sábado, 2 de febrero de 2013

El arte de amar, de Erich Fromm

1.
Como contamos en otro lugar (pero repetimos por pertinencia absoluta y por impunidad), un profesor mío dijo en relación con este libro que hoy está muy desprestigiado escribir sobre el amor en forma de ensayo o estudio, relegado a materia de autoayuda, y que eso no tiene razón de ser. Que muchos escribieron sobre el amor desde lugares intresantísimos, desde Platón y El banquete (sobre el que nos ocuparemos en una reseña próxima) hasta Fromm y El arte de amar o el capo de Barthes y Fragmentos de un discurso amoroso. Buen punto. Fromm arranca así:
La lectura de este libro defraudará a quien espere fáciles enseñanzas en el arte de amar.
2.
Dicho lo anterior, este libro es un poco de autoayuda. Se supone que es de psicología, pero Fromm es muy, demasiado dictador de su lector. Cuando es descriptivo es brillante, pero por momentos se pone prescriptivo: en esos casos me cayó mal. Aún cuando tuviera razón. Sin embargo, si uno puede leer críticamente y no tragarse todo lo que dice Fromm como si el tipo tuviera la posta, hay unas cuantas ideas sobre el mundo en general que valen la pena de conocer. Y además escribe muy bien, muy ameno, muy para todo público.

3.
Un ejemplo simpático de Fromm siendo prescriptivo (que sirve para ver que, por si alguien dudaba, Ari Paluch vende mucho pero no dice nada nuevo -El arte de amar es de 1956-):
Debo agregar aquí que, así como importa evitar la conversación trivial, importa también evitar las malas compañías. Por malas compañías no entiendo sólo la gente viciosa y destructiva, cuya órbita es venenosa y deprimente. Me refiero también a la compañía de zombies, de seres cuya alma está muerta, aunque su cuerpo siga vivo: a individuos cuyos pensamientos y conversación son triviales; que parlotean en lugar de hablar, y que afirman opiniones que son clisés en lugar de pensar.
4.
Un ejemplo nefasto de Fromm siendo freudiano (cuando él es el que rompió con el campo freudiano por su mecanicismo social):
La desviación homosexual es un fracaso en el logro de esa unión polarizada, y por eso el homosexual sufre e dolor de la separatidad nunca resuelta, fracaso que comparte, sin embargo, con el heterosexual corriente que no puede amar.
Lo curioso es que dos páginas después bardea a Freud en estos términos:
...el extremo patriarcalismo de Freud, que lo llevó a suponer que la sexualidad per se es masculina... 

5.
Dos ejemplos de Fromm siendo romántico (y libertario diría Löwy):
La felicidad del hombre moderno consiste en "divertirse". Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comidas, gente, conferencias, libros, películas -todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados. 
El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo, no sabe qué hacer con el tiempo que gana -salvo matarlo.  

6.
Es (era) capo Fromm, a pesar de algunas forradas como la del punto 4 que son en realidad producto de las ideas generales de la época. Si quieren saber más, pueden remitirse a mi reseña de El miedo a la libertad. O sino leerlo a él directamente. Se consigue usado ampliamente.

2 comentarios:

Josefina Saffioti dijo...

hey! dos cosas tengo: estoy insultando por encontrar este blog recién ahora. me gustan tus reseñas.
otra, a modo de curiosidad... tenés otro blog, el del título mnemotécnico... hay algún motivo especial por el que hayas puesto "sait" en vez de "seit"? gracias!

Ale Schonfeld dijo...

nomás la magia del error de tipeo