudito y muy literario pero no apto para mamás como la mía, que se aburrirían al segundo (estoy hablando en particular de la novela sobre las guerras cristeras, cuyo nombre no recuerdo en este momento): es erudito, dinámico como un best seller, y literato, con un estilo impecable, todo a la vez. Usa unas palabras buenísimas. Y no deja nunca de ser un policial, lo que lo vuelve sumamente atrapante. De hecho, el momento más denso es en la parte de Amsterdam, cuando se queda un pelín más de lo necesario en las cavilaciones del joven Elías Ambrosius de Ávila. Me han dicho que El hombre que amaba a los perros aburre a algunos: capaz sea porque le falta un Mario Conde. Igual la voy a leer, y les cuento.

4.
Un consejo: no miren para adelante cuando la estén leyendo, o sea no se fijen cuántas páginas faltan para terminar el capítulo o esas cosas, o háganlo lo menos posible, porque se pueden spoilear cosas escondidas en los títulos de los capítulos. Después de todo lo que ya les conté, viene otra parte más, en la que algunos elementos a mencionar son las tribus urbanas, el manga Death Note y la película Blade Runner. Es un flash. Mejor no cuento más nada.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Papá, ¿por qué no viene Cruyff? (Orlando el holandés), de Gabriel Casas

1.
Esta la hago corta, como el libro, que tiene 10 carillas más o menos. Es un cuento de un desconocido escritor, sobre un nene que en el Mundial 78 hincha por Holanda. El cuento es malo, la moraleja es obvia y el contenido sociopolítico y el futbolístico están atados entre sí con alambres. 

2.
Hay un prologo de Pablo Llonto que le da una manija inmerecida.

3.
Igual está todo bien porque sale 5 pesos. Con Eloísa Cartonera a veces la pegás y a veces te clavás.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Paniagua, de Martín Rodríguez

1.
Y hoy, en libros de poesía inrreseñables: Paniagua, de Martín Rodríguez, ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2005. Algún tiempo atrás, harán más o menos tantos años como tiene este libro, a mi amigo cuya identidad en este blog se resguarda tras el seudónimo "Paco" le gustaba leer este tipo de poesía. Martín Rodríguez, Daniel Durand, etc. Yo los leía de prestado, y también me gustaban. Lo que me pasó siempre con este tipo de poesía (me refiero a, cita random del libro, este tipo de poesía: "Talco en las venas / (carbón en las venas). Es lo mismo. Lo que no ardió y ya ardió es lo mismo. / Se unen en el cuerpo.") es que no sé qué decir sobre ella: no produzco texto. No produzco interpretación tampoco. El día que entendí que me pasaba eso también entendí que la poesía se lee (o la debo leer yo para mayor provecho de la experiencia) con una atención flotante, buscando el trance, más que la asimilación de cada frase, porque así por momentos pasa que algunas partes me entran más que otras y sucede el momento del aoh.

2.
Hay un Martín Rodríguez que escribe sobre política en el Le Monde argentino y en Panamá Revista. No logré nunca confirmar si es el mismo que el poeta. Después de todo, se llama Martín Rodríguez, que es como llamarse Juan Pérez. En google te sale el prócer y después un jugador de fútbol chileno. Yo creo que sí, que es el mismo. Me gusta mucho cómo escribe cuando escribe de política. Tiene un libro que se llama Orden y progresismo. Los años kirchneristas, que pienso leer durante este verano macrista.

3.
Si yo tuviera que presentar a Martín Rodríguez en un programa de stand up tipo el de Comedy Central diría "Ningún hombre es una isla... excepto él: con ustedes... Martín Rodríguez!" (música de comedia, entra, aplausos y risas, etc.)

4.
Volviendo a Paniagua: Me salió 30 pesos en Gambito de Alfil, porque la persona que lo leyó antes lo subrrayó todo, como si lo estuviera corrigiendo. Sospecho que se trata de una mujer, con mucho tiempo libre, y no le entiendo mucho la letra pero creo que estaba tratando de aplicar un poco de análisis freudiano amateur a su lectura. Hizo círculos alrededor de palabras como "mea", "una madre de sal", "los pedos", "tetas negras". Los dejo con una página que se ve que le resultó escandalosa a la lectora anterior: