viernes, 4 de mayo de 2018

Siddharta, de Hermann Hesse

1.
Si bien se deja leer, el clásico universal del nobelizado Hermann Hesse es en gran medida un bodrio. Los giros de la historia son predecibles, Siddharta es siempre perfecto como un dios, y si bien la novela dice que Siddharta aprende cosas, no constan esos aprendizajes, ni se justifican las declaraciones de perfección que Hesse atribuye a sus personajes. La única mujer es una prostituta, aunque para ser justos con Hesse es una prostituta buena, y la relación de Siddharta con su amigo Govinda no puede ser más gay (siempre lo mismo con vos Hermann, sacá a tus personajes del clóset de una vez). Así que, en definitiva, una gilada la novela. Pero lo bueno es que leí un clásico así que me sube la barrita de cultura, además leí otra novela del nobelizado éste así que más aún porque Nóbel, y lo más importante, leí/taché otro volumen de mi colección COMPLETA de Club Bruguera y ahora estoy más cerca del Nirvana.

viernes, 27 de abril de 2018

Llega un hombre y dice, de Nicole Krauss

1.
Hace miles de años, leí La historia del amor, de Nicole Krauss, y lloré un poquito en el colectivo. Es de esos libros que se le pueden recomendar a cualquier persona, fáciles de leer, profundos, emocionantes, etc. En su momento fue un best seller, debe andar por la enésima edición. Ante el éxito de La historia del amor, la editorial Salamandra (la de Harry Potter) publicó también Llega un hombre y dice, que yo pensaba que era la novela siguiente de la autora pero es la anterior. Es un caso similar al de La conjura de los necios y La biblia de neón: frente al éxito de la segunda, se traduce y edita en castellano la primera, con menos éxito. Cuestión que la leí, en tres viajes ida y vuelta a San Miguel, pensando que era la segunda novela, y creyendo que la mina, tras la originalidad y la ternura y lo todo de su debut, se había puesto a mezclar Auster con Huellebecq. Al final resulta que la originalidad se puede ganar después.

2.
Un hombre de 36 pierde la memoria de los últimos 24 años de su vida, incluida su historia conyugal, su carrera, y todo lo que lo hace ser adulto, pero sin perder los conocimientos objetivos sobre el mundo. Recorre Nueva York como un turista (hasta ahí, todo muy Auster). Su matrimonio se arruina, y un científico lo convoca al desierto del Mojave para participar de un experimento revolucionario (y desde ahí todo muy Houellebecq: aunque La posibilidad de una isla no había salido, ya está el germen de eso en Las partículas elementales). Después vuelve a ser más auteriana y después termina.

3.
Es una novela que está bien, pero le falta algo, está medio inerte, los personajes no terminan de tener vida propia. Es una novela olvidable sobre el olvido. La olvidaré.

Ciber-City: Internet Pseudo-Sistem, de Juan Vegetal

1.
La verdad, la verdad real, es que me compré este libro en preventa, o sea hace un montón, pero después cuando lo tuve me costó empezarlo. O sea, lo empecé un par de veces, leí/miré las primeras páginas, y sin que fuera mi intención lo dejé ahí. No entraba. No accedía a Ciber-City. Hasta que un día lo agarré y leí más allá de las primeras páginas, y entonces lo entendí, y ya no lo pude dejar hasta que lo hube devorado.  

2.
Ciber-City es un libro de historietas pero a la vez inventa su propio código de lectura, distinto al de las historietas "normales", por lo que a primera vista puede parecer un libro objeto con secuencias de dibujos y de tiras random. Algo de random tiene, capaz: pero es un random de ideas relacionadas, y un random de ideas relacionadas más que random es un rizoma (creo). Cuestión que en la misma lectura del libro, el lector-usuario va adquiriendo las herramientas de lectura que permiten que fluya, y entonces decís "aah" y "ooh" y "qué capo" y "jajaja". 

3.
De verdad me gustó mucho mucho. No es para cualquiera, though. Vofi.


domingo, 22 de abril de 2018

Tribu: sobre vuelta a casa y pertenencia, de Sebastian Junger

1.
El fino arte de escribir reseñas cuatro meses después de terminada la lectura. Lo que podemos decir a favor de esta atrevida modalidad es que lo que te acuerdes del libro cuatro meses después seguro es lo que más te impresionó. En mi caso, la anécdota del terremoto en Chile. Transcribo, página 51:
Las conclusiones de Fritz se confirmaron después de un estudio en la ciudad de Yungay, en el centro de Chile, que fue golpeada por un terremoto y un deslizamiento de rocas devastador el 31 de mayo de 1970. El 90 por ciento de la población de Yungay murió casi instantáneamente, y otras 70.000 personas murieron en la zona -aproximadamente el equivalente a un ataque nuclear en dicha área-. El deslizamiento que sepultó la ciudad ocasionó tanto polvo que los helicópteros no podían tomar tierra, y los supervivientes de Yungay quedaron a su suerte durante días. En este vacío terrorífico, rápidamente surgió un nuevo orden social. "El concepto de propiedad privada individual quedó temporalmente anulado -escribió más tarde el antropólogo Anthony Oliver-Smith en su artículo 'Brotherhood of pain'-. La crisis también tuvo un efecto inmediato de nivelación de estatus en la naciente comunidad de supervivientes que había creado. El sentido de hermandad (...) prevalecía mientras indios y mestizos, clases altas y bajas, todos colaboraban en los esfuerzos colectivos para cubrir las primeras necesidades y sobrevivir".
En cuanto que los vuelos de socorro empezaron a entregar ayudas a la zona, volvieron las divisiones de clase y desapareció el sentido de hermandad. Había llegado el mundo moderno. 
2.
Sebastian Junger es un periodista yanqui, y Tribu es un ensayo periodístico y filosófico sobre las tendencias colectivistas e individualistas innatas en lxs humanxs (lenguaje inclusivo corre por mi cuenta, no por la del autor). Y sí, dije innatas: vieron que hay mucha onda entre los yanquis y el determinismo biológico, tanta onda que hasta hay deterministas progres, como en este caso. Lo que dice Junger es que se comprueba, una y otra vez, que en casos de desastre natural o de guerra se reducen las tasas de enfermedad mental (para afirmar esto cita a Durkheim y también un estudio realizado durante la WW2 en Londres) y que para mucha gente, las experiencias terribles enfrentadas en grupo son luego recordadas con nostalgia (y acá habla mucho de las Guerra de los Balcanes, en la que Junger fue corresponsal de guerra, y de los soldados yanquis en Irak). La idea determinista en el libro es que nosotrxs, lxs humanxs actuales, somos lxs descendientes de lxs homínidxs que se enfrentaron al peligro para sobrevivir, y que ese enfrentar al peligro se transmitió en nuestro ADN y que hoy en día la sociedad nos lleva a todxs a contradecir nuestras tendencias naturales poniéndonos en un lugar donde a más éxito en la vida, más aislamiento individualista (como en la casita en los suburbios del American Dream, con bocha de metros cuadrados para pocos habitantes que casi no se cruzan con nadie, o, como en las torres lujosas donde viven miles de personas que no se conocen entre sí, o como en nuestra vida cotidiana con los celulares y nuestras relaciones patológicas con ellos, etcétera). Hay todo un capítulo sobre el trastorno de estrés postraumático que sufren los veteranos de guerra cuando vuelven a los EEUU: Junger plantea que el estrés se debería no a lo vivido en Irak o Afganistán, sino al regreso a casa, el corte de los lazos "tribales" con se mantenían con los otros soldados de la unidad y el reemplazo de esos lazos por el rechazo que la sociedad en general siente por lo veteranos. Acá  en este capítulo del podcast de Joe Rogan dice Junger que la pregunta es cómo hacemos para tener una conexión comunal íntima que nos aleje de los problemas de salud mental, nos haga sentir significativos y realizados, sin perder los beneficios de la sociedad moderna. El libro está muy bien escrito, cita bocha de data interesante (histórica, sociológica, antropológica et. al.) y te lo lees en un tris.

3.
La conclusión -política- a la que arriba Junger es todo lo zurda que un yanqui logra ser: "La traición definitiva de la tribu no es el actuar competitivamente -eso habría de estimularse-, sino afirmar tu poder excluyendo del grupo a otros (...) [es el caso del] colapso financiero de 2008, cuando los banqueros se jugaron billones de dólares de los contribuyentes en hipotecas abiertamente fraudulentas. (...) Casi 9 millones de personas perdieron sus empleos durante la crisis financiera, 5 millones de familias perdieron sus hogares, y la tasa de desempleo se duplicó hasta alcanzar casi el 10 por ciento". Parece que la cantidad de suicidios durante 2008 y 2009 es igual a la cantidad de muertes de soldados yanquis en Irak y Afganistán.

viernes, 20 de abril de 2018

Emaús, de Alessandro Baricco

1.
Hacía mucho que no leía una novela de Baricco y con esta me topé medio de sopetón, estaba de visita en una casa de campo en el medio del monte, me puse a revisar la biblioteca de la casa y helo allí. Emaús es de 2009, inmediatamente posterior a Esta historia (que me compré hace años y aún no leí) y diez años posterior a su best seller Seda, que es de 1996. A todo esto yo no leía a Baricco desde 2011, como mi infalible archivo bloguer demuestra. Alguien que saque una conclusión cabalística de todo esto.

2.
Ya dije cosas sobre Baricco antes. Búsquenlas aquí.

3.
Emaús es un Bildungsroman, o sea una novela de aprendizaje, como lo son (repechaje conmigo mismo: sin repetir y sin soplar Bildungsromanes como por ejemplo) El guardián en el centeno de Salinger, El juguete rabioso de Arlt, La montaña mágica de Mann, Los cachorros de Vargas Llosa, la primera parte de Los detectives salvajes de Bolaño, El buda de los suburbios de Hanif Kureishi, Mi lucha 1 de Karl Ove Knausgaard, Harry Potter y la piedra filosofal. Emaús cuenta el fin de la adolescencia de un grupo de amigos, varones, italianos y católicos, y la entrada en una adultez de la que nos les explicaron lo suficiente. Hay un narrador protagonista, que habla en nombre de su grupo ("Tenemos todos dieciséis, diecisiete años -pero sin saberlo de verdad, es la única edad que podemos imaginarnos: a menudo sabemos el pasado", empieza el libro) y que observa el afuera de su normalidad endogámica como una niebla y como una sucesión de tragedias (siendo el afuera los liberales, los ateos, la clase alta; y la endogamia la clase media, católica, rutinaria), y hay una chica, Andre, de la que todos están enamorados. Baricco escribe como la San Puta, o sea muy bien, y la novela es magnífica, melancólica y atractiva, aunque sin entrar en mi lista de libros del año ni tampoco entre mis favoritos de Baricco (que siguen siendo los dos ensayos que leí allá lejos y hace tiempo, Los bárbaros y Next). No corran a comprársela, no hace falta, pero si la tienen a mano se las recomiendo piuttosto.

lunes, 16 de abril de 2018

No ficción, de Alberto Fuguet

1.
Este libro es muy chileno y muy gay. Es un diálogo, todo el libro, en el transcurso de una noche, entre dos ex mejores amigos, que también fueron el uno director y el otro asistente del primero, que tuvieron un "bromance", o en realidad, un romance, de esos retorcidos, en los que una de las partes no se hace cargo de la realidad. Uno de los dos se declara abiertamente gay. El otro es lo que la ciencia llama un "heteromaraco". Durante la charla, sacarán los trapitos al sol. Y no podrás creer lo que pasará después.

2.
La primera línea dice la palabra "hueón" y el primer epígrafe del libro es de una canción de Javiera Mena. Todo muy chileno, más chileno que los porotos. Me encanta. #Chilenófilo.

3.
Lo leí casi todo en una sala de espera. Complicado por lo de la calentura. 

4.
Está bueno, no es increíble pero la pasé bien. Le ponemos ocho aleschonfelds.

El Señor de las Moscas, de William Golding

1.
Me gusta cuando termino un CLÁSICO porque es como que soy mejor persona, más inteligente, tengo más ki, soy más CULTO. Si dejara de leer a Stephen King y la revista Fierro y a todas esas escritoras argentinas y marikas y dejara de escrolear y dejara de mirar las películas del MCU (Marvel Cinematic Universe) y me dedicara sólo a ponerle tick a los CLÁSICOS UNIVERSALES me iría mejor en la vida, pero viste como es.

2.
Está claro que Lord of the Flies (1954) es recontra conocido porque A) Es lectura obligatoria en muchos secundarios, en los que además te hacen ver la película de 1963 y B) Hay un capítulo de Los Simpson al respecto (El autobús de la muerte, el capítulo en el que Lisa lame el musgo). Pero no estaba seguro de si era un clásico o sólo un one hit wonder que se volvió platino -o sea, una joda que quedó- porque no conocemos, por lo menos en Argentina, otros títulos del amigo Golding. Me salí de mi duda cuando el otro día me puse a leer la lista de premios Nóbel de literatura (para ver a cuántos había leído, el juego más ñoño y Resistirse Es Fútil del mundo, acá está la lista, jueguen, yo leí a veintitrés) y vi que a Golding se lo dieron (en el '83, por toda su obra).

3.
La historia es conocida (por Los Simpson, obvio) y la premisa es prácticamente la puesta en juego de una serie de elementos: un grupo de niños de primaria, de entre 9 y 6 años, varados en una isla, sin adultos; una isla en la que hay chanchos salvajes y frutas comestibles y ningún depredador; no tienen casi herramientas, llevan sus uniformes escolares: el único elemento que tienen es el par de anteojos de uno de los niños. Y luego, los niños, que responden a los roles de la dinámica de grupos: hay un líder positivo (Ralph), un líder negativo (Jack), un chivo expiatorio (Piggy) y secuaces para uno y otro lado. El autor mueve a los muñequitos por la mesa de juego, con foco casi siempre en Ralph y Piggy, pero por momentos se hace trampa a sí mismo y se va con alguno de los otros, como el caso de Simon, o sobre todo como ese momento en el medio de la novela en que la cámara se desprende de su compromiso con los personajes y out of nowhere hace aparecer al paracaidista muerto (una gran jugada del autor, pero igual es trampa). La premisa en sí ya es interesante, pero la maestría del autor, a mí entender, está en: A) irse al carajo con la violencia cuando corresponde y B) algunos momentos -no todos- en los que de pronto La Musa se ve que vino y le sopló el naso, porque mientras hay secuencias que parecen torpemente escritas (cuando hablan muchos personajes a la vez, por ejemplo, pero capaz es la traducción) otras son un 10 en prosa, en ritmo y en montaje.

4.
El final parece el remate de un chiste, se me hizo un poco pobretón. Pero bueno, EL LIBRO ESTÁ MUY BIEN. Ah, eso sí, todo muy novela juvenil.

miércoles, 11 de abril de 2018

Aquellos hombres grises: el Batallón 101 y la Solución Final en Polonia, de Christopher R. Browning

1.
Sí, ahora leo sobre el Holocausto por placer (o sea, no por obligación). Qué hacemos con eso.

2.
Ya el hecho de que lea Historia en lugar de Ficción, sin que nadie me obligue, es raro. Pero como suele suceder, la realidad supera a la ficción. Ni Bret Easton Ellis te escribe los testimonios de los reservistas del Batallón Policial 101. 

3.
Aquellos hombres grises (Ordinary Men, en el original, 1992) es un libro del historiador estadounidense Christopher Robert Browning, y según varias opiniones que me fueron vertidas en persona por humanos tangibles, es una de las mejores investigaciones alrededor del tema del Holocausto: más interesante, más original, mejor escrito. Browning investigó las declaraciones de 210 alemanes que fueron juzgados en los '60s y que durante la Segunda Guerra Mundial habían pertenecido al Batallón de Reserva Policial 101, destacado en la Polonia ocupada. El Batallón en cuestión estaba formado por hombres en su mayoría de mediana edad -algunos rondaban los 50-, que en épocas de paz eran comerciantes, peluqueros y otros tipos de pequeños burgueses, y que por lo tanto habían sido destinados en tanto reservistas a la llamada Policía del Orden (y no a una fuerza específicamente militar). Además, una muy baja proporción de ellos pertenecía al Partido Nazi, y de esos, la mayoría se habían afiliado después del '38, muy pocos lo habían hecho antes del '33 (lo que indica que probablemente se hubieran afiliado por motivos de conveniencia laboral más que por cuestiones ideológicas). Es decir, en su mayoría eran unos viejos con poco entrenamiento militar, poco interés en hacer carrera en la policía, y "poco nazismo", que sin embargo, como miembros del Batallón y también individualmente, fueron responsables directa o indirectamente del fusilamiento de 38.000 (treinta y ocho mil) personas, casi todas judías, entre julio de 1942 y noviembre de 1943, y de la deportación a campos de exterminio -es decir de subirlos y encerrarlos en los trenes, es decir del asesinato indirecto- de 45.200 (cuarenta y cinco mil doscientas) personas más. Así que ahí está la cuestión planteada, más o menos por sí misma: ¿cómo se convierten estos ordinary men en un batallón genocida, en individuos que con sus dos manos disparan durante horas en la nuca de hombres, mujeres y niños para que caigan dentro de fosas comunes? 

4.
El libro está estructurado en 17 capítulos breves que reconstruyen, a partir de contrastar los testimonios, la historia pormenorizada del Batallón 101 y sus masacres, un capítulo largo final que analiza las posibles hipótesis sobre cómo se convierte a 500 burgueses de clase media en asesinos masivos, y un epílogo también largo que se inscribe en el llamado Debate Goldhagen*. Se lee rapidísimo, está muy bien escrito, y es súper terrible. La conclusión a la que arriba Browning está emparentada con los descubrimientos del Experimento de Milgram sobre autoridad, resistencia a la autoridad y presión del grupo de iguales. Aquí transcribo los dos párrafos finales del último capítulo:

El comportamiento de todo ser humano es, por supuesto, un fenómeno muy complejo, y el historiador que trata de "explicarlo" se está permitiendo un cierto grado de arrogancia. Cuando casi 500 soldados están implicados, asumir cualquier explicación general de su comportamiento colectivo es todavía más arriesgado. ¿Qué se debe concluir entonces? Más que nada, uno sale de la historia del Batallón de Reserva Policial 101 con una gran desazón. Esta historia de hombres grises no es la historia de todos los hombres. Los policías de reserva tuvieron opciones, y la mayoría cometió actos terribles. Pero aquellos que mataron no pueden ser absueltos por la idea de que cualquiera en la misma situación hubiera hecho lo mismo. Porque, incluso entre ellos, algunos se negaron a matar y otros dejaron de hacerlo. La responsabilidad humana es, en última instancia, una cuestión individual.
Sin embargo, al mismo tiempo, el comportamiento colectivo del Batallón de Reserva Policial 101 tiene unas implicaciones muy perturbadoras. Existen muchas sociedades aquejadas de tradiciones de racismo y que están atrapadas en la mentalidad de asedio de la guerra o de su amenaza. En todas partes la sociedad condiciona a las personas a tener respeto y deferencia por la autoridad y en realidad apenas sí podría funcionar de otra manera. En todas partes las personas buscan un ascenso en su carrera profesional. En toda sociedad moderna, la complejidad de la vida y la burocratización y especialización resultantes atenúan el sentido de la responsabilidad personal de aquellos que ejecutan la política oficial. Dentro de prácticamente cualquier colectivo social, el grupo de iguales ejerce una presión enorme sobre el comportamiento e impone normas morales. Si los miembros del Batallón de Reserva Policial 101 pudieron convertirse en asesinos bajo esas circunstancias, ¿qué grupo de hombres no lo haría?
5. 
Viene del *: Te lo resumo así nomás, el Debate Goldgahen. Daniel Goldhagen, otro historiador yanqui, publicó en 1996 un libro intitulado Los verdugos voluntarios de Hitler, éxito de ventas, en el que defiende la desopilante hipótesis de que TODXS lxs alemanxs eran básicamente antisemitas eliminacionistas, es decir que querían, fervientemente, exterminar a los judíos. No sólo defendía esa hipótesis, sino que la defendía "científicamente", y acusaba a los demás historiadores del Holocausto de truchos, Browning incluído. Básicamente, Browning plantea que la mayoría de los alemanes que apoyaban a los nazis no eran antisemitas (y por lo tanto los genocidios ocurren más por los que no hacen nada para impedirlo, o siguen la corriente por miedo o presión social o conveniencia, que por los perpetradores), y Goldhagen plantea lo contrario. El epílogo de Aquellos hombres grises ocupa un cuarto del tomo y es de 1998.

jueves, 29 de marzo de 2018

Madame Satã, de Luiz Antônio Aguiar y Julio Shamamoto

Fui a Brasil y me compré 7 (siete) libros de autores brasileros en su idioma original. Como sé que si no los leo ahora -con el idioma presente-, no los leo más, estoy atravesando la Campaña de Conquista Brasilera (porque Resistirse es Fútil, todos serán absorbidos). Este es el libro 4 de 7.

1.
Malísima, muy chota la historia y muy feos los dibujos. Pero la leí en portugués y me siento un capo.

Ya desde la tapa se ve chota, pero me quería comprar historietas en Brasil y fue lo que encontré. No me juzguéis.
2.
Me quedan dos libros y medio para culminar mi Campaña de Conquista Brasilera. Igual ya pasó bocha de tiempo de que viajé a Brasil. Dilma era presidenta, imaginate.


El Incal, de Alejandro Jodorowsky y Möebius

1.
Voy a tratar de no hacer la reseña expositiva en la que les explico que El Incal es una saga de historietas de ciencia ficción y misticismo guionadas por Alejandro Jodorowsky e ilustradas por Möebius, publicadas originalmente en francés en la revista Metal Hurlant entre los años 1980 y 1988, porque para eso está la reseña de Wikipedia.

2.
Pero es eso. Es como la cumbre del cómic europeo, el summum de la ciencia ficción, el ápice del dibujo. Miren esto, háganle zoom:


Qué pedazo de Dios del patriarcado, ¿no?

3.
Bueno. El problema de El Incal es Jodorowsky. También es obviamente su virtud, porque el universo de El Incal es puro Jodorowsky, pero también es su problema, porque Jodorowsky no es muy buen guionista. Es muy imaginativo, pero no le importa mucho la sofisticación de la narrativa. Entonces El Incal es una cosa que pasa atrás de la otra, medio como Lost, siempre hay una cosa más grande que contiene a la anterior en esta aventura metafísica donde de verdad está en juego el Universo. (Lost es para mí el arquetipo de eso: una narración en la que los conflictos no se resuelven, total quedan contenidos en el próximo conflicto en la secuencia de los acontecimientos). Esto hace que en principio no sea muy atrapante, me parece, de pronto, la narración. Pero los dibujos son tan buenos (Möebius es todo lo que está bien) que seguís, y en un momento te deja de importar que Jodorowsky se cague en todo, te empieza a gustar eso mismo, que la trama sea tan irresponsable (porque permite unas escenas espectaculares) y te metés, y la pasás re bien. Y no querés que termine. Pero después termina. En la edición integral de Reservoir Books que es esta qué leí yo y que está en venta ahora mismo en todas las librerías mainstream, espectacular súper china con tapa dura y tamaño Todo Mafalda, cuando terminan las cinco partes de El Incal hay una mini historieta más, y después hay un montón de páginas a todo color de una suerte de enciclopedia que nadie había pedido. Está llena de redundancias, aunque también algunas cosas interesantes tiene, sobre los orígenes del proyecto y los de algunas de las ideas. Resulta que El Incal es producto del famoso proyecto fallido de adaptar Dune, en el que Dalí iba a hacer de rey y Pink Floyd iba a hacer la música y todo eso. Jodorowsky conoció a Möebius porque lo contrató como storibordista de la pelicula, y los diseños de naves y personajes terminaron en muchos casos acá en El Incal. Gran historia la del proyecto que no fue. Hay un documental al respecto.

4.
EN CONCLUSIÓN: El Incal vale más la pena por Möebius que por Jodorowsky, no me subyugó pero me dio algunas alegrías, el tomo es curiosamente liviano para lo grande que es así que lo pude leer cagando (punto a favor) y si lo leés sos más culto, pero si no lo leés no pasa nada. Esta es la primera página:




miércoles, 7 de marzo de 2018

Teatro reunido, de Alejandro Acobino

1.
Hube visto, supe ver, una vez ví Rodando, obra de teatro unipersonal para hombre en silla de ruedas, y me flasheó. El hombre en la silla era Germán Rodríguez, que después se hizo conocido por una publicidad de un banco en la que había una pareja italiana, si mi memoria no me falla. En Rodando, un hombre en silla de ruedas contaba una película, el guion de una película, que además era una road movie. El juego de metatextualidades estaba buenísimo. Luego, otra vez supe ver Absentha, obra que nada que ver con la anterior. Abstentha se trata de un taller de poesía, tres alumnos y un profesor, todos pasados de edad, que se juntan a basurearse los trabajos entre ellos en el aula de un centro cultural venido a menos, hasta que todo se va al carajo. Hasta ahí podría haber estado contando cualquier obra del teatro independiente porteño (estructura: un grupo de personas patéticas, cada vez más patéticas, en un momento todo se va al carajo, griterío -clímax-, se calman y la obra se termina con apagón lento. Te acabo de contar Viejo, solo y puto, todas las obras de Kartún -que lo amo, ojo- y de Tolcachir, y no sé cuántas más). La diferencia con Absentha es que el típico irse al carajo independiente porteño no es el clímax de la obra, sino el fin de una suerte de segundo acto: a partir de ese momento la trama pega un salto copernicano allà Houellebecq (como cuando en H. pasamos del presente al futuro y sus libros se convierten en ciencia ficción, a veces sólo por unas pocas páginas) y todo lo que viene después rompe el horizonte de expectativas del espectador porteño con expectativas.

2.
Alejandro Acobino murió, joven y trágicamente. "Se quitó la vida". Las comparaciones son improcedentes pero este es un blog, casi tierra de nadie, así que qué más da: Alejandro Acobino es al teatro porteño/argentino lo que Fabián Bielinsky al cine argentino. No sólo porque ambos se suicidaron, a una edad similar, sino por la importancia/grado de renovación que sus textos implicaron (teatrales unos, fílmicos otros), teniendo en cuenta la diferencia de escala entre ambas disciplinas y haciendo caso omiso de sus distintos grados de popularidad. Pero como decía yo mismo hace dos oraciones, las comparaciones son improcedentes.

3.
Cuando la muerte de Acobino, parece ser que este libro ya estaba en marcha, una compilación de las cuatro obras que Acobino escribió (Continente viril, Rodando, Hernanito y Absentha) más una serie de anexos que incluyen una entrevista y unos análisis críticos, a los que se agregaron a último momento unos prólogos-homenaje de Dubatti y Fernando Molle. Los textos de las dos que había visto me impactaron como cuando vi las puestas, especialmente Absentha, que es un laburo espectacular. Continente viril, la primera obra grande estrenada de Acobino, que además era una puesta de Los Macocos, sucede en la Antártida: un biólogo idealista debe investigar por qué los pingüinos se están suicidando, pero su trabajo se verá obstruido por los milicos de turno, remanentes del Proceso. La obra pasa de la comedia a lo macabro con mucha cintura. Por su lado, Hernanito ("Pieza industrial para actor ventrílocuo, actor morocho y muñeco de ventriloquía") habla de la crisis, de la explotación, del maltrato familiar y del vínculo entre las clases (es una obra clasista) y si lo del ventrilocuo funcionaba, debía ser espectacular de ver. Me la perdí.

viernes, 2 de marzo de 2018

¡Háblame de amor!, de Aline y Robert Crumb


1.
Hace meses reseñé este libro: The complete Dirty Laundry collection, de Robert Crumb, Aline Kominsky-Crumb y Sophie Crum. Lo había comprado en Chile, nuevo pero usado, o usado pero nuevo, en inglés, una masa (qué término en desuso, una masa). SÓLO MÁS TARDE descubrí que el coso estaba editado en castellano, y que a la edición de 1993 que yo supe agenciarme en el país vecino se le habían ido agregando otros muchos varios distintos trabajos en colaboración del famoso Robert Crumb y su menos famosa señora esposa Aline Kominsky, de apellido adoptado Crumb (no es muy anti-patriarcal, Aline, a pesar de que todo lo que hace grita feminismo: es como Moria Casán en ese sentido). Cuestión que mi amiga Andi tenía esto, ¡Háblame de amor!, la edición en castellano de Drawn Together (2011) -que es un juego de palabras intraducible entre "dibujados" y "ahogados"-, y entonces se lo pedí y agarré y zácate leí lo que había desde el '93 para acá (porque todo el comienzo del tomo es exactamente el mismo contenido que el de la recopilación del '93). 

2.
Hay una historieta muy buena que se llama "A day in the life", en el que en vez de dibujar los dos en todos los cuadritos, dibujaron una mitad completa uno y la otra, la otra. Después hay otra historieta increíble de 1997 que se llama "A Couple A'Nasty, Raunchy Old Things" y que tiene "cameos" de otros historietistas que también se dibujan a sí mismos (uno es Art Spiegelman, y el otro un tal Charles pero no pude sacar Charles qué). También me gustaron mucho las historietas de tres páginas -A TODO COLOR- que salieron originalmente en The New Yorker entre 2003 y 2004 como crónicas dibujadas. Hay una que es un flash, en la que Robert y Aline cubren para la revista el Festival de Cannes de ese año. La historieta se titula "Harvey and Me", y el Harvey del título es Weinstein, el que ahora está en juicio por los abusos sexuales a las actrices y trabajadoras de Hollywood. Lo loco es que, quince años antes de todo esto, Aline diga que quiere conocer a Harvey porque tiene que "enfrentarse al corazón de las tinieblas". También es divertido que Aline hace la lista de películas que quiere ver en el festival, y entre otras está La niña santa de Lucrecia Martel, viva la patria.

3.
El libro es lo más, ellos son muy queribles (e ideológicamente complejos), y después de terminar el libro me bajé y vi finalmente esa peli que pasaban tanto en I-Sat, Crumb (1994) de Terry Zwigoff. Está buena.

miércoles, 28 de febrero de 2018

, de Thomas Bernhard

1.
Hay un hecho incontrovertible, y es que nunca se va a terminar la lista de escritores sobre los cuales a unx le pueden decir con indignación: "¿cómo no lo leíste?". Ni la de escritores, ni menos la de libros, como tampoco la de películas y etc. Bernhard parece que es de esos que cómo no lo leíste. Yo recién llego, vi luz y entré, a través del tomito de la coleccioncita de Anagrama y Página/12 que salió hace ya varios años, durante el régimen populista anterior que mantenía el dólar artificialmente asequible y subsidiaba a empresas como La Página S.A., permitiéndome a mí, años después, leer a Bernhard. 

2.
El libro es de 1978 y se llama , o sea Ja (léase ), es breve en cantidad de páginas pero prolífico en cantidad de caracteres y utiliza un modus que pocos años después le copió, a sabiendas o no, nuestro compatriota y mi querido José Pablo Feinmann, también conocido como "el Feinmann bueno", en la espectacular novela La astucia de la razón (1990), que yo leí a instancias de mi primo poco antes de que este blog conociera la luz de la Internet. ¿Cuál es el modus? Tanto Bernhard como Feinmann cuentan la historia de un neurótico desde la óptica de un neurótico, y plasman en la escritura la forma de razonar de un neurótico. En La astucia de la razón (que leí hace años y que recuerdo como se me canta) el protagonista era un paranoico y un obsesivo (con un cáncer en los huevos) y los párrafos eran capicúa, es decir, empezaban y terminaban con la misma idea, lo que volvía a la novela una lectura primero enervante y luego enloquecedora (pero no podías parar). En la operación es distinta: está la repetición de los conceptos, como en La astucia, pero lo que llama la atención especialmente es la extensión de las oraciones, que en algunos casos llegan a tener páginas, y sobre todo de los párrafos, que llegan a tener decenas de páginas. A priori se diría que no puede ser bueno eso: una oración de varias páginas. Sin embargo, el estilo es tan perfecto, están tan bien armadas las oraciones infinitas, que lxs lectorxs terminamos entrando en los cabales del personaje y de la novela. 

3.
La trama no tiene mayor importancia, a mí entender. El protagonista, un científico que se retiró del mundo a una comarca rural para que nada lo perturbe, se siente cada vez más aislado, ya no puede hacer nada, sufre la soledad y la estupidez que lo rodean, y tras estar tres meses encerrado en su casa sale a encontrarse con el único humano con el que se vincula, Moritz, el agente inmobiliario, pero algo cambia cuando en casa de Moritz conoce a los Suizos, y en especial a la Persa, mujer del Suizo, y atisba una solución a su soledad y con ella a su enfermedad mental. Al momento que lo encontramos está escribiendo, tratando de traducir en texto lo que le pasó con la Persa, por lo que el estilo neurótico del texto responde a que su autor sería el propio protagonista: es decir, no es un monólogo interior, sino una suerte de descargo emocional lo que estamos leyendo. Es impresionante cómo Bernhard construye la historia a través de las repeticiones, entre las que cada vez se cuelan más informaciones nuevas, y cómo esas apariciones de lo antes sólo aludido van intensificando la atención nuestra como lectorxs. Bernhard parece ser muito capo. 

5.
En los días que leí esta novela empecé a salir con un lápiz, porque es re subrayable. Va una cita (p. 69) y chau:
Nos hemos resignado con el hecho de que, aunque la mayor parte del tiempo en contra de nuestra voluntad, tenemos que existir, porque no nos queda otro remedio y sólo porque una y otra vez, cada día y cada minuto nos resignamos de nuevo a ello, podemos continuar. Y hacia dónde avanzamos, si somos sinceros, nos es conocido, hacia la muerte, pero la mayor parte del tiempo nos guardamos de confesarlo. Y por esa conciencia de no hacer otra cosa que ir hacia la muerte y porque sabemos lo que eso significa, intentamos disponer de todos los medios posibles para apartarnos de ese conocimiento y así no vemos en este mundo, si miramos bien, más que personas ocupadas continua y perpetuamente en ese apartamiento. Ese proceso, que es en todos el proceso principal, debilita y acelera lógicamente todo el desarrollo hacia la muerte. (...) Todas esas personas, cualesquiera que sean, están dominadas por ese proceso, el de apartarse de la muerte que en todos los casos tienen delante, había pensado. Todo en todos los hombres no es otra cosa que apartamiento de la muerte.

martes, 20 de febrero de 2018

El bigote, de Emmanuel Carrère

1.
Este es uno de los mejores libros que leí en lo que va del año (estoy escribiendo en junio ya: la fecha de esta publicación corresponde a la fecha en la que lo terminé de leer y mi cabeza explotó). Después corrí a conseguirme (prestado, macrisis) el que todxs leyeron de Carrère, Limonov, que ahí lo tengo aún intacto (pero ya le va a llegar el turno). 

2.
No sé nada de Carrère, pero al cabo que no me importa. Este libro es de 1986, y Limonov del 2011, así que deducimos que es un escritor de larga vigencia. El bigote es una novela de terror psicológico, de menos de 200 páginas (lo leí prestado y lo devolví, esta es una reseña de memoria), que le re hubiera gustado escribir a Alan Pauls (bueno, y a mí también, pero específicamente diría que Alan Pauls quiere ser Emmanuel Carrère, por el final de El pasado, por su trilogía de libritos Historia del pelo y del llanto y el otro que no leí; también quiere ser Thomas Bernhard pero eso es más común supongo, aunque yo haya llegado re tarde a Bernhard, véase una reseña de más adelante). Perdón la digresión: volvamos. El bigote, Emmanuel Carrère, 1986. Un hombre se levanta a la mañana y se afeita el bigote que lleva hace décadas entre la nariz y el labio superior, o sea donde va el tegobi. Lo hace como una travesura, para sorprender a la jermu, pero cuando la jermu llega no se da cuenta de nada, o finge no darse cuenta de nada. La única posibilidad es que se esté haciendo la boluda para contraatacar su travesura, entonces él le sigue el juego. ¿O no es la única posibilidad? ¿Tenía él, acaso, tegobi? El nivel de desesperación al que llegás, vos con el personaje, es INCREÍBLE. Y cuando se estaba por agotar el recurso, hay un GIRO INESPERADO que te la re sube y todo se vuelve muy Amélie Nothomb. Si te gusta Amélie Nothomb te gustará El bigote. Ya probaste el chiquito, ahora probá el grandote. Ah, está etiquetado "droga" porque no lo podés dejar. Tuve que volver una y otra vez hasta que lo terminé. AMÉ. Tiene versión cinematográfica francesa de 2005, no la quiero ver. Fin.

domingo, 18 de febrero de 2018

Intimidad, de Hanif Kureishi

1.
Hanif es un inglés de origen pakistaní. Intimacy es una novela de 1998. En la tapa de Anagrama hay una foto de la película de 2001 con los rostros de Mark Rylance y Kerry Fox que vendrían a ser les ignotes protagonistas. Por algún motivo la película se trata de cualquier otra cosa, y qué esperar si la novela es un monólogo interno que transcurre en un acotado período de tiempo: una noche, exactamente. "Esta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré", empieza la novela. Jay, el protagonista de la historia, baña a sus hijos bebés, recuerda cosas, reflexiona acerca del amor y la intimidad, se pasea por la casa mientras piensa. No es muy filmable.

2.
Decía que Jay quiere dejar a su mujer. Mañana por la mañana. Con dos hijos. Llevarse sus cosas y abandonar la casa. Durante la primera mitad de la muy breve novela, parece seguro que Jay se va a ir, y es difícil empatizar con un sujeto tan egoísta, en una narración tan estática. Pero de golpe, no queda tan claro si lo va a hacer o no. Y de golpe, empiezan a pasar cosas, no sólo en el plano de los recuerdos, sino también en el tiempo de la narración, esa noche real en la que Jay no sabe lo que va a hacer. Gana un interés inusitado, la novela. La segunda mitad (son en total escasas 143 páginas en letra más bien grande) se lee de una sentada.

3.
Esto me gustó mucho (entre otras cosas). Por este tipo de reflexiones es que voy a colocar esta reseña bajo la etiqueta-galardón de autoayuda para intelectuales:
No resulta sorprendente que todo el mundo lo desee..., como si se hubiese conocido el amor anteriormente y apenas se pudiese recordar, pero uno se siente obligado a buscarlo sin pausa, como si fuese la única razón por la que mereciese la pena vivir. Sin amor, la mayor parte de la vida permanece apagada. Por desgracia, nada es tan fascinante como el amor.

Sé que el amor es un trabajo sucio; tienes que mancharte las manos. Si te mantienes a distancia, no sucede nada interesante. Además, debes encontrar la distancia adecuada entre las personas. Si están demasiado cerca, te aplastan; si están demasiado lejos, te abandonan. ¿Cómo mantenerlos en la situación adecuada?

Es fascinante ver cómo en las relaciones más sólidas, incluso después de años de convivencia, determinados aspectos ocultos de las personas afloran de pronto, como en una excavación arqueológica. Hay mucho que explorar y comprender. Con el resto de la gente, en cambio, uno sólo puede darse la vuelta, aburrido.
Quiero decir algo: las cosas son así, y punto.

martes, 13 de febrero de 2018

Mentirillas, de Leo Maslíah

1.
Hace ocho y nueve años leí algunos libros de Leo Maslíah, que reseñé en su momento (porque este blog tiene casi diez años ya, zarpado). Habrá sido por esos años que, de viaje por el mejor país, me compré en la feria Tristán Narvaja esta novela del lamentablemente no tan conocido genio uruguayo del piano y el juego de palabras que muchos sólo recuerdan por "Zanguango", tornándolo a él, en ese acto de recordación parcial, un one hit wonder medio berreta (aunque el tema es muy bueno). Cuestión que en ese entonces habrá sido que no sólo lo compré, sino que además lo leí, íntegro en lo que respecta a la parte escrita por el autor. PERO, el libro tiene un texto al fondo de la novela, intitulado "Trílogo" y escrito por otra persona (un tal Fernando Andacht), que es un análisis de unas cuarenta páginas en letra muy chiquita de la obra de Maslíah. Un análisis que podríamos llamar serio, académico. Uno (yo) viene de leer una novela más bien escatológica y de humor facilón, con mucha referencia al miembro viril y bastante a la genitalidad femenina, y de pronto se topa con ese coso. El problema no es ese igual, sino mi TOC que me obliga (obligaba, me liberé) a terminar los libros enteros, de pe a pa, de una tapa a la otra, para luego reseñarlos en este espacio y darlos por concluidos, y como el "Trílogo" ese era infumable nunca terminé el libro y quedó durante muchos años en la pila de libros inconclusos que reina (reinaba, me liberé: algunos hasta los vendí recientemente) a un costado de mi cama. Así que ahora, en tren de liberación, decidí releerlo, sin someterme a leer el paratexto ese horrible, y de ese modo reseñarlo ahora y guardarlo con sus amigos libros en el estante de los libros leídos. Success.

2.
Mentirillas, entonces, es una novela de Leo Maslíah publicada en 1993. Empieza como un policial negro, con un personaje entrando en la oficina de un detective para plantearle un caso, y como en ese género literario el protagonista va encontrándose en su camino con distintos personajes peligrosos que lo golpean en un callejón o cosas así. El chiste en este caso es la acumulación: durante los 38 capítulos el protagonista recibe innumerables nuevas golpizas, balazos, cuchillazos, entre otros, que lo van dejando cada vez en peor estado. El otro chiste es el del título: cada cierto lapso de páginas el narrador pide disculpas porque tiene que confesar que tal o cual hecho narrado no es verdad, o tal o cual personaje nunca existió, etc. Y después está el argumento absurdo, que disfrazado de policial hace lo que se le canta, y el humor constante, que como dijo una vez mi santo padre, "es insoportablemente ingenioso" (lo dijo literalmente, es decir, es demasiado, ya no es soportable). Antes dije que Leo Maslíah es un genio, y lo sostengo, pero eso no significa que todo lo que hace sea bueno (y es que hace demasiado, la verdad). Además de que el humor es tan permanente que se gasta, hay demasiadas situaciones que por ahí eran graciosas en el '93 pero que hoy son desagradables y machistas, chistes que hoy con el cambio de época ya no serían leídos como chistes por unx lectorx que simplemente quiera leer la novela y reírse sin un segundo nivel de análisis. Así que la novela es divertida al comienzo, nada más, después es pasable como lectura en el baño merced a la brevedad y liviandad de sus capítulos.

3.
Dos partes que necesito compartir con ustedes y listo:
Nunca supe exactamente lo que significa la palabra "camastro", pero ella se adecúa musicalmente bien al lugar que Lucy usaba para dormir, y sobre el que estaba leyendo a Sartre cuando yo llegué.
- Lo empecé esta mañana y ya casi lo terminé -dijo.
Tenía la vista fija en los anteojos redondos del filósofo. Luego miró su frente y su escaso cabello.
- Ta -dijo. Terminé.
Y la otra, Nóbel de literatura para este hombre por este párrafo por favor:
Entré al baño a ver si podía recuperar mi reloj; pero en la zona visible del desagüe sólo podía apreciarse la presencia de una estupenda pieza fecal.
- Podrías tirar la cadena de vez en cuando -dije a mi mujer.
- No tengo por qué tirar yo la cadena cuando vos sos el que caga -contestó ella.
Me acosté, ofuscado.
Creo que "estupenda pieza fecal" es lo mejor que leí en mucho tiempo.

domingo, 11 de febrero de 2018

Siete casas vacías, de Samanta Schweblin

1.
Ya publicó cuatro libros esta mujer multipremiada, de los cuales yo había leído solo el primero, El núcleo del disturbio (2002, cuentos). Le siguieron Pájaros en la boca (2009, cuentos también) y Distancia de rescate (2014, novela), y ahora éste, Siete casas vacías (2015), por el que obtuvo un premio español, el Premio Internacional Narrativa Breve Ribera del Duero. La edición tiene en la tapa y en la contratapa los palmarés del concurso que ganó, como si fuera el afiche de una película. Me parece medio feo eso.

2.
Son siete cuentos, como el título del libro indica, y en los siete hay casas, más o menos vacías. En todos hay padres e hijos, en todos pasa algo con la ropa -abuelos desnudos en el patio, ropa de hijos muertos, mujeres que salen en bata a la calle, nenas sin bombacha en hospitales-, en todos aparece la locura. Todos empiezan in media res, en todos se nos retacea información y la maestría de la Schweblin, orfebra ella, está en el desenvolvimiento del rollo, en cómo lo enrolló y en cómo lo desenvuelve. El primero, el que más me gustó, se llama "Nada de todo esto". Lo leí dos veces el día que lo leí: la segunda en voz alta. No puedo contarles nada sin espoilearlo, porque la gracia está en cómo está escrito y en cómo vas entendiendo las razones de los personajes. El segundo que más me gustó se llama "Un hombre sin suerte" y me hizo reír en voz alta en el bondi. Empieza así:
El día que cumplí ocho años, mi hermana -que no soportaba que dejaran de mirarla un solo segundo- se tomó de un saque una taza entera de lavandina. Abi tenía tres años.
Papá, mamá y las dos nenas se suben al auto y corren al hospital, y a la cumpleañera se le requiere su bombacha, blanca, que flamea por la ventana del auto en señal de urgencia. El foco, el punto de vista, es el de la cumpleañera, que ahora está sola y sin bombacha en la sala de espera de un hospital.

3.
Samanta Schweblin vive en Berlín, donde da un taller literario en español. En los primeros cuentos del libro pareciera haberse internacionalizado: los barrios de casas con jardín delantero en los que suceden las historias podrían ser tanto del conurbano bonaerense como de los suburbios de cualquier lado del mundo globalizado. Pero después sorpresivamente, los tres cuentos finales, que tienen un entorno más urbano, sueltan referencias explícitas a la Ciudad de Buenos Aires: la estación Carranza, el barrio de Chacarita... No sé si es importante este detalle, pero por algún motivo me llamó la atención.

4.
El libro me ha gustado. Es un buen libro-regalo, de esos que por su factura sabemos que más o menos debería gustar a todx lectorx medio. Y se lee en un pedo. Bueno, eso.

lunes, 22 de enero de 2018

La uruguaya, de Pedro Mairal

1.
Creí que encaraba el libro con buena disposición, pero ahora me doy cuenta que en realidad era expectativa y exigencia, para el autor del libro que me parece mejor de todos los libros argentinos del 2000 para acá, El año del desierto. Así que al principio algo no me cerraba, como una vacuidad en la historia que no me alcanzaba (El año del desierto es épico). La premisa de La uruguaya es la siguiente: un escritor, Lucas, viaja de Buenos Aires a Montevideo por el día en plena época del llamado cepo cambiario, para traer unos cuantos miles de dólares que cobrará como adelanto por un trabajo para el exterior. Primera razón de conflicto: Lucas va a hacer algo ilegal: contrabandear dinero, evadir impuestos. Y andar con mucha plata encima. Pero además, como sabemos casi de inmediato, Lucas se va a encontrar en Montevideo con una amante, o una casi amante, Guerra, la uruguaya del título. Segunda razón de conflicto. En casa quedan la mujer, Catalina, y el hijo Maiko. Catalina, que seguramente también transgrede los límites de la monogamia. Esos son, desplegados, todos los elementos que van a jugar en la novela. Una novela corta, escasas 167 páginas en letra enorme, que se lee como era esperable al ritmo vertiginoso de una historia que transcurre en un día solo, entre una mañana y una noche, entre un Buquebús y otro: una historia de una ida y una vuelta, como El Hobbit pero sin anillo. 

2.
En realidad hay un elemento más: el libro está escrito en segunda persona, de Lucas para Cata, como una carta, o como un e-mail. Esta es la papa, pero está tan bien utilizado que te vas a olvidar y cuando te quieras acordar: chapeaux, Monsieur Mairal. Aún habiendo leído esto. Porque como Hitchcock, Mairal deja que el lector confirme una sospecha, sólo para sorprender en la siguiente curva.

3.
El libro me gustó mucho, y creo que a todxs les puede gustar. Me embolaron un poco las demasiadas referencias filo-uruguayas progre (Fernando Cabrera, Tiranos Temblad, el Pepe), pero no dejé de identificarme. Lo leí de una sentada, en un micro de larga distancia. Tiene muchos más puntos de contacto con Una noche con Sabrina Love, primera novela de Pedro y única otra que leí, que con El año del desierto, digo esto como una constatación nomás porque Una noche me encantó también. Gran libro para vacaciones. Muchos aleschonfelds.

domingo, 21 de enero de 2018

Contra el fanatismo, de Amós Oz

1.
Lo tengo hace años y años. Ahora que lo quise vender, y me lo compraron, lo leí a las apuradas antes de entregarlo, porque me entró la curiosidad. Está bueno.

2.
Son tres ensayos, o más bien discursos, que da Amós Oz en 2001 y 2002 en Alemania: "Sobre la naturaleza del fanatismo", "Sobre la necesidad de llegar a un compromiso y su naturaleza" y "Sobre el goce de escribir y el compromiso". En los tres habla del conflicto palestino-israelí, pero no solamente. Amós Oz nació en la por entonces colonia británica de Palestina, en la ciudad de Jerusalén, en 1939, de padres europeos escapados del nazismo y de la guerra, y es uno de los escritores israelíes más conocidos, más traducidos y de más larga trayectoria. Ideológicamente se ubica a la izquierda del espectro político israelí. Es uno de los fundadores del movimiento Shalom Ajshav, conocido también como Paz Ahora, que lucha por la llamada "Solución de dos Estados" desde la década del '70 y un poco antes. La historia de Israel, sus guerras y sus conflictos territoriales es larga y este no es el lugar adecuado para exponerla, pero mi opinión se acerca a la de este resumen histórico sobre el asunto. De Amós Oz había leído algún cuento nomás. 

3.
El primer ensayo habla sobre el fanatismo, en general. Aplicado al conflicto palestino-israelí, pero en general. El fanatismo de los israelíes de derecha, de los palestinos intransigentes, de los yijadistas, de los belicistas en general, pero también el fanatismo de los ecologistas, los vegetarianos, y otros progres. "Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar", dice Amós.

4.
El segundo ensayo habla más específicamente del tema de Israel y Palestina, y cómo debería ser su solución, para Amós. Dice que amor y paz no son términos que deban ir de la mano. Que lo que espera entre palestinos e israelíes no es que se logre el amor, sino la paz. "En caso de esperar algo, se trataría más bien de un divorcio limpio y justo entre Israel y Palestina. Y los divorcios nunca son felices". 

5.
El tercer y último ensayo habla del oficio del escritor, aunque como excusa para hablar también del conflicto palestino-israelí. Lo mejor en todos los textos, son las anécdotas. Es bueno contando historias Amós Oz. El libro en castellano es ridículamente caro porque está editado por Siruela. No hay relación precio-producto. No lo compren nuevo, ese es mi consejo, no lo vale. Pero está bien.

viernes, 19 de enero de 2018

La muerte del padre o Mi lucha: 1, de Karl Ove Knausgård

1.
Hace mucho venía queriendo leer este libro. Me lo recomendaron muchos amigos criteriosos. Lo que sabía era más o menos esto: un escritor escandinavo de mediana edad está haciendo su autobiografía en varios tomos en base a nada, a una vida anodina de escritor, que no era exitoso hasta la aparición de esta saga. Lleva escritos seis gruesos tomos (creo que se piensa quedar ahí). Y el chiste que remata la cosa es que el título de la saga es Mi lucha, como el libro de Hitler. Es bueno el chiste. La muerte del padre es el título que le puso Anagrama a este primer tomo porque era mucho para ellos poner en tapa Mi lucha: 1, así sin más, que es el título original (en noruego, Min Kamp, Forste Bok).

2.
Sin embargo el título en español no está mal puesto: la novela, que se puede leer perfectamente como un todo autoconclusivo, trata de la relación de Karl Ove con su padre, y de la muerte del mismo. Y de muchas otras cosas más, pero sobre todo de eso. ¿Y por qué está buena? Para empezar, no está tan buena. No me voló la peluca. La novela tiene principalmente dos tiempos de la narración: el presente o la adultez de Karl Ove, y la infancia evocada. En realidad, la infancia, la adolescencia, la juventud, varias etapas de la vida de Karl Ove, evocadas en la tradición de Marcelito Proust, a quien sigo sin haber leído. Pero la que me emboló fue la infancia. Esperaba que se terminara rápido para que siguiera la parte divertida (es una forma de decir): la del adulto oscuro y medio mal padre mal marido mal todo que vive con las consecuencias de ser el hijo de su padre, un mal padre. El libro a su vez está dividido en dos partes. La segunda parte comienza con la noticia de la muerte del quetejedi, y sigue más o menos linealmente los preparativos para el entierro: el viaje de Karl Ove y su hermano a la ciudad natal, la limpieza palmo a palmo de una casa arrasada por el enquistamiento de un alcohólico como rito de depuración, el encuentro con la abuela senil y algo siniestra. Con la parte de la limpieza Karl Ove entra triunfal en la raza de los escritores que ponen muchos nombres de marcas en sus libros, como Houellebecq, su amigo publicista Beigbeder, y el mejor de todos en la lisa, Bret Easton Ellis. No sabía que el Cif era universalmente Cif. Qué producto más noble.

3.
Bueno, no está 100% buena, decía, pero sí está un, pongámosle, 78% buena, la novela. El tono a la vez minimalista e intimista del relato, de drama cotidiano, que al principio resulta un poco parsimonioso, después se vuelve código y el libro se lee no diría que rápido tipo droga, pero si a paso firme y de a muchas páginas por vez. Es interesante ir descubriendo los distintos Karl Ove que se van entrelazando en el relato según la edad que tiene el protagonista en cada momento (aunque el presente de la enunciación es uno solo, el del Karl Ove cuarentón, que escribe en 2008, tiene tres hijos, está casado en segundas nupcias, y tiene varios libros escritos de los que nada sabremos ni en el libro ni probablemente nunca más). Y sobre todo, tiene algunos momentos brillantes, más bien periféricos al relato, en los que reflexiona sobre cosas cualquieras con un grado de profundidad jodido: últimamente me surgió un par de veces aportar en una conversación algo que "no me acuerdo dónde lo leí" y al final era acá, en este libro generalista que se llama Mi Lucha Primera Parte. Me dijo Erwin que el dos está buenísimo, el tres muy aburrido, el cuatro levanta, el cinco buenísimo y el seis no sabemos aún. Se verá.

Está medio fuerte Karl Ove.