viernes, 2 de marzo de 2018

¡Háblame de amor!, de Aline y Robert Crumb


1.
Hace meses reseñé este libro: The complete Dirty Laundry collection, de Robert Crumb, Aline Kominsky-Crumb y Sophie Crum. Lo había comprado en Chile, nuevo pero usado, o usado pero nuevo, en inglés, una masa (qué término en desuso, una masa). SÓLO MÁS TARDE descubrí que el coso estaba editado en castellano, y que a la edición de 1993 que yo supe agenciarme en el país vecino se le habían ido agregando otros muchos varios distintos trabajos en colaboración del famoso Robert Crumb y su menos famosa señora esposa Aline Kominsky, de apellido adoptado Crumb (no es muy anti-patriarcal, Aline, a pesar de que todo lo que hace grita feminismo: es como Moria Casán en ese sentido). Cuestión que mi amiga Andi tenía esto, ¡Háblame de amor!, la edición en castellano de Drawn Together (2011) -que es un juego de palabras intraducible entre "dibujados" y "ahogados"-, y entonces se lo pedí y agarré y zácate leí lo que había desde el '93 para acá (porque todo el comienzo del tomo es exactamente el mismo contenido que el de la recopilación del '93). 

2.
Hay una historieta muy buena que se llama "A day in the life", en el que en vez de dibujar los dos en todos los cuadritos, dibujaron una mitad completa uno y la otra, la otra. Después hay otra historieta increíble de 1997 que se llama "A Couple A'Nasty, Raunchy Old Things" y que tiene "cameos" de otros historietistas que también se dibujan a sí mismos (uno es Art Spiegelman, y el otro un tal Charles pero no pude sacar Charles qué). También me gustaron mucho las historietas de tres páginas -A TODO COLOR- que salieron originalmente en The New Yorker entre 2003 y 2004 como crónicas dibujadas. Hay una que es un flash, en la que Robert y Aline cubren para la revista el Festival de Cannes de ese año. La historieta se titula "Harvey and Me", y el Harvey del título es Weinstein, el que ahora está en juicio por los abusos sexuales a las actrices y trabajadoras de Hollywood. Lo loco es que, quince años antes de todo esto, Aline diga que quiere conocer a Harvey porque tiene que "enfrentarse al corazón de las tinieblas". También es divertido que Aline hace la lista de películas que quiere ver en el festival, y entre otras está La niña santa de Lucrecia Martel, viva la patria.

3.
El libro es lo más, ellos son muy queribles (e ideológicamente complejos), y después de terminar el libro me bajé y vi finalmente esa peli que pasaban tanto en I-Sat, Crumb (1994) de Terry Zwigoff. Está buena.

miércoles, 28 de febrero de 2018

, de Thomas Bernhard

1.
Hay un hecho incontrovertible, y es que nunca se va a terminar la lista de escritores sobre los cuales a unx le pueden decir con indignación: "¿cómo no lo leíste?". Ni la de escritores, ni menos la de libros, como tampoco la de películas y etc. Bernhard parece que es de esos que cómo no lo leíste. Yo recién llego, vi luz y entré, a través del tomito de la coleccioncita de Anagrama y Página/12 que salió hace ya varios años, durante el régimen populista anterior que mantenía el dólar artificialmente asequible y subsidiaba a empresas como La Página S.A., permitiéndome a mí, años después, leer a Bernhard. 

2.
El libro es de 1978 y se llama , o sea Ja (léase ), es breve en cantidad de páginas pero prolífico en cantidad de caracteres y utiliza un modus que pocos años después le copió, a sabiendas o no, nuestro compatriota y mi querido José Pablo Feinmann, también conocido como "el Feinmann bueno", en la espectacular novela La astucia de la razón (1990), que yo leí a instancias de mi primo poco antes de que este blog conociera la luz de la Internet. ¿Cuál es el modus? Tanto Bernhard como Feinmann cuentan la historia de un neurótico desde la óptica de un neurótico, y plasman en la escritura la forma de razonar de un neurótico. En La astucia de la razón (que leí hace años y que recuerdo como se me canta) el protagonista era un paranoico y un obsesivo (con un cáncer en los huevos) y los párrafos eran capicúa, es decir, empezaban y terminaban con la misma idea, lo que volvía a la novela una lectura primero enervante y luego enloquecedora (pero no podías parar). En la operación es distinta: está la repetición de los conceptos, como en La astucia, pero lo que llama la atención especialmente es la extensión de las oraciones, que en algunos casos llegan a tener páginas, y sobre todo de los párrafos, que llegan a tener decenas de páginas. A priori se diría que no puede ser bueno eso: una oración de varias páginas. Sin embargo, el estilo es tan perfecto, están tan bien armadas las oraciones infinitas, que lxs lectorxs terminamos entrando en los cabales del personaje y de la novela. 

3.
La trama no tiene mayor importancia, a mí entender. El protagonista, un científico que se retiró del mundo a una comarca rural para que nada lo perturbe, se siente cada vez más aislado, ya no puede hacer nada, sufre la soledad y la estupidez que lo rodean, y tras estar tres meses encerrado en su casa sale a encontrarse con el único humano con el que se vincula, Moritz, el agente inmobiliario, pero algo cambia cuando en casa de Moritz conoce a los Suizos, y en especial a la Persa, mujer del Suizo, y atisba una solución a su soledad y con ella a su enfermedad mental. Al momento que lo encontramos está escribiendo, tratando de traducir en texto lo que le pasó con la Persa, por lo que el estilo neurótico del texto responde a que su autor sería el propio protagonista: es decir, no es un monólogo interior, sino una suerte de descargo emocional lo que estamos leyendo. Es impresionante cómo Bernhard construye la historia a través de las repeticiones, entre las que cada vez se cuelan más informaciones nuevas, y cómo esas apariciones de lo antes sólo aludido van intensificando la atención nuestra como lectorxs. Bernhard parece ser muito capo. 

5.
En los días que leí esta novela empecé a salir con un lápiz, porque es re subrayable. Va una cita (p. 69) y chau:
Nos hemos resignado con el hecho de que, aunque la mayor parte del tiempo en contra de nuestra voluntad, tenemos que existir, porque no nos queda otro remedio y sólo porque una y otra vez, cada día y cada minuto nos resignamos de nuevo a ello, podemos continuar. Y hacia dónde avanzamos, si somos sinceros, nos es conocido, hacia la muerte, pero la mayor parte del tiempo nos guardamos de confesarlo. Y por esa conciencia de no hacer otra cosa que ir hacia la muerte y porque sabemos lo que eso significa, intentamos disponer de todos los medios posibles para apartarnos de ese conocimiento y así no vemos en este mundo, si miramos bien, más que personas ocupadas continua y perpetuamente en ese apartamiento. Ese proceso, que es en todos el proceso principal, debilita y acelera lógicamente todo el desarrollo hacia la muerte. (...) Todas esas personas, cualesquiera que sean, están dominadas por ese proceso, el de apartarse de la muerte que en todos los casos tienen delante, había pensado. Todo en todos los hombres no es otra cosa que apartamiento de la muerte.

martes, 20 de febrero de 2018

El bigote, de Emmanuel Carrère

1.
Este es uno de los mejores libros que leí en lo que va del año (estoy escribiendo en junio ya: la fecha de esta publicación corresponde a la fecha en la que lo terminé de leer y mi cabeza explotó). Después corrí a conseguirme (prestado, macrisis) el que todxs leyeron de Carrère, Limonov, que ahí lo tengo aún intacto (pero ya le va a llegar el turno). 

2.
No sé nada de Carrère, pero al cabo que no me importa. Este libro es de 1986, y Limonov del 2011, así que deducimos que es un escritor de larga vigencia. El bigote es una novela de terror psicológico, de menos de 200 páginas (lo leí prestado y lo devolví, esta es una reseña de memoria), que le re hubiera gustado escribir a Alan Pauls (bueno, y a mí también, pero específicamente diría que Alan Pauls quiere ser Emmanuel Carrère, por el final de El pasado, por su trilogía de libritos Historia del pelo y del llanto y el otro que no leí; también quiere ser Thomas Bernhard pero eso es más común supongo, aunque yo haya llegado re tarde a Bernhard, véase una reseña de más adelante). Perdón la digresión: volvamos. El bigote, Emmanuel Carrère, 1986. Un hombre se levanta a la mañana y se afeita el bigote que lleva hace décadas entre la nariz y el labio superior, o sea donde va el tegobi. Lo hace como una travesura, para sorprender a la jermu, pero cuando la jermu llega no se da cuenta de nada, o finge no darse cuenta de nada. La única posibilidad es que se esté haciendo la boluda para contraatacar su travesura, entonces él le sigue el juego. ¿O no es la única posibilidad? ¿Tenía él, acaso, tegobi? El nivel de desesperación al que llegás, vos con el personaje, es INCREÍBLE. Y cuando se estaba por agotar el recurso, hay un GIRO INESPERADO que te la re sube y todo se vuelve muy Amélie Nothomb. Si te gusta Amélie Nothomb te gustará El bigote. Ya probaste el chiquito, ahora probá el grandote. Ah, está etiquetado "droga" porque no lo podés dejar. Tuve que volver una y otra vez hasta que lo terminé. AMÉ. Tiene versión cinematográfica francesa de 2005, no la quiero ver. Fin.

domingo, 18 de febrero de 2018

Intimidad, de Hanif Kureishi

1.
Hanif es un inglés de origen pakistaní. Intimacy es una novela de 1998. En la tapa de Anagrama hay una foto de la película de 2001 con los rostros de Mark Rylance y Kerry Fox que vendrían a ser les ignotes protagonistas. Por algún motivo la película se trata de cualquier otra cosa, y qué esperar si la novela es un monólogo interno que transcurre en un acotado período de tiempo: una noche, exactamente. "Esta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré", empieza la novela. Jay, el protagonista de la historia, baña a sus hijos bebés, recuerda cosas, reflexiona acerca del amor y la intimidad, se pasea por la casa mientras piensa. No es muy filmable.

2.
Decía que Jay quiere dejar a su mujer. Mañana por la mañana. Con dos hijos. Llevarse sus cosas y abandonar la casa. Durante la primera mitad de la muy breve novela, parece seguro que Jay se va a ir, y es difícil empatizar con un sujeto tan egoísta, en una narración tan estática. Pero de golpe, no queda tan claro si lo va a hacer o no. Y de golpe, empiezan a pasar cosas, no sólo en el plano de los recuerdos, sino también en el tiempo de la narración, esa noche real en la que Jay no sabe lo que va a hacer. Gana un interés inusitado, la novela. La segunda mitad (son en total escasas 143 páginas en letra más bien grande) se lee de una sentada.

3.
Esto me gustó mucho (entre otras cosas). Por este tipo de reflexiones es que voy a colocar esta reseña bajo la etiqueta-galardón de autoayuda para intelectuales:
No resulta sorprendente que todo el mundo lo desee..., como si se hubiese conocido el amor anteriormente y apenas se pudiese recordar, pero uno se siente obligado a buscarlo sin pausa, como si fuese la única razón por la que mereciese la pena vivir. Sin amor, la mayor parte de la vida permanece apagada. Por desgracia, nada es tan fascinante como el amor.

Sé que el amor es un trabajo sucio; tienes que mancharte las manos. Si te mantienes a distancia, no sucede nada interesante. Además, debes encontrar la distancia adecuada entre las personas. Si están demasiado cerca, te aplastan; si están demasiado lejos, te abandonan. ¿Cómo mantenerlos en la situación adecuada?

Es fascinante ver cómo en las relaciones más sólidas, incluso después de años de convivencia, determinados aspectos ocultos de las personas afloran de pronto, como en una excavación arqueológica. Hay mucho que explorar y comprender. Con el resto de la gente, en cambio, uno sólo puede darse la vuelta, aburrido.
Quiero decir algo: las cosas son así, y punto.

martes, 13 de febrero de 2018

Mentirillas, de Leo Maslíah

1.
Hace ocho y nueve años leí algunos libros de Leo Maslíah, que reseñé en su momento (porque este blog tiene casi diez años ya, zarpado). Habrá sido por esos años que, de viaje por el mejor país, me compré en la feria Tristán Narvaja esta novela del lamentablemente no tan conocido genio uruguayo del piano y el juego de palabras que muchos sólo recuerdan por "Zanguango", tornándolo a él, en ese acto de recordación parcial, un one hit wonder medio berreta (aunque el tema es muy bueno). Cuestión que en ese entonces habrá sido que no sólo lo compré, sino que además lo leí, íntegro en lo que respecta a la parte escrita por el autor. PERO, el libro tiene un texto al fondo de la novela, intitulado "Trílogo" y escrito por otra persona (un tal Fernando Andacht), que es un análisis de unas cuarenta páginas en letra muy chiquita de la obra de Maslíah. Un análisis que podríamos llamar serio, académico. Uno (yo) viene de leer una novela más bien escatológica y de humor facilón, con mucha referencia al miembro viril y bastante a la genitalidad femenina, y de pronto se topa con ese coso. El problema no es ese igual, sino mi TOC que me obliga (obligaba, me liberé) a terminar los libros enteros, de pe a pa, de una tapa a la otra, para luego reseñarlos en este espacio y darlos por concluidos, y como el "Trílogo" ese era infumable nunca terminé el libro y quedó durante muchos años en la pila de libros inconclusos que reina (reinaba, me liberé: algunos hasta los vendí recientemente) a un costado de mi cama. Así que ahora, en tren de liberación, decidí releerlo, sin someterme a leer el paratexto ese horrible, y de ese modo reseñarlo ahora y guardarlo con sus amigos libros en el estante de los libros leídos. Success.

2.
Mentirillas, entonces, es una novela de Leo Maslíah publicada en 1993. Empieza como un policial negro, con un personaje entrando en la oficina de un detective para plantearle un caso, y como en ese género literario el protagonista va encontrándose en su camino con distintos personajes peligrosos que lo golpean en un callejón o cosas así. El chiste en este caso es la acumulación: durante los 38 capítulos el protagonista recibe innumerables nuevas golpizas, balazos, cuchillazos, entre otros, que lo van dejando cada vez en peor estado. El otro chiste es el del título: cada cierto lapso de páginas el narrador pide disculpas porque tiene que confesar que tal o cual hecho narrado no es verdad, o tal o cual personaje nunca existió, etc. Y después está el argumento absurdo, que disfrazado de policial hace lo que se le canta, y el humor constante, que como dijo una vez mi santo padre, "es insoportablemente ingenioso" (lo dijo literalmente, es decir, es demasiado, ya no es soportable). Antes dije que Leo Maslíah es un genio, y lo sostengo, pero eso no significa que todo lo que hace sea bueno (y es que hace demasiado, la verdad). Además de que el humor es tan permanente que se gasta, hay demasiadas situaciones que por ahí eran graciosas en el '93 pero que hoy son desagradables y machistas, chistes que hoy con el cambio de época ya no serían leídos como chistes por unx lectorx que simplemente quiera leer la novela y reírse sin un segundo nivel de análisis. Así que la novela es divertida al comienzo, nada más, después es pasable como lectura en el baño merced a la brevedad y liviandad de sus capítulos.

3.
Dos partes que necesito compartir con ustedes y listo:
Nunca supe exactamente lo que significa la palabra "camastro", pero ella se adecúa musicalmente bien al lugar que Lucy usaba para dormir, y sobre el que estaba leyendo a Sartre cuando yo llegué.
- Lo empecé esta mañana y ya casi lo terminé -dijo.
Tenía la vista fija en los anteojos redondos del filósofo. Luego miró su frente y su escaso cabello.
- Ta -dijo. Terminé.
Y la otra, Nóbel de literatura para este hombre por este párrafo por favor:
Entré al baño a ver si podía recuperar mi reloj; pero en la zona visible del desagüe sólo podía apreciarse la presencia de una estupenda pieza fecal.
- Podrías tirar la cadena de vez en cuando -dije a mi mujer.
- No tengo por qué tirar yo la cadena cuando vos sos el que caga -contestó ella.
Me acosté, ofuscado.
Creo que "estupenda pieza fecal" es lo mejor que leí en mucho tiempo.

domingo, 11 de febrero de 2018

Siete casas vacías, de Samanta Schweblin

1.
Ya publicó cuatro libros esta mujer multipremiada, de los cuales yo había leído solo el primero, El núcleo del disturbio (2002, cuentos). Le siguieron Pájaros en la boca (2009, cuentos también) y Distancia de rescate (2014, novela), y ahora éste, Siete casas vacías (2015), por el que obtuvo un premio español, el Premio Internacional Narrativa Breve Ribera del Duero. La edición tiene en la tapa y en la contratapa los palmarés del concurso que ganó, como si fuera el afiche de una película. Me parece medio feo eso.

2.
Son siete cuentos, como el título del libro indica, y en los siete hay casas, más o menos vacías. En todos hay padres e hijos, en todos pasa algo con la ropa -abuelos desnudos en el patio, ropa de hijos muertos, mujeres que salen en bata a la calle, nenas sin bombacha en hospitales-, en todos aparece la locura. Todos empiezan in media res, en todos se nos retacea información y la maestría de la Schweblin, orfebra ella, está en el desenvolvimiento del rollo, en cómo lo enrolló y en cómo lo desenvuelve. El primero, el que más me gustó, se llama "Nada de todo esto". Lo leí dos veces el día que lo leí: la segunda en voz alta. No puedo contarles nada sin espoilearlo, porque la gracia está en cómo está escrito y en cómo vas entendiendo las razones de los personajes. El segundo que más me gustó se llama "Un hombre sin suerte" y me hizo reír en voz alta en el bondi. Empieza así:
El día que cumplí ocho años, mi hermana -que no soportaba que dejaran de mirarla un solo segundo- se tomó de un saque una taza entera de lavandina. Abi tenía tres años.
Papá, mamá y las dos nenas se suben al auto y corren al hospital, y a la cumpleañera se le requiere su bombacha, blanca, que flamea por la ventana del auto en señal de urgencia. El foco, el punto de vista, es el de la cumpleañera, que ahora está sola y sin bombacha en la sala de espera de un hospital.

3.
Samanta Schweblin vive en Berlín, donde da un taller literario en español. En los primeros cuentos del libro pareciera haberse internacionalizado: los barrios de casas con jardín delantero en los que suceden las historias podrían ser tanto del conurbano bonaerense como de los suburbios de cualquier lado del mundo globalizado. Pero después sorpresivamente, los tres cuentos finales, que tienen un entorno más urbano, sueltan referencias explícitas a la Ciudad de Buenos Aires: la estación Carranza, el barrio de Chacarita... No sé si es importante este detalle, pero por algún motivo me llamó la atención.

4.
El libro me ha gustado. Es un buen libro-regalo, de esos que por su factura sabemos que más o menos debería gustar a todx lectorx medio. Y se lee en un pedo. Bueno, eso.

lunes, 22 de enero de 2018

La uruguaya, de Pedro Mairal

1.
Creí que encaraba el libro con buena disposición, pero ahora me doy cuenta que en realidad era expectativa y exigencia, para el autor del libro que me parece mejor de todos los libros argentinos del 2000 para acá, El año del desierto. Así que al principio algo no me cerraba, como una vacuidad en la historia que no me alcanzaba (El año del desierto es épico). La premisa de La uruguaya es la siguiente: un escritor, Lucas, viaja de Buenos Aires a Montevideo por el día en plena época del llamado cepo cambiario, para traer unos cuantos miles de dólares que cobrará como adelanto por un trabajo para el exterior. Primera razón de conflicto: Lucas va a hacer algo ilegal: contrabandear dinero, evadir impuestos. Y andar con mucha plata encima. Pero además, como sabemos casi de inmediato, Lucas se va a encontrar en Montevideo con una amante, o una casi amante, Guerra, la uruguaya del título. Segunda razón de conflicto. En casa quedan la mujer, Catalina, y el hijo Maiko. Catalina, que seguramente también transgrede los límites de la monogamia. Esos son, desplegados, todos los elementos que van a jugar en la novela. Una novela corta, escasas 167 páginas en letra enorme, que se lee como era esperable al ritmo vertiginoso de una historia que transcurre en un día solo, entre una mañana y una noche, entre un Buquebús y otro: una historia de una ida y una vuelta, como El Hobbit pero sin anillo. 

2.
En realidad hay un elemento más: el libro está escrito en segunda persona, de Lucas para Cata, como una carta, o como un e-mail. Esta es la papa, pero está tan bien utilizado que te vas a olvidar y cuando te quieras acordar: chapeaux, Monsieur Mairal. Aún habiendo leído esto. Porque como Hitchcock, Mairal deja que el lector confirme una sospecha, sólo para sorprender en la siguiente curva.

3.
El libro me gustó mucho, y creo que a todxs les puede gustar. Me embolaron un poco las demasiadas referencias filo-uruguayas progre (Fernando Cabrera, Tiranos Temblad, el Pepe), pero no dejé de identificarme. Lo leí de una sentada, en un micro de larga distancia. Tiene muchos más puntos de contacto con Una noche con Sabrina Love, primera novela de Pedro y única otra que leí, que con El año del desierto, digo esto como una constatación nomás porque Una noche me encantó también. Gran libro para vacaciones. Muchos aleschonfelds.

domingo, 21 de enero de 2018

Contra el fanatismo, de Amós Oz

1.
Lo tengo hace años y años. Ahora que lo quise vender, y me lo compraron, lo leí a las apuradas antes de entregarlo, porque me entró la curiosidad. Está bueno.

2.
Son tres ensayos, o más bien discursos, que da Amós Oz en 2001 y 2002 en Alemania: "Sobre la naturaleza del fanatismo", "Sobre la necesidad de llegar a un compromiso y su naturaleza" y "Sobre el goce de escribir y el compromiso". En los tres habla del conflicto palestino-israelí, pero no solamente. Amós Oz nació en la por entonces colonia británica de Palestina, en la ciudad de Jerusalén, en 1939, de padres europeos escapados del nazismo y de la guerra, y es uno de los escritores israelíes más conocidos, más traducidos y de más larga trayectoria. Ideológicamente se ubica a la izquierda del espectro político israelí. Es uno de los fundadores del movimiento Shalom Ajshav, conocido también como Paz Ahora, que lucha por la llamada "Solución de dos Estados" desde la década del '70 y un poco antes. La historia de Israel, sus guerras y sus conflictos territoriales es larga y este no es el lugar adecuado para exponerla, pero mi opinión se acerca a la de este resumen histórico sobre el asunto. De Amós Oz había leído algún cuento nomás. 

3.
El primer ensayo habla sobre el fanatismo, en general. Aplicado al conflicto palestino-israelí, pero en general. El fanatismo de los israelíes de derecha, de los palestinos intransigentes, de los yijadistas, de los belicistas en general, pero también el fanatismo de los ecologistas, los vegetarianos, y otros progres. "Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar", dice Amós.

4.
El segundo ensayo habla más específicamente del tema de Israel y Palestina, y cómo debería ser su solución, para Amós. Dice que amor y paz no son términos que deban ir de la mano. Que lo que espera entre palestinos e israelíes no es que se logre el amor, sino la paz. "En caso de esperar algo, se trataría más bien de un divorcio limpio y justo entre Israel y Palestina. Y los divorcios nunca son felices". 

5.
El tercer y último ensayo habla del oficio del escritor, aunque como excusa para hablar también del conflicto palestino-israelí. Lo mejor en todos los textos, son las anécdotas. Es bueno contando historias Amós Oz. El libro en castellano es ridículamente caro porque está editado por Siruela. No hay relación precio-producto. No lo compren nuevo, ese es mi consejo, no lo vale. Pero está bien.

viernes, 19 de enero de 2018

La muerte del padre o Mi lucha: 1, de Karl Ove Knausgård

1.
Hace mucho venía queriendo leer este libro. Me lo recomendaron muchos amigos criteriosos. Lo que sabía era más o menos esto: un escritor escandinavo de mediana edad está haciendo su autobiografía en varios tomos en base a nada, a una vida anodina de escritor, que no era exitoso hasta la aparición de esta saga. Lleva escritos seis gruesos tomos (creo que se piensa quedar ahí). Y el chiste que remata la cosa es que el título de la saga es Mi lucha, como el libro de Hitler. Es bueno el chiste. La muerte del padre es el título que le puso Anagrama a este primer tomo porque era mucho para ellos poner en tapa Mi lucha: 1, así sin más, que es el título original (en noruego, Min Kamp, Forste Bok).

2.
Sin embargo el título en español no está mal puesto: la novela, que se puede leer perfectamente como un todo autoconclusivo, trata de la relación de Karl Ove con su padre, y de la muerte del mismo. Y de muchas otras cosas más, pero sobre todo de eso. ¿Y por qué está buena? Para empezar, no está tan buena. No me voló la peluca. La novela tiene principalmente dos tiempos de la narración: el presente o la adultez de Karl Ove, y la infancia evocada. En realidad, la infancia, la adolescencia, la juventud, varias etapas de la vida de Karl Ove, evocadas en la tradición de Marcelito Proust, a quien sigo sin haber leído. Pero la que me emboló fue la infancia. Esperaba que se terminara rápido para que siguiera la parte divertida (es una forma de decir): la del adulto oscuro y medio mal padre mal marido mal todo que vive con las consecuencias de ser el hijo de su padre, un mal padre. El libro a su vez está dividido en dos partes. La segunda parte comienza con la noticia de la muerte del quetejedi, y sigue más o menos linealmente los preparativos para el entierro: el viaje de Karl Ove y su hermano a la ciudad natal, la limpieza palmo a palmo de una casa arrasada por el enquistamiento de un alcohólico como rito de depuración, el encuentro con la abuela senil y algo siniestra. Con la parte de la limpieza Karl Ove entra triunfal en la raza de los escritores que ponen muchos nombres de marcas en sus libros, como Houellebecq, su amigo publicista Beigbeder, y el mejor de todos en la lisa, Bret Easton Ellis. No sabía que el Cif era universalmente Cif. Qué producto más noble.

3.
Bueno, no está 100% buena, decía, pero sí está un, pongámosle, 78% buena, la novela. El tono a la vez minimalista e intimista del relato, de drama cotidiano, que al principio resulta un poco parsimonioso, después se vuelve código y el libro se lee no diría que rápido tipo droga, pero si a paso firme y de a muchas páginas por vez. Es interesante ir descubriendo los distintos Karl Ove que se van entrelazando en el relato según la edad que tiene el protagonista en cada momento (aunque el presente de la enunciación es uno solo, el del Karl Ove cuarentón, que escribe en 2008, tiene tres hijos, está casado en segundas nupcias, y tiene varios libros escritos de los que nada sabremos ni en el libro ni probablemente nunca más). Y sobre todo, tiene algunos momentos brillantes, más bien periféricos al relato, en los que reflexiona sobre cosas cualquieras con un grado de profundidad jodido: últimamente me surgió un par de veces aportar en una conversación algo que "no me acuerdo dónde lo leí" y al final era acá, en este libro generalista que se llama Mi Lucha Primera Parte. Me dijo Erwin que el dos está buenísimo, el tres muy aburrido, el cuatro levanta, el cinco buenísimo y el seis no sabemos aún. Se verá.

Está medio fuerte Karl Ove.

viernes, 5 de enero de 2018

La noche más loca, de Ralf König

1.
De las tres historietas que me leí al hilo de Ralf König (véanse los dos posteos de aquí abajo), esta es la más triste. Es una historia de 1997, y el título mega imbécil que le pusieron en castellano, en complicidad con la tapa mega imbécil de la edición española de este cómic, reemplazan una tapa y un título mucho más acordes a su contenido en la versión original alemana: Safere Zeiten ("Tiempos más safe", es decir "Tiempos más seguros", siendo "Safe" la palabra en inglés que corresponde al concepto de "safe sex"; a la vez es un juego de palabras que resuena en títulos como Tiempos modernos: Moderne Zeiten). Se ve que los editores españoles decidieron que un cómic sobre los vericuetos de usar forro en el momento de auge de la epidemia de sida no iba a vender.


  

2.
Al igual que Lisístrata y El regreso del condón asesino (si es para hacer chistes parece que sí vale hablar de forros desde la tapa), Safere Zeiten es un relato encuadrado, en este caso dentro de dos marcos. El cómic empieza con una serie de cuadros de dibujo entre realista y pop art en el que dos megachongazos se están garchando fuerte. Una carilla después, comprobamos que las imágenes corresponden a una película porno, que el personaje protagónico Lote -ahora sí en el estilo de dibujo caricaturizado de Ralf König- está proyectando en Súper 8 en la pared de su departamento. Lote es interrumpido en pleno plan masturbatorio por su amigo Klaus, que lo viene a buscar para ir al cumpleaños de Jörg. La visita de Klaus dispara el relato de Lote sobre la última fiesta de Jörg, antes de la época del Safe Sex y del terror al sida, una verdadera orgía en la que Lote copuló (lluvia dorada incluida) con el holandés Willem: el flashback ocupa casi la mitad del libro, y resulta ser el segundo relato encuadrado de la historia. Tras el relato dentro del relato, Lote y Klaus van a la fiesta de Jörg, en la que nada es como antes del sida. El reencuentro entre Lote y Willem no resultará como antes de los Safere Zeiten, y finalmente Lote terminará en la última página, viendo de nuevo porno en Súper 8. Toda la historia está teñida de nostalgia, es un lamento por las consecuencias del virus en la sociabilidad gay europea, y resulta bastante triste. La historieta está buena. Ralf König es un maestro de la narración, ultra sencillo por otra parte. Espero que me presten otros títulos porque en mercado libre los precios son ridículamente elevados (salvo para este, que se consigue por $130 en este instante).

jueves, 4 de enero de 2018

Lisístrata, de Ralf König

1.
La historieta comienza con el público en el teatro. En eso, una pareja que viene buscando su asiento se instala en medio del plano, dándonos la espalda y de cara al escenario. Discuten porque ella quiere pasar un trapito en el asiento antes de que él apoye su túnica recién lavada. En eso, ella mira al frente, nos mira. "¡Vaya, qué sorpresa! Buenas tardes, ¿ustedes por aquí?". 

2.
Esta novela gráfica se lleva diez aleschonfelds. Es la segunda de Ralf König que leo (ver aquí abajo para la primera). La otra me gustó, pero esta es espectacular. Es una versión de la comedia griega homónima de Aristófanes, en la que las mujeres de Atenas hacen una huelga de sexo para forzar a sus maridos a firmar la paz con sus enemigos los espartanos (en la de Aristófanes los enemigos son otro pueblo). La pareja de espectadores del comienzo marca la transición entre cada uno de los siete actos, siempre en complicidad con el lector. La historia, plagada de anacronismos y virada hacia lo gay (Lisístrata y Lampito son lesbianas) se desvía de la original a través de lo que pasa en el bar gay de Atenas, el Adonis, en el que el travesti Hepatitos hace un plan para llevar a todos los hombres atenienses (que andan por ahí con sus penes erectos ya que "los heteros son muy ingenuos para hacerse una paja") a la homosexualidad. Es muy genial el acto 4to, en el que Hepatitos convence al ejército de su plan de homosexualidad forzosa ("no tiene nada que ver con ser maricones") y se suceden las escenas de los soldados teniendo que cumplir la orden. Como dije en la otra reseña, sospecho que simplemente llegué tarde a algo que ya conocían todxs, pero si no lo conocían y lo ven por ahí léanlo que se zarpa.  


sábado, 30 de diciembre de 2017

El regreso del condón asesino, de Ralf König

1.
Cerrando el año a puro golpe de calor y libros de historietas, hoy me leí en un rato de comienzo a fin esta novela gráfica del autor alemán Ralf König. Nunca lo había leído, a Ralf. Tengo otros dos libros suyos acá, seguramente los termine antes de 2018. 


2.
Llego re tarde, como veinte años tarde a este libro que es del '96, y seguro ya se dijo esto pero me escudo en mi ignorancia y digo que es como Fontanarrosa pero gay. Por el trazo (la historieta es en blanco y negro), el tipo de humor y el recurso al género (en este caso el film noir, pero estoy leyendo otro que se llama Lisístrata y es una versión de la obra de Aristófanes, en la misma línea o con la misma distancia entre el original y la versión que las historietas de los clásicos del mentado rosarino). El regreso del condón asesino empieza como si se tratara de una película, con créditos y todo, y tiene un laburo interesante donde los fondos en exteriores o los cuadros de establecimiento son fotos mega saturadas tipo fotocopia mal impresa de las calles de Nueva York, donde sucede la acción. Esto contrasta con el tipo de dibujo caricaturesco, y se logra algo copado, y no tengo mucho más para decir sobre esto.

viernes, 29 de diciembre de 2017

The complete Dirty Laundry collection, de Robert Crumb, Aline Kominsky-Crumb y Sophie Crumb

1.
Este libro megaincreíble me lo compré en una feria en Chile por lo que serían 200 pesos. En inglés, edición original californiana de 1993, perfectas condiciones, un hallazgo la verdad. Gracias Chile te amo. No consigo en Internet la tapa de mi libro en calidad aceptable así que acá va la de uno de los cómics contenidos en el tomo:


2.
Resulta que Robert Crumb está casado hace muchos miles de años con Aline Kominsky (desde el '78), una historietista del movimiento underground, y resulta que desde comienzos de su convivencia, Bob y Aline dibujan juntos una tira esporádica que se llama, o se llamó, Dirty Laundry ("Ropa sucia"). La joda es que Robert se dibuja a sí mismo, y Aline se dibuja a sí misma. Hacia fines de los '80s o comienzos de los '90s se suma en algunas tiras la hija de ambos, Sophie, que también se dibuja a sí misma. El resultado es muy bueno.

3.
Los cómics cambian notablemente a lo largo de los años. Los primeros son fanzines, hechos para vender por centavos de dólar en ferias de hippies, y están llenos de sexo explícito bizarro al estilo Crumb, referencias al universo under de los '70s californiano (o sea LSD y Leary) y tramas disparatadas o absurdas. Después empiezan a ser cada vez más testimoniales, a hablar de la vida de la familia Crumb, y a dejar de tener un objetivo comercial para pasar a ser un mero entretenimiento familiar. Varias de las tiras hacen referencia a cuántos meses o años les lleva terminar cada una. También hay, en páginas dispuestas de forma vertical, tiras de Dirty Laundry que salieron por momentos en diarios, a razón de cuatro cuadritos por entrega con una punch line al final, tipo humor gráfico de contratapa. Eventualmente, el tema pasa a ser el de la nueva hija, y luego el de la emigración a Francia, donde viven los Crumb hasta el día de la fecha. Está todo muy bien. Banco mil a Aline. Fin.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Teenage Mutant Ninja Turtles, de Kevin Eastman y Peter Laird

1.
Me gustan porque están dibujadas medio como el hoyo, las primeras historietas de las Tortugas Ninjas, if you know what I mean. En el sentido de que para ser historietas de superhéroes yanquis se alejan mucho de la estética Marvel/DC. Casi te diría que son historietas de autor, por el tipo de dibujos y lo bizarro de la premisa (que es la que todos conocemos, exactamente esa: una rata que sabe kung fu y encuentra a cuatro tortugas bebés justo cuando se vuelca un pote de líquido radioactivo en una alcantarilla que los vuelve a todos humanoides). Dicen, tanto la muy nutrida entrada de Wikipedia como el prólogo de esta edición argentina de tres tomos de 2007, que la historieta original (que es del '84) al comienzo era una parodia de Frank Miller y de Daredevile. Creámosles.

2.
Resulta que en la historieta el malo al comienzo es Destructor, al que vencen, y luego viene toda una parte donde extraterrestres con forma de cerebro que se mueven dentro del abdomen de unos exoesqueletos antropomórficos (pero son buenos, no como en el dibujito) mandan a las tortugas por error a otro planeta, donde las secuestran unos triceratopos malvados. April O'Neil no es periodista sino programadora informática, y por lo que yo veo en el cómic es negra más que pelirroja. Medio latina candente. Díganme si no:


lunes, 27 de noviembre de 2017

Tommyknockers, de Stephen King

1.
Meses, muchos miles de meses tardé en leer este bodoque de 810 páginas que escribió el bueno de Estebancito Rey entre 1982 y 1987, época suya de severa adicción a la fafafa, según cuenta en On Writing (Mientras escribo). Dice ahí en ese otro libro que muchas de sus historias son un reflejo de sus adicciones -al eskabio y a la milonga- (por ejemplo Misery, por ejemplo El resplandor) y que en particular esta novela, que no es ni de las más conocidas, ni fue trasladada a la gran pantalla pero de la que habla bastante en ese libro, se refiere a la merca: una cosa que te potencia y a la vez te destruye, como la influencia fantasma de los Tommyknockers sobre la población de Haven.

2.
Mentí: no hay una adaptación a la gran pantalla pero sí hay una adaptación televisiva de 1993. Debe ser una cagada. Esta debe ser la película entera. Me llama la atención que dure una hora y media porque para adaptar bien Tommyknockers habría que hacer una serie. De hecho re da para una serie, pero necesita bocha de presupuesto.

3.
La cosa tiene 810 páginas no porque sí, sino porque tiene bocha de tramas interpuestas. Mientras leía el final (o sea las ciento y pico de páginas finales) pensaba en lo absurdo que sería todo lo que estaba leyendo si no se me hubiera allanado el camino en las centenares de páginas anteriores. VA CON SPOILERS, total nadie la va a leer, o sí pero la van a disfrutar igual. Al final tenemos al protagonista (a uno de ellos) bajo los efectos de un montón de válium y alcohol, con un balazo en una pierna que casi no lo deja caminar (pero el dolor lo mantiene despierto, buena Stephen), teniendo que salvar a un niño que cayó en otra dimensión quinientas páginas atrás (y que quedó ahí, como una subtrama), ayudado por su abuelo, que cuelga de un gancho con el cerebro conectado a una supercomputadora telepática que a la vez se alimenta de él, junto con un perro (a quien habíamos perdido de vista setecientas páginas atrás) y una mujer malvada (aparecida y desaparecida unas doscientas páginas atrás), mientras afuera se incendia la ciudad, todos los habitantes de Haven van hacia sus destinos finales (y de todos sabemos quiénes son, si logramos recordar tantos nombres), y como si esto fuera poco también tenemos individualizados personajes fuera de Haven que no saben cómo entrar, y hasta aparecen como fantasmas personajes que ya habían muerto (medio rompiendo el código la verdad Stephen pero bueno): un despelote. La cosa tiene tantas pero tantas escenas, tantos personajes individuales con sus propias historias que siguen y siguen apareciendo casi hasta el final del libro, que lo más sorprendente es que la novela no esté llena de incoherencias. Yo no detecté ninguna.

4.
Lectura comparada: La novela en un punto empieza igual que Cementerio de animales: hay una casa junto a la carretera casi al fondo de un pueblo, en el que vive apaciblemente una persona (en Cementerio es una familia) con su mascota (en Cementerio es un gato, acá es un perro), a la que ama. Ya sabemos que si Stephen empieza así, la mascota va a morir y volver en forma de zombi, one way or another.

5.
Como siempre, Stephen King es droga, muy fácil de leer y con efecto Harry Potter al final de cada capítulo. No es lo mejor que leí de él, aunque tampoco tengo nada que objetar. Un poco tirado de los pelos todo pero si aceptamos que igual no importa nada, la pasamos bien, re bien. Ah, y en una parte me sobresalté y grité, como si estuviera viendo una película. Eso fue increíble.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Boggart, de Carlos Trillo y Horacio Domingues

1.
Soy muy hincha de Carlos Trillo (guionista de historietas, 1943-2011, hizo cosas como Las puertitas del Sr. López y especialmente Cybersix) pero esta no me copó. Se trata de un gnomo, el Boggart, detective en el mundo de las hadas, que tiene que resolver un caso de asesinato en serie de hadas. Toda la trama es medio previsible y una excusa insuficiente para mostrar personajes feéricos. Igual se consigue en mesas de saldos. Los dibujos están bien pero los globitos ocupan mucho espacio en cada cuadrito. Le faltan antenas y motos.


domingo, 12 de noviembre de 2017

El hada Carabina, de Daniel Pennac

1.
Segunda novela de la saga de la familia Malaussène, continuación de La felicidad de los ogros (1985) que reseñé unas reseñas atrás (scroll down). De mi relación personal con los ejemplares de ambos libros hablé en la otra reseña, vayan.

2.
Esta es de 1987, y vuelve a contener todos los elementos de la anterior: una trama policial, humor negro, imágenes francamente macabras, un perro epiléptico, muchas minitramas absurdas que confluyen en la resolución del caso con total coherencia. Se agrega otro protagonista, que quizás hasta tiene más páginas que el propio Benjamin Malaussène, chivo expiatorio profesional, que es el detective Pastor, alto personaje. Lo amo. El final del personaje de Pastor es un giro espectacular, además. No tengo mucho que agregar a lo que ya dije en la reseña del primero, más que decir que también me gustó mucho. Si consiguen el tercero (La pequeña vendedora de prosa) me lo pasan.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Las lágrimas amargas de Petra von Kant, de Rainer Werner Fassbinder

1.
Obra en cinco actos con cinco personajas femeninas que se lee en menos de una hora, diría, cincuenta minutos para mantener la proporción pentagonal. La historia es bastante sencilla, y más bien boba. Petra von Kant, acaudalada diseñadora de modas, recibe la visita de su amiga, la baronesa Sidonie von Grasenabb, quien le presenta a una amiga caída en desgracia, Karin Thimm. Petra se enamora de Karin, la invita a vivir con ella. Luego, Karin le rompe el corazón y la deja. Petra, desesperada, monta una escena melodramática. No ocurre mucho más. La fuerza de la obra, si la hay, al margen del valor disruptivo que tuviera en su contexto (1972) una obra sobre una relación lésbica, está en el dolor de Petra von Kant, la graduación melodramática de la cosa. Me dejó bastante impasible, de todos modos.

2.
Hay una película, me la bajé, si la veo edito esto y agrego más y más letritas flotando en el vacío de la Internet.

martes, 24 de octubre de 2017

La felicidad de los ogros, de Daniel Pennac

1.
Me cuesta mucho en este blog separar el contenido de un libro de mi experiencia personal con el mismo. Me cuesta y además no tengo por qué hacerlo, así que ni lo intento, en realidad. A veces la relación de unx con el libro (o con el ejemplar) no tiene nada que ver con el contenido, pero seguro que afecta nuestra experiencia como lectorxs. Tengo los dos primeros libros de la saga de la familia Malaussène, de Daniel Pennac, desde hace varios años. Desde 2010, creo. Me los prestó una amiga, Marina Kogan, que además era mi profe de taller literario en ese momento. Ya no recuerdo si me los prestó por algo relacionado con mi escritura o sólo porque le gustaban. Marina falleció el 18 de enero de 2011, a los 28 años de edad, dejándonos a todxs in media res: es terrible la muerte de alguien tan joven. Que yo tenga aún estos dos libros, que llevan su nombre en birome en la esquina inferior derecha de la portada, con los años de adquisición consignados (de este el 2002, del segundo el 2009), es sin duda el menor de los efectos de esa muerte, pero como elemento simbólico fueron (son) muy fuertes para mí. Hace poco, creo que en el contexto global de un mar de cambios en mi vida, decidí que los tenía que leer, para desanudar el entripado, o desbloquear algo, o no sé. Bueno, los leí, creo que estuvo bien. Todavía tengo que leer el cuento de Marina, que está en una antología que me compré en una librería de usados y que nunca me animé a leer. 

2.
La felicidad de los ogros es un libro de 1985, una novela policial sui generis con mucho humor negro, y la premisa es así: el protagonista, Benjamin Malaussène, un joven con muchos hermanos menores a su cargo, trabaja de chivo expiatorio en un gran almacén, es decir que se hace cargo de todas las quejas de los clientes de la tienda y llora hasta darles lástima para que la retiren. Entonces, un hombre bomba se inmola en la tienda. Luego siguen otros atentados. Malaussène se convierte en el sospechoso número 1 y deberá resolver el caso para exculparse. Como en toda buena novela policial (esta es buena) hay un montón de minitramas que confluyen en la resolución (muy rebuscada pero coherente) del caso de los atentados en la tienda, pero no abundaré en más detalles. El tipo tiene además una manera de escribir muy literaria, que primero cuesta pero después, pasadas unas páginas, es como un código descifrado, fluye, y genera en lxs lectorxs una suerte de cercanía, como de secreto compartido, que es lindo. Ah, y cuando entrás se lee rapidísimo, con ritmo de best seller (aunque no lo es). Muy recomendado.

jueves, 12 de octubre de 2017

La patria equivocada, de Dalmiro Sáenz

1.
A veces me pasa que tengo un libro en mi biblioteca que probablemente no vaya a leer nunca, años ahí muerto (hay varios así en este estado ahora mismo) hasta que un día alguien me los recomienda, o me los mandan leer, y oh milagro yo recuerdo que lo tengo, juntando polvo, ácaros y ántrax. Este lo compré un día, usado, junto con dos o tres libros más de Dalmiro Sáenz, pensando que si de chico me gustaba tanto Yo también fui un espermatozoide, seguramente los otros libros también fueran buenos. Dalmiro Sáenz es uno de esos escritores argentinos como Antonio Di Benedetto, famosos en su momento, conocidos, leídos y prestigiosos, y luego olvidados por el público y por el mercado. O como el Turco Asís, que no fue olvidado porque se reconvirtió en comentarista de TV, pero perdió su prestigio y es muy poco leído como escritor de ficción hoy en día. Di Benedetto fue recuperado y reeditado hace un tiempo, y ahora está más en boga por Zama La Película, pero hubieron varios años, dos décadas diría, en que sus libros no se conseguían, ni se lo mencionaba en la historia de la literatura argentina de los '50s. No digo que Sáenz haya escrito ningún Zama, pero sí que merece un rescate. Algo parecido a eso podría estar sucediendo, porque veo que Capital Intelectual reeditó Yo también fui un espermatozoide (LIBRAZO. Empieza así: "Escribir sobre uno mismo es un poco incómodo. Yo por eso generalmente prefiero escribir sobre una mesa."), y porque veo que este libro del que paso a hablar en el punto 2 fue llevado al cine en 2011, pero es evidente que si la película tiene como protagonista a Juanita Viale no cuenta como rescate. (Atención: éste es el trailer pero cuenta toda la película y el final del libro).

2.
Decía que me sugirieron leer este libro. Fue por un laburo de guión que tuve que hacer, me lo pasaron como "refe". Resulta que este libro, que está dividido en capítulos que en realidad son cuentos, va atravesando de uno en otro distintas etapas de la historia argentina (del siglo XIX), desde las invasiones inglesas hasta la República conservadora. El juego está en dos cosas. Por un lado, cada capítulo responde a otro punto de enunciación y a otro formato: cartas, diario, primera persona, tercera persona... Por el otro, de un capítulo/cuento al siguiente hay casi siempre un punto de continuidad en un personaje que se repite de uno en otro, cambiando sus circunstancias de vida, su edad, y su rol en la narración: puede ser protagonista o lateral, no importa. La operación funciona porque los cuentos funcionan, y sobre todo en la trama de Clorindo y su hija se justifica que La patria equivocada se llame a sí misma novela.

3.
A favor de Dalmiro Sáenz: lo guarro que es. Hay sexo, bastante, justificado y diegético, mucho "miembro endurecido asomando del pantalón", mucha "erguida dureza de su miembro"... A Dalmiro le gusta escribir sobre pijas paradas. Hay un capítulo que empieza diciendo: "La otra noche me masturbé por primera vez con la mano izquierda, Marcela". Mu bue. En contra de Dalmiro Sáenz: el lugar de la mujer en la novela es bastante choto, hay un dejo de machismo del sentido común machista argentino que queda aunque me imagino que en su momento Dalmiro habrá aparecido hasta como progresista respecto de sus contemporáneos por lo que las mujeres hacen en su literatura (como las mujeres vengadoras de la muy interesante obra teatral Las boludas). El libro está bien. No me volví loco, pero está bueno. Algunos cuentos mejores que otros. El mejor es el que menos tiene que ver con la trama con continuidad, que es el de los dos curas (el progre y el conservador) que se enfrentan al curandero abortista.

4.
También, y para linkear esta reseña con la de La mano del pintor de María Luque que anda por acá abajo, uno de los personajes de la novela, pero mega ficcionalizado, es Cándido López, el pintor manco de Curupaytí. Ese es el que se masturbó con la mano izquierda, Marcela. En ese cuento en forma de carta cuenta-ficcionaliza cómo perdió la mano. El cuento termina con el propio Mitre, reflexionando sobre el honor y el arte, hablando en francés y en guaraní. A Dalmiro lo histórico no le importa nada, por suerte. Es sanmartiniano en ese sentido: él es libre, lo demás no importa nada.