domingo, 5 de abril de 2020

Festival, de César Aira

1.
Si yo pudiera escribir un solo libro del calibre de los de este humano, me sentiría hecho. Es realmente notable. Esta novela de 94 páginas, editada por el BAFICI en 2011 (tiene el logo amarillo en la tapa), pareciera haber nacido como un divertimento: Aira había sido jurado del festival en 2010 y entonces empezó a escribir una novela sobre un festival de cine, que no es el mencionado papifi sino un festival inventado, en una ciudad inventada de un país innominado, con puntos de contacto con el papifi. Se trata de Perla, la programadora del festival, que arma la restrospectiva de un cineasta belga salido del cine de clase B que hace películas de ciencia ficción con escenografías de pacotilla, y de Steryx, el mentado cineasta (cuyo nombre es casi Ásterix, ahora que lo veo) invitado que además presidirá el jurado, y que para sorpresa de todxs llega al festival con su anciana madre del brazo. Todos los periplos del libro salen de este escollo, la anciana madre, que es anciana hasta el límite de lo posible y que debe ir a todos lados con el hijo. Es admirable lo exasperarte que puede ser este personaje, que parece salido de una novela de Roald Dahl. Qué me sorprende de Aira: que pareciera que se sienta y escribe nomás, y le salen estas cosas con trama, personajes, coherencia, y que sin blancos activos cambia de escena con la fluidez del correr de un conejo y se viene toda la nieve y te tapa. Y que encima te mete cosas como esta, en la novelita que sacó para el papifi:

A una pregunta en ese sentido había respondido que la Historia no por lineal dejaba de tener un volumen en el que todo podía verse al mismo tiempo, aunque no sucediera al mismo tiempo. A la Humanidad del futuro sólo le había quedado, de todos los tesoros amasados en el Pasado, la presencia, nada más que su presencia en medio de un Cosmos infinito. No era que hubieran perdido todo por su culpa, sino por el mero paso del tiempo, que inevitablemente agotaba las cosas. De modo que la presencia se había vuelto el bien más precioso de la Humanidad, y lo atesoraba con un ansia que podía llegar a la ferocidad. Por eso, cada lugar (cada punto del Universo) en el que no estaban se les presentaba como una amenaza: en él podía estar sucediendo la justificación y salvación que tan en vano habían querido conseguir mediante la pérdida o renuncia de todo lo demás. Y no porque creyeran que en ese lugar, cercano o remoto, generalmente remotísimo, fuera a pasar algo importante. La categoría de importante, en esa etapa de la historia del Hombre, ya había perdido pertinencia. En toda ocasión, en tanto ocasión, el Hombre debía estar presente, porque si se perdiera una sola se abriría un agujero, literalmente, un agujero en el espacio tiempo (...) que después sería imposible de llenar. (p. 60)

jueves, 2 de abril de 2020

Olor a pasto recién cortado, de Facundo R. Soto

1.
Es un librito, muy cortito, que el autor autoeditó en 2011. Justo hace poco leí ¡Vivan los putos!, compilado por este mismo autor y que incluye un cuento suyo. Me gustó más ese cuento que esta breve novela. 

2.
En esta novela, el protagonista juega al fútbol con otros varones homosexuales, y en cada entrenamiento se reencuentra con "9", un joven muy jovencísimo, que vive con su madre lesbiana y que sólo quiere fumar porro y chupar pijas, en términos de la propia novela. El protagonista es una especie de Watson, a quien "9" le refiere sus aventuras amorosas y sus dificultades laborales, mientras entre ellos se sostiene cierta tensión sexual plantada en el primer capítulo. Hay algunas líneas interesantes, y la novela podría ser mejor de haber estado más macerada, me parece: las tres líneas que conducen el relato con cierta gracia, se resuelven todas juntas y a las apuradas en el capítulo final, pero por como venía la mano me hubiera sorprendido lo contrario. Entiendo que esta es la primera novela de Soto, entiendo que publicó muchas más y supongo que habrán ido mejorando con el paso de los títulos.

miércoles, 1 de abril de 2020

A dirty job, by Christopher Moore

1.
Este me lo prestó Arik por motu propio, así, en inglés y con 400 páginas. Pensé que era improbable que lo leyera, pero heme aquí, lo terminé. Tardé, pero más porque me interrumpió Grossman que por otra cosa. Lo leí bastante drogadependientemente. 

2.
Christopher Moore es un escritor yanqui de fantasía cómica, medio bestsellerudo, con muchos títulos en su haber, bastante en la línea de Douglas Adams o Kurt Vonnegut. No lo conocía de nada, la verdad. Está traducido al español y bastante publicado, pero igual ocupaba un lugar en mi basta ignorancia. Este libro trata de Charlie Asher, un macho beta (Beta Male), que tiene una hija y enviuda, todo al mismo tiempo. Lo de macho beta corre por cuenta del Cristofer, no mía: hay todo un desarrollo del concepto de macho beta (o sea el que no es alfa), bastante gracioso, un poco incorrecto, llevado hasta el máximo de tener un test al final del libro para saber si uno (o el novio de una, así medio binario pero ta) es un macho beta. Decía que Charlie enviuda, pero las circunstancias son particulares: al entrar a la habitación de hospital en la que su esposa descansa tras el parto, ocserva junto a su cama a un negro alto de traje verde, que se está llevando un CD. El negro desaparece, y la señora fenece. Charlie se queda como loco, pobre, imaginate. Y el sujeto afroamericano no aparece en los videos de seguridad, parece que Charlie la flasheó. Como si esto fuera poco, a Charlie se le empieza a morir todo el mundo en la cara: transeúntes, clientes. Eventualmente, llega un libro por correo: se titula The Great Big Book of Death, y empieza diciendo: "Así que ahora eres la muerte, esto es lo que tienes que saber:"

3.
Después hay toda una mitología apócrifa de Death Merchants, cuyo deber es recoger los Soul Vessels (recipientes que pueden ser desde una prenda de ropa hasta cualquier objeto) en los que se llevan las almas de los muertos para encontrarles un nuevo usuario, vendiendo el objeto en sus tiendas de segunda mano (¿que serían como una suerte de ferias americanas?). También hay una triada de deidades celtas de la muerte, unas quimeras vestidas con ropa del siglo XIX y otros asuntos de similar talante. En fin, todo así medio Harry Potter pero yanqui y chistoso. Muy chistoso, me reí en voz alta en una caterva de ocasiones. Al finalizar el libro (que es de 2006) encuentro en la Internet que hay una secuela, Almas de segunda mano, que si algún día encuentro, leeré, y si no, no.


viernes, 20 de marzo de 2020

Romance de la Negra Rubia, de Gabriela Cabezón Cámara

1.
Es muy bueno ser brillante repitiéndose. Este libro es brillante. Y a la vez lo primero que pensé cuando lo estaba arrancando a leer fue que era igual a La Virgen Cabeza: hay una mujer, marginal, que se vuelve santa y lidera a lxs marginales contra la sociedad toda. Hay una relación amorosa entre esa mujer y otra mujer de otra clase social. Todo lo que acabo de decir podría ser el resumen argumental de cualquiera de las dos novelas: pero son distintas. La otra no me pareció la gran cosa, esta sí. 

2.
Les cuento el principio: Gabi, la protagonista y narradora, se prende fuego a lo bonzo para protestar por el intento de desalojo de un edificio ocupado en el que viven artistas y bohemios. Milagrosamente, no muere; entonces se vuelve mártir, una mártir viva. 

3.
Lo muy curiosísimo a nivel estructura narrativa de la cosa ésta, es que se diría que ese acto que es el principio del relato es también el nudo, el conflicto: después no pasa más nada, en el sentido del relato clásico. Pasan cosas, muchas cosas, pero todo fluye en la vida de Gabi y no tiene nunca más un contratiempo, hasta el límite de lo posible en el universo de esta novela. Curiosísimo entonces decía porque une se engancha y lee lee pero qué está leyendo me pregunto yo? La vida inmaculada de la Negra Rubia. 

4.
Y volviendo a la comparación, me parece que con algunos elementos básicos similares, lo que cambia de una novela a otra es el tema (además de, claro, los personajes, lo que pasa, bla bla bla). En La Virgen Cabeza ya no me acuerdo cuál era el tema, la leí hace mucho un primero de enero: creo que los hijos muertos. En Romance de la Negra Rubia el tema es muy explicitamente el sacrificio, como lo termina de confirmar una suerte de ensayo sobre el susodicho, que es lo mejor del libro (vale leerlo suelto) y que funciona como coda, después del epílogo.

5.
Y por último (sobre esto tengo menos capacidad de opinión que sobre lo ya impunemente opinado), es muy hermoso y asombroso (cómo hizo, cómo se hace eso) el ritmo de la novela, que está escrita como si fuera a ser leída en voz alta, como si rimara (pero no rima), con una fluidez de catarata. Hago una muy rápida e irresponsable investigación en wikipedia y supongo que la novela es un "Romance" según esta acepción del término. ¿Estudió Cabezón Cámara Letras en la UBA?  ¿Sueñan las pulgas con comprarse un perro? ¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas?

6.
Romance de la Negra Rubia es una muy corta nouvelle, setenta y seis páginas en total, y se consigue en kioscos en estos tiempos de coronavirus, cuarentena y confusión, si la inflación no hizo su labor, por doscientos noventa pesos argentinos.

martes, 10 de marzo de 2020

¡Vivan los putos!: primera antología de literatura trash, de Facundo R. Soto (comp.)

1.
Según el compilador y prologuista Facu R. Soto, "el género trash rompe con el concepto de familia judeocristiana y su heteronorma": ese es el criterio con el cual están reunidos los cuentos y poemas de este libro, editado en dos tomos por Eloísa Cartonera en el año 2013 y que devoré en tres días tras tardar mes y medio en el de Grossman que precede esta reseña.

2.
Hay dos cuentos que ya había leído en sus respectivos libros de origen (Bejerman y Pérez), trece cuentos de putos, dos cuentos de tortas (uno es el de Bejerman, "Esa troncha trenza de cana"), un cuento sobre una chica trans, algunas violaciones, un poco de humor y un poco de pena. Me gustaron mucho el cuento de Diego Trerotola (que también hizo el dibujo de la portada), de quien no había leído ficción nunca jamás en la vida hasta ahora, el de Gael Policano Rossi, que me parece alto escritor y lo confirma cada vez de nuevo, y el de Martín Villagarcía, "El ruso", quizás el que más me calentó y perturbó a un tiempo. Porque se trata de skinheads. Skinheads neonazis. Buen cuento. 

3.
También estuvo bueno leer a Gustavo Escanlar, uruguayo re trash ya fallecido del que no había sentido ni el nombre (los cuentos son "Contestador automático", excelente; "El baño del control", olvidable; "Grone", otro perturbador y que me hizo pensar en "El niño proletario" de Lamborghini). Googleo y descubro que Fuguet sacó un libro sobre la vida de este señor. Quiero leer más.

4.
Otra mención que quiero hacer en esta entrega de diplomas es para el cuento de Germán Weissi, "A cien mil watts", escrito así medio a ritmo de slam, que en una parte dice que
no te gustan ex tumberos ni cumbiancheros que se agujerean la cara con cualquier clavo oxidado o se tatúan en el pecho mamá los redondos xeneize pasión Jesús te parece de negro decirle coca a la merca tus amigas drag queens con extensiones y corsets a lo maría antonieta son más sofisticadas y la llaman rapé esta noche vas free pass drinks a un show de dani umpi en Niceto adentro bailás y das soporte físico a tus amigos virtuales todas mariconas alcoholéxicas descalificadoras se burlan de tu aliento a pizza y olor a chivo hace algunos años todos los de esta noche no eran tus amigos no venían a esta fiesta a bailar electropop estos fashion eran grasas eran fans de ricky martin a la merca le decían maría y en bariloche copiaban el pasito de baile estúpido de todo el resto
Está bueno, ¿no?

5.
Sigo entregando galardones. A Facundo Soto, compilador del tomo, tampoco lo había leído nunca, y eso que es un prolífico escritor de literatura homosexual. Su cuento "Esperma" está muy pero muy bien también. O sea, el nivel de todo el libro es muy arriba. Quizás los que menos me hayan gustado hayan sido Glauco Matosso, un brasilero bastante nasty que habla de fetichistas de los pies sucios y que me hace acordar un poco a Copi y otro poco a Cucurto (quien además lo menciona en unos de los poemas que aparecen en esta misma compilación) y el cuento que abre el libro, "Rojaijú", de Peter Pank, que me parecía muy adolescente en su planteo y en su escritura pero que igual mientras lo leía me fue convenciendo. 

domingo, 8 de marzo de 2020

La vida entera, de David Grossman

1.
Lo primero que voy a decir es que esta es una obra magna, una de esas novelas que es como un edificio construido por un sólo sujeto y por ende admirable, asombroso que un tipo haya sido capaz de crear, de escribir una cosa así. No lo digo por lo larga, aunque la extensión es parte de la proeza, pero hay novelas largas cuya longitud sólo nos habla de la facilidad que tiene quien escribe para poner una cosa ocurrente después de la otra (por ejemplo Stephen King). Esta novela es larga (800 páginas) y ardua (la leí en un mes y medio) pero también es conmovedora, inteligente, graciosa, y muy terriblemente humana. Grossman dio vida a un personaje: Ora está viva. Pocas veces vi ese nivel de profundidad. La novela en buena medida trata sobre la maternidad, y es prodigioso que un tipo (un varón cis) haya podido meterse en la piel de una madre de esa manera (y esto lo digo después de hablarlo durante varias clases con muchas muchas señoras que vivieron la experiencia de maternar). El otro gran personaje de la novela, Abram (sin h), no llega a tener el nivel de existencia real que tiene Ora, que casi te diría que está en 3D.

2.
La vida entera es el título en castellano de אשה בורחת מבשורה, o sea "Ishá Borajat MiBzora", o sea "Una mujer huye de un mensaje", que en inglés recibió un tercer título, To the End of the Land. Yo me imagino que Grossman estuvo involucrado en la elección de los títulos no hebreos, porque los tres hacen alusión a aspectos principales de la novela. El núcleo de la historia, el conflicto -en términos dramáticos-, se puede resumir así: Ora, una mujer de mediana edad, espera ansiosa que su hijo menor termine el servicio militar. Tiene preparadas dos mochilas, porque planeó salir con él a recorrer el Sendero Nacional Israelí, un camino que cruza el país de norte a sur (Hasta el final del país) y que atraviesa campo, montañas y playas, como forma de celebrar el fin de su suplicio, el fin de la "nacionalización" de sus hijos por parte del Estado. Llega el día, vuelve Ofer, pero en lugar de sumarse al programa de su madre, se enlista nuevamente en el Ejército y se ofrece voluntario para ir a reprimir la Segunda Intifada en los Territorios Ocupados. Ora no puede más. Siguiendo un orden supersticioso más que lógico, decide que si se queda en su casa le pueden notificar la muerte de su hijo, pero que si ella no está, no la podrían notificar, y que si el mensaje no le llega su hijo no se puede morir (Una mujer huye de un mensaje). Así que agarra las mochilas y se va a recorrer el país, a pie. En el camino levanta -y casi secuestra- a un viejo amigo al que no ve hace años y lo suma al recorrido. Como parte del ritual exorcista, además, decide que tiene que hablar sin parar de Ofer, de la vida de Ofer, así que a este amigo es a quien le cuenta La vida entera.

3.
A todo esto se le suman unos buenos saltos temporales: el presente de la narración del primer capítulo, las primeras cien páginas, es en el mes de junio de 1967. El país (que es Israel, ¿ya les dije?) está atravesando la Guerra de los Seis Días, y nuestros personajes, que en ese momento tienen 16 años, se conocen en un hospital. Ora, Abram e Ilan están en cuarentena -curiosa coincidencia con el tiempo en que di clases sobre este libro- por un brote que imagino será de disentería, ellos tres solos en un hospital que estuvo lleno y en el que son los únicos que quedan, junto con una enfermera árabe que llora fuera de campo. Ese capítulo solo ya sería alto libro. El manejo de la narración casi cinematográfica, audiovisual, con el lugar a oscuras que de pronto se ilumina y el lugar del sonido, impresionante. Y luego, salto temporal, nos encontramos con Ora en 2003, con 50 y pocos años, y todo lo que ya conté arriba, que pasa a ser el presente de la narración; pero a través del relato de Ora, y de sus recuerdos, y de un narrador omnisciente focalizado, volvemos una y otra vez al pasado, a todo lo que pasó entre ese hospital de Jerusalén en el '67 y este paseo angustiante de principios del siglo XXI, y en especial al año '73 y la Guerra de Iom Kipur, durante la cual los tres adolescentes del comienzo hacen su servicio militar. 

4.
Y además de los saltos temporales y de Ofer en el ejército (y el mensaje del que hay que huir), el otro elemento que construye la trama es el del triángulo amoroso, el rebuscadísimo pero verosímil triángulo que durante décadas entrelaza las vidas de Ora, Abram e Ilan, los adolescentes que se conocieron en 1967. Está tan bien todo, que las peripecias melodramáticas de la historia, que en abstracto parecerían de tragedia griega, funcionan a la perfección. 

5.
Tendría mucho más que agregar pero no lo haré. Solo mencionar que David Grossman -que por un lado es Ora y por el otro es Abram- perdió un hijo en la segunda Guerra del Líbano, la de 2006, mientras terminaba de escribir esta novela que en parte escribía para conjurar la posibilidad de que eso ocurriera. El epílogo habla de eso muy sucintamente, y la frase final de ese epílogo me hizo llorar mientras la leía, y de nuevo mientras se la leía en voz alta a otro humano. Dice Gorssman que "tras los siete días del duelo volví al libro, que ya estaba escrito en su mayor parte. Lo que más cambió fue la caja de resonancia de la realidad en la que fue revisada la versión definitiva". Es súper interesante la postura política de Grossman con respecto al conflicto palestino-israelí, y conmovedor este discurso que pronunció en el acto paralelo de Iom Hazikarón en 2018, cuando se cumplían 70 años de la creación del Estado de Israel, de la Guerra de la Independencia y de la Nakba. 

jueves, 16 de enero de 2020

Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enriquez

1.
Me compré una edición que dice en su portada que no tiene valor comercial porque pertenece a una escuela del Ministerio de Educación. Recórcholis. Encima me la compré en una feria anarquista. Soy boludo o qué.

2.
Mariana Enriquez, ya hablamos de cuánto la amamos en reseñas pasadas, voy camino de leer todos sus libros. Este es el tercero que sacó, después de Bajar es lo peor y de Cómo desaparecer completamente, y es el primero de cuentos de terror, hermano mayor del mega hit Las cosas que perdimos en el fuego, que por cierto ha sido liberado en esta cuarentena por su editorial Anagrama, corran a descargarlo en su kindle amigo. Los peligros de fumar en la cama es un libro de 2009, que contiene 12 cuentos terroríficos. Lo leí en un par de días en la estancia de Magda, bastante aislado, a veces de noche, con tormenta eléctrica, apagón y luz de vela, me cagué en las patas.

3.
Leer los cuentos de terror de la Enriquez a los 33 es un poco como leer los cuentos de terror de la Bornemann a los 12. Hay pocas autoras así. Quizás por esa remisión a la experiencia pre-adolescente sea que me (nos) gusta tanto la Enriquez. Aguante Socorro 10

4.
Hay un cuento que lleva el título del tomo, que nuevamente no es mi favorito, pero está muy bien como todos los del libro. Mis favoritos probablemente hayan sido "El carrito" (horror social), "Ni cumpleaños ni bautismos" (horror audiovisual) y "Chicos que faltan" (superproducción). "Rambla Triste", ambientado en Barcelona, es espectacular, y también me encantó "El aljibe", el de la curandera correntina: desolador. 

5.
La Enriquez sacó un libro hace poco, una novela de muchos cientos de páginas, que pronto será mía. Muy pronto. 

miércoles, 15 de enero de 2020

Cuatro obras, de Piel de Lava

1.
Hace muchos años vimos con Mariano la obra Tren, en ese teatro de Venezuela y la que allá ya no se llama Billinghurst. Una obra súper increible en la que las cuatro actrices del grupo hacían varios personajes cada una, mujeres que viajaban sobre rieles a un encuentro evangélico en no sé dónde. La escenografía eran los camarotes de un vagón de tren (un camarote, en realidad, que hacía de varios apagón mediante) y una pantalla que hacía de ventana y por la que corría el paisaje pampeano. Construída en escenas, las primeras correspondían al antes del encuentro, y la última al después, y en el vagón final de la escena final se mezclaban personajes de las escenas iniciales. Fue una de las mejores obras que vi, ever. Ellas (Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa -PiEl de LaVa-) son muy capas, y de ahí en más traté de ver todo lo que han hecho. Este tomo publicado por Entropía incluye las cuatro primeras obras que hicieron: Colores Primarios -quizás la más común de todas, muy emparentable con otras obras del teatro independiente porteño tanto en tema como en estructura*, Tren y Museo. Falta el hit del momento, Petróleo, un obrón que si no vieron les recomiendo que no se pierdan -post cuarentena-, apta tanto para esnobs como para abuelas. Volviendo al libro, las cuatro obras son muy buenas, los textos garpan, me cagué de risa, y la pasé re bien. Y sobre todo estuvo bueno leer las que ya no voy a ver por eso de lo efímero del teatro y bla.

* No sé si se dieron cuenta pero hay una estructura que se suele repetir en las obras de directores como Kartún, Cappa, Ajaka, y otros, que también se da en algunas de las de Piel de Lava: presentación del mundo, conflicto, MOMENTO ONÍRICO ORGIÁSTICO -muchas veces implica máscaras y estupefacientes, cambia la luz, aparece la música- final)-, Neblina (la primera en la que actúan las cuatro, incluye coreo, qué mal que no la vi)

Bolivia + Perú, de Gonzalo María Beladrich

1.
Son dos novelas. La primera, Bolivia, junto con su prólogo a cargo del mejor uruguayo -Dani Umpi-, se publicó originalmente en 2008 por editorial Tierra del Sur. La segunda, Perú, se publica por primera vez en esta edición de Saraza, junto con el epílogo del buen chileno Alberto Fuguet (no sé si el mejor, diría que lo facho le resta varios puntos, aunque lo puto le suma otros tantos). Bolivia y Perú tienen dos elementos en común: el formato de diario de viaje, y el personaje protagonista, que pareciera ser el mismo, aunque no podríamos estar seguros si no fuera por el hilo conductor que ofrece Alberto Fuguet.

2.
Son dos novelas pero vamos a considerarlas como pieza única, y como pieza única Bolivia + Perú funciona como una construcción colectiva y de capas: el prólogo de Dani Umpi le confiere un sentido previo a Bolivia, y los hechos narrados en Bolivia le confieren a su vez sus presets a Perú, que sin embargo podría parecer una pieza incompleta si no fuera sucedida por el epílogo de Fuguet. Si algo tiene de magistral la intervención de Fuguet, más que la prosa, es el prestarse al juego que propone Beladrich, y subir la apuesta. El epílogo termina de hilar Bolivia con Perú y redobla el tenor del par realidad/ficción, porque justifica la decisión a priori arbitraria del formato epistolar de la segunda novela (los capítulos o entradas suelen empezar con el apelativo "Alberto," que sobra, y buscan por momentos una segunda persona que parece innecesaria: incluso si las entradas realmente fueran mails enviados a Fuguet, hubiera parecido una mejor decisión eliminar el destinatario). Fuguet se toma la libertad de agregar hechos no narrados a la novela, a las dos novelas, y decía que hasta el hilado de una con la otra se da sólo gracias a que en el epílogo Fuguet establezca que el personaje que en la primera conoce al director chileno en La Paz (en Bolivia en Bolivia), sea el mismo que en la segunda se mailea con él (y también se toma la libertad de ponerle nombre: el nombre del autor).

3.
Gonzalo María me contó que una vez, cuando trabajaba en Yenny, le dijo a una compañera de trabajo que se tenía que ir al cumple de su papá. Y ella, indignada, "¿Cómo que al cumpleaños de tu papá? ¿No sé murió tu papá?". Ella había leído Bolivia en modo literal. 

4.
Otra característica de estas novelas es que tanto Bolivia como Perú están intervenidas por un segundo modo textual, el de las crónicas periodísticas que el personaje escribe y envía a una revista porteña, y que en el mundo real fuera del libro fueron efectivamente publicadas en medios como la Revista Mu o el sitio de la Agencia Paco Urondo. La más linda es la que Gonzalo María también publicó como fanzine, El conquistador de lo inútil, una crónica que habla de Iquitos y de su encuentro con Huerequeque, el actor peruano de la película Fitzcarraldo de Werner Herzog.

5.
Me estaría faltando todo lo que sería una sinopsis, ¿no? Bolivia es un diario de viaje ficcional. Comienza en Buenos Aires, en un tiempo pasado con CDs y diskmans y cybers y Roma de Aristarain en el cine, y sigue, mochila al hombro, por el norte argentino y por Bolivia hasta el lago Titicaca, un viaje que muchos hicimos y con el que me fue muy posible identificarme. El personaje, innominado, renuncia a su trabajo y se va por tiempo indeterminado, conoce mujeres amigables y varones ambiguos, lugares turísticos y sitios históricos, y tiene algunos encuentros sexuales pero menos de los que éste escriba esperaba. Perú, por su parte, es otro diario de viaje ficcional, pero cada entrada de diario es a la vez un mail, destinado al escritor chileno Alberto Fuguet. En esta otra novela, el personaje parece más arisco -le pasaron cosas-. A la vez, coge más (B''H). Todo el conjunto se lee muy rápido y fluido, de los paratextos ya hablé bastante, cómprenlo, léanlo, saluditos.




domingo, 12 de enero de 2020

Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers

1.
Mi lesbiana favorita (de mediados del XX, de las de ahora es la Loba chicxs), mi escritora favorita de la colección Club Bruguera, Carson corazón, acá tenés lxs pibxs para la liberación.

2.
Hace tres añitos leí El corazón es un cazador solitario, ópera prima, masterpiece, long seller, pluscuamperfecta como se observa en mi apasionada reseña de ese entonces. Dije en ese momento que la novela del año 2017 era de 1940, y sí, la verdad que sí, repaso lo que leí ese año y ningún otro libro le llega a los talones. Este que leí ahora, Reflections in a golden eye en el título original, es su novela siguiente, de 1941, y empieza así:
Hay una base en el Sur donde hace pocos años se cometió un asesinato. Los personajes de esta tragedia fueron: dos oficiales, un soldado, dos mujeres, un filipino y un caballo.
Sí, ya sé, parece la famosa placa de crónica, pero banquen con el progresismo un toque que el libro es de 1941, Carson es sureña, y el libro es mucho más progre de lo que parece a primera vista.

3.
La novela está dedicada a Annemarie Schwarzenbach, una cronista suiza que Carson acababa de conocer cuando terminó la novela, y de quien parece que se enamoró perdidamente, sin reciprocidad. Carson, recordemos, tenía 23 años. Según mis cálculos la suiza tenía 10 más. A todo esto, haber escrito esas dos novelas antes de los 23, qué ídola.

4.
Como dice la sinopsis escrita por alguien en los cuarteles centrales de Bruguera en 1980, la novela "trata el siempre difícil y polémico tema de la homosexualidad". Es cierto, hay uno que es puto, un capitán, muy en el clóset, inclinado a la autolaceración para reprimir sus impulsos homosexuales. Pero no diría que es una novela sobre la homosexualidad. Los seis personajes mencionados (el caballo no cuenta) tienen sus propios recorridos, sus miserias bien miserables, todas ocasionadas por vivir en una sociedad conservadora y represiva, machista, racista e hija de yuta. O en realidad, me corrijo, cinco tienen padeceres sociales, y el sexto es un psicópata, pero como Carson nos cuenta esto en un momento que a ella le parece que es el propicio, yo no voy a andar espoiléandole el laburo que tanto le costó. Vayan y averigüen cuál es el psicópata. 

5.
Es muy buena esta mujer. Hace algo con la construcción del relato que logra enfocar en distintos momentos a cinco personajes que resultan igual de protagonistas, igual de importantes para la trama, pero que en realidad no saben para nada las mismas cosas, no ven ni oyen las mismas cosas, cada uno está en la suya pero todo se conecta con todo y lo magistral es que Carson NO CORTA, logra una suerte de plano secuencia literario donde lxs lectorxs venimos con uno, en una, y de golpe nos vamos con otro, cruzamos la calle y nos vamos a la otra casa y por eso digo que el libro es droga, lo leí en dos días (estoy de vacaciones, pero igual, 217 páginas) y me pareció impresionante.

6.
Carson baja línea, claro, pero no mucho desde el narrador. Este es un momento en que sí, por ejemplo:
Hay ocasiones en que la mayor necesidad de un hombre es tener a quien amar, un punto en el que centrar sus emociones difusas. También hay oportunidades en que las iras, frustraciones y temores de nuestra vida, inquietos como espermatozoides, deben ser expulsados en forma de odio. El infeliz capitán no tenía a quien odiar y durante los últimos meses se sentía desgraciado.
"Inquietos como espermatozoides", qué linda comparación.

viernes, 10 de enero de 2020

La conquista, Iris y Construcción, de Sergio Bizzio

1.
Este me lo regaló Ampi con una hermosa dedicatoria. Son tres cuentos, los tres del título, aunque en otro orden. "La conquista" es un cuento chino, que transcurre en china, con personajes chinos y magia china. Muy Aira. "Construcción", el segundo, transcurre en Paraguay, aunque los personajes no sé si serán paraguayos, y magia no hay. Muy Levrero (onda "El sótano"). El tercero se llama "Iris", transcurre en la República Argentina aunque no sabemos bien dónde, y es muy argentino. Tampoco hay magia. Aunque sí hay chinos. Este último no me hizo pensar en ningún otro autor, aunque también es muy Aira y un poco Levrero. La letra es ridículamente grande. Los tres cuentos están muy bien, el conjunto fue leído en dos sentadas, ningún animal fue herido en la redacción de esta reseña.

jueves, 9 de enero de 2020

Otra vez me alejo, de Luis Othoniel Rosa

1.
Publicado por Entropía hace unos cuantos años, este libro hace juego con otro de la misma editorial, y arriesgo sin fijarme, de la misma época, Las teorías salvajes de Pola Oloixarac. Uno en Puan, otro en Princeton (vaya diferencia), ambos incluyen conspiranoia y academia y amor romántico. El de Pola me gustó más.

2.
En nueve capítulos titulados "alejamientos" (del primero al noveno), el protagonista, homónimo del autor, cuenta la historia de su amigo y roomate Alfred Dust (Alfredo Polvo), de su amor (del de ambos) por Trilcinea, una mujer puertoriqueña de dudosa existencia, de su antepasado pirata, del Guano Islands Act (que permite que cualquier estadounidense declare suelo estadounidense cualquier cosa con guano encima, es decir, caca de gaviota), del tráfico de marihuana en la universidad y de los problemas de la ficción. Tiene algunas frases de antología, y se deja leer (aunque algún capítulo pretendidamente ingenioso se me hizo cuesta arriba), pero no me voló la peluca, me la dejó en su lugar. Vale decir que Luis Othoniel Rosa (Puerto Rico, 1985) publicó esta novela con escasos 27 años. Vale decirlo así que lo digo.

martes, 7 de enero de 2020

Los grandes proyectos, de Fernanda Laguna

1.
Este libro de poesía me acompañó
en el tránsito del 19 al 20.

2.
Me encantó el libro, que reúne en su interior otros libros (los poemarios de Laguna: creo que el último, Control o no control, sólo parcialmente). Me ampararé en mi regla autodecretada de que puedo no reseñar los que son de poesía, para dar por concluida esta reseña. Lo de abajo es una cita.

3.
Cuando pienso en el amor
me imagino una isla segura preparada para hacer pruebas peligrosas
me imagino la estructura metálica que sostiene a un cohete
me imagino 150 personas monitoreando
que todo salga bien.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Esto que me pasó no lo había sentido nunca, de David Nahón

1.
Me compré este porque me gustó el otro, y además así engroso mi nuevo fetichismo por Pánico el Pánico. Lo terminé de leer hoy a la tarde en la guardia del Güemes: 26 de diciembre, calor, MUCHA GENTE, un nene que lloró los cuarenta minutos que estuve esperando, yo creo que enviciado nomás. Me pareció un marco propicio para esta mini novela que tiene algo de hospitalario, los puntos de sutura de la tapa, el episodio del perro que muerde a la novia y le arranca un cacho de pierna al comienzo del asunto. 

2.
Además del episodio del perro, hay un vaivén temporal, hay un prosa poética, algunos mails, una segunda persona del singular a la que el protagonista se dirige y un final súper climático y bien construido. Me re gustó, le voy a seguir siguiendo el rastro a este autor.

martes, 24 de diciembre de 2019

Shinigami: la velocidad del espíritu, de Franco Calluso

1.
Leí cuatro obras de Franco, y vi dos, muchas funciones de cada una, un poco por fan (soy re fan de Franco, lo voy a decir un par de veces en esta reseña) y un poco porque tuve la suerte o el ojete de ser productor de sala en una de las mismas. Aún habiendo visto dos (Nena dragón, pisa tejas por amor y Ruido blanco), la pregunta que más pensé, leyendo obras como Vapor (en este tomo) o Nou Fiuter (que se puede descargar de acá) fue: ¿cómo carajo hacés esto? O sea, ¿cómo ponés en escena un carro de vapor, un gran danés moribundo, un alma que deja un cuerpo? Obvio que hay maneras, justamente como vi las dos que vi me respondo a mis preguntas, pero bueno, por eso soy lector y espectador y no dramaturgo o director de teatro: por ahora. Franco dramaturgo no se hace mucho problema por lo que tendrá que resolver Franco director. Eso está claro. Supongo que es la manera de escribir teatro. 

2.
Cuestión que Shinigami es un tomo, prologado por Ignacio Bartolone, que reúne tres obras escritas por Franco Calluso. La primera, Nena dragón es una obra inspirada en el animé, lxs otakus, y las road movies. Hay una chica que está enamorada de su amiga, que graba un videodiario, toca la guitarra y se compra una daga. Hay un padre obsesionado con la pesca y con su mujer muerta. Y hay un vendedor de la extinta y reconvertida comiquería Camelot. Una fuga a la Patagonia dispara los acontecimientos. La vi sin conocer a Franco (ni a Rosalba) hace miles de años a instancias de Manu (¿tal vez miles sean cuatro?) y me gustó tanto que la volví a ver para llevarlo a Dani, que también se hizo fan. Tenía citas de Evangelion. Cómo no me iba a flashar. No sé si la puesta se hizo al pie de la letra de la dramaturgia, o si lo publicado en el libro es una versión modificada tras la puesta, pero leerla fue volver a verla y fue una fiesta.

3.
La segunda, Vapor, es casi un monólogo: en un pasado retrofuturista y distópico, durante una revolución industrial con anabólicos y lisergia, un científico segundón queda varado en un camino con su carro a vapor y su Experimento encerrado en el carro. Experimento no debe salir. En medio del camino, un perro muriendo atropellado. Uno grande, un Gran Danés. El protagonista espera, monologa y aspira Fentanol, algo así como una keta decimonónica. Ojalá un día la vea en un teatro. Es carísima.

4.
Y la tercera es Ruido blanco. Probablemente, mi obra favorita del mundo. Hay un foca que canta en la Antártida y un músico experimental con una beca y una neurosis. Hay un documental indie también. Y un biologue alemán y una directora de la beca. Ser objetivo no puedo porque tal cosa no existe, y menos siendo fan, así que leanlá ustedes pobres mortales que no la vieron en teatro y díganme qué les parece: yo creo que el texto la rompe. Donde el pensamiento tiene miedo, la música piensa. Todas las notas sonando al mismo tiempo.

Las desventuras de Mosquito Martinez, de El Waibe

1.
Este vive en mi mesa de luz desde hace tanto como el de acá abajo, pero no lo leía porque primero quería terminar el otro, y al final hoy terminé el otro y leí este y tardé diez minutos. Se trata de un mosquito. Me gustó, aunque odio los mosquitos.


Fragmentos y distorsión, de Iván Riskin?

1.
Creo que tardé, fácil, tres años en leer este librito. Es que está muy desordenado. Un par de veces lo volví a empezar. No sé qué decir sobre esto.


miércoles, 18 de diciembre de 2019

Autorretrato, de Édouard Levé

1.
No sé si decir que es el libro que todxs quisimos escribir, pero seguro que a poco de empezar a leerlo te ponés a contestar mentalmente cada frase. Eduardo dice "No cultivo la tierra", y vos pensás: "Yo tampoco". Eduardo dice "No me gustan las bananas" y vos pensás: "A mí sí". Y así. Ésta frase me hizo reflexionar: "No uso pantalones apretados, me impiden escribir".

2.
Édouard Levé fue un artista plástico, fotógrafo y escritor francés, que nació en 1965 y murió por mano propia en 2007, días después de entregar a su editor un libro intitulado Suicidio. Este Autorretrato es el inmediato anterior, y en él intenta un experimento que entiendo es el siguiente: describirse a sí mismo sin sistema, sin orden ni concierto, concatenando frases no relacionadas entre sí salvo porque conformen al final un autorretrato. Frases que pueden ser afirmaciones, opiniones, anécdotas. Para lograr su objetivo le hace un poco de trampa a la redacción: como por cada punto (y seguido, no hay puntos y aparte) hace un cambio de tema, un golpe de timón, entonces a veces arma frases largas donde las comas a veces son puntos. Por ejemplo:
Uno de mis tíos encontró al hombre de su vida mientras conducía lentamente su coche descapotable rojo por las calles de París, el hombre en cuestión, un inmigrante de Hungría, estaba desesperado, y caminaba sin rumbo antes de suicidarse, mi tío se detuvo a su lado y le preguntó a dónde iba, desde entonces estuvieron juntos hasta que la muerte los separó.
3.
El resultado es droga. Tengo frases favoritas pero no tiene sentido entrar en esa. Todo el libro es un gol, lo leería de nuevo.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Vidas platinas, compiladas por Omar Borré

1.
En un acto de generosidad espontánea Mati Duarte me regaló este librito mínimo publicado en 2004 por una tal Editorial Mate con el apoyo del CCEBA. Resulta que, hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy lejana, una cronista de la revista Leoplán (1934-1965) cuyo nombre me es esquivo le hizo la siguiente pregunta a una serie de personajones de la literatura iberoamericana (todos varones, obvio): "¿Qué opina de usted mismo?". O quizás era "¿Qué piensa de usted mismo?". Este libro compila las respuestas, todas muy breves, algunas muy ingeniosas. El resultado es un gran divertimento para hacer caca. 

2.
Mi favorito fue Onetti, que bien dice que no hay ningún período más mentiroso en el recuerdo que la infancia, y que por ende se saltea las autobiografías que hablan de ese período (e inmediatamente me acordé de Infancia de Coetzee). También me hizo reír Macedonio Fernández, que empieza tranqui con: "El Universo o Realidad y yo nacimos en 1ero de junio de 1874...". Borges, como siempre, un denso, no sé quién se lo bancaba.

3.
Curioso, o quizás no, en la tapa dice que los autores del tomito son Arlt, Quiroga, Borges, Mallea, Olivari, Marechal, González Tuñón, Rojas, Scalabrini Ortiz, Discépolo, Nalé Roxlo, Macedonio F., Alfonsina Storni, Neruda, Fernández Moreno y César Tiempo. Cuatro de estos no están en el libro, entre ellos la Alfonsina Stori, que hubiera sido la única autora, pero ni está. Mal por los editores pero en realidad mal por el mundo. Me hizo pensar una vez más en Alfonsina, que escribía mejor o peor (mucho no me llama), pero que sin duda se bancó ser la única mina en un mar de machos culturales durante décadas. Busquen sino la historia de la Tertulia, creada por Quinquela Martín en el café Tortoni, principal reducto de la bohemia artística porteña durante décadas: Alfonsina era la única mujer. Todos los machos de la Tertulia le hicieron cuando murió (cuando se mató) un monumento que hoy está en la Chacarita, muy lindo monumento, se ve que la querían. ¿Cómo se sentiría Alfonsina, tomando falopa con Benito Quinquela Martín y Juan de Dios Filiberto, Bioy Casares y Jorge Luis en el sótano del Tortoni, en la década del '30, entre tanto olor a bolas?

viernes, 6 de diciembre de 2019

Los gauchos judíos, de Alberto Gerchunoff

1.
Este cuenta como clásico, sin duda. Cuando leo un clásico me sube la barrita de cultura. Encima judío, me sube también la barrita de judaísmo. 

2.
Como todo el mundo, conocía la existencia de este título, sabía de su adaptación al cine, pero no sabía qué era: ¿una novela? ¿una crónica? Misterio resuelto: es un conjunto de estampas. Algunas tienen forma de cuento, otras no llegan a eso. En cada uno de estos textos escritos en el año del primer Centenario Argentino (así dice en la primera página), Gerchunoff describe la vida que supo tener de niño en las colonias judías de Entre Ríos, y en particular en Colonia Rajil, una aldea que hoy no existe más. Los gauchos judíos es, claro está, una operación política: el Alberto, que había nacido Abraham en un pueblo lituano del imperio zarista en 1883 y que había llegado a escritor y periodista del diario de Mitre (como dijo Cristina, "no voy a decir prestigioso, pero sí centenario"), busca inscribir a los judíos argentinos en el crisol de razas soñado por la Generación del '80, sin mácula de apatridismo. El campo entrerriano aparece para los judíos de los relatos como una tierra utópica, libre de antisemitismo, o en la que el mismo está en extinción, como en el cuento "Historia de un caballo robado", que termina con esta reflexión:
Yo quiero creer, sin embargo, que no siempre ha de ser así, y los hijos de mis hijos podrán oír, en el segundo centenario de la República, el elogio de próceres hebreos, hecho después del católico Tedeum, bajo las bóvedas santas de la catedral.
Esperadlo, buenos judíos de la colonia, ya que la paciencia es, como el sufrimiento engrandecedor, don y tesoro de la raza lamentable de Job...
El cuento más patriota, y uno de los más lindos, es el que se llama "El himno", y narra el primer 25 de mayo de la colonia Rajil. En este cuento de Gerchunoff, los judíos de Rajil no conocen los colores de la bandera patria, por lo que eligen vestir el pueblo con telas de todos los colores (súper gay):
Rajil amaneció empavesada como un barco: llenos de colores los portones, todos los colores y también los colores argentinos, sin que el vecindario lo supiera.
Hay un famoso relato jasídico (será del siglo XIV o XV) que habla de un judío que se pierde en el bosque sin su sidur, y que para cumplir con los obligatorios rezos diarios recita el alef bet en voz alta varias veces, esperando que Dios forme con las letras los rezos que él no sabe de memoria. Mutatis mutandis, el cuento de Gerchunoff. Si me apurás te escribo una ponencia con este dato. 

3.
Un par de cosas que me llamaron la atención:
- Gerchunoff llama "rabi" a todos los viejos. A todos. Primero me confundió un poco el asunto, pero se ve que en la época rabi era un término honorífico y no se refería específicamente a que la persona fuera rabino. Quizás no tenía sentido en una comunidad de judíos ortodoxos decimonónicos la distinción entre rabino y no rabino, si todos los varones estudian la Torá y nadie tiene por qué oficiar nada. El que sí aparece destacado como un personaje específico y con un rol de autoridad en la comunidad es el shojet, es decir el matarife, quien faena a los animales según el rito kasher
- Gerchunoff escribe bárbaro, y me gustó especialmente cómo juega con los géneros literarios. Hay cuentos cómicos, hay cuentos gauchescos (el que se titula "El boyero" tiene un final increíble), hay uno de terror a lo Poe ("Las brujas", buenísimo, con relato enmarcado). Etcétera.
- Por lo que leí después en interné, "Las bodas de Camacho" es un cover de Cervantes. Ja!

4.
Mi edición es del Centro Editor de América Latina, año 1968, y se consigue en cualquier lado por chirolas. Uso y recomiendo.