sábado, 6 de junio de 2015

La montaña mágica, de Thomas Mann

1.
Más o menos de marzo a junio el único libro que leí fue éste. Sin contar las historietas, leí libros cortitos nomás. Y el de King de acá abajo. Pero nada más. Pueden comprobarlo mirando las fechas de las reseñas de este blog porque en este blog reseño todo lo que leo. La montaña mágica -en la edición de Plaza y Janes de 1996 que es la que leí yo- tiene 974 páginas. Normalmente no canchereo sobre esto, las extensiones de los libros no tienen siempre que ver con sus contenidos. A veces los libros son así de largos pero por su redacción, por el tamaño de la letra o el interlineado o lo que sea, eso no importa: estoy pensando en George R. R. Martin, los de Lisbeth Salander y esos. Pero en este caso sí, importa. Y no solamente porque me baja el promedio de libros leído en el blog (ah re). Pasemos por favor a la primera cita de la noche:
¿Hacia verdaderamente seis meses que el valle y las montañas estaban cubiertos de nieve? ¡Ya hacía siete! El tiempo pasa mientras nosotros referimos la historia, nuestro tiempo propio, el que consagramos a esta historia, pero también el tiempo profundamente anterior de Hans Castorp y sus compañeros de infortunio, allá arriba en la nieve, y el tiempo sigue produciendo cambios. (Pág. 484)
 2.
La montaña mágica cuenta la historia de Hans Castorp, un joven adulto que piensa como un adolescente y que tras terminar sus estudios de bachiller y a punto de entrar a trabajar en un astillero en su Hamburgo natal, viaja por primera vez en su vida lejos de su país, hasta una exclusiva clínica de montaña en Suiza, para permanecer allí tres semanas, hacer compañía a su primo Joachim, que llevaba internado ya seis meses, y de paso recuperarse él mismo de una leve debilidad. Como cualquiera supone con un libro de casi mil páginas en las manos, la historia va a durar más que tres semanas. Y de hecho, así es: Hans Castorp permanece por años en el Sanatorio Internacional Berghof, en la montaña mágica. Así comienza el capítulo "Cambios", justo en la mitad de la novela:
¿Qué es el tiempo? Un misterio sin realidad propia y omnipotente. (...) El tiempo es activo, produce. ¿Qué produce? Produce el cambio. (Pág. 481)
Obviamente hay mucho escrito sobre La montaña mágica, y no estoy ni cerca de un estado de la cuestión, pero entiendo que lo que usualmente se dice de la novela es que se trata de la lucha entre dos posiciones ideológicas contrapuestas, la liberal y la conservadora, en el período anterior a la Primera Guerra Mundial, y del clima de época de esos años. Es cierto, pero mucho más que de eso, para mí La montaña mágica se trata del tiempo: es un experimento con el tiempo, el tiempo en la literatura y el tiempo en la realidad. Para mí, la cita de la página 484 es todo, es el resumen conceptual de La montaña mágica. Después, lo que pasa en la novela, el amor de Hans Castorp por Madame Chauchat, la discusión eterna entre el liberal Settembrini y el reaccionario Naphta, la salud de los enfermos, la lección de anatomía, la música, los juegos, el espiritismo, todo eso es lo que pasa pero no es el tema, el tema es que lo que pasa, pasa; tanto en la vida de Hans Castorp como en el tiempo en que los lectores lo leemos. El amigo Thomas parece fascinado con ese punto de la cuestión, y si uno le agarra la mano, le fascina a uno también.

3.
A partir de ahora, apuntes sueltos: 

- Quería leer La montaña mágica porque en algún lado leí que Bolaño amaba esta novela y que una parte de 2666 (en la que una mujer deja a su marido, creo que a Amalfitano, ya no recuerdo, para ir a buscar a un poeta loco que vive en un hospital psiquiátrico) estaba basada en este libro, así como también su novela El Tercer Reich, que todavía no tuve el placer de leer.
- También quería leer La montaña mágica porque me propuse leer las grandes (en cuanto a tamaño) novelas clásicas que aún no leí. Próximamente, La guerra y la paz, y/o Anna Karenina, y Crimen y castigo, y Moby Dick.
- Más sobre La montaña mágica y Bolaño. Aquí un fragmento de Los detectives salvajes que acabo de encontrar en la interné: "...La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa)..."
- Leo en una nota de Juan Forn, que Thomas Mann era un conocido homosexual oculto ("como bien se sabe, Thomas Mann no tenía novias; le gustaban los efebos y, para disimularlo, estaba más que casado con su estoica esposa y pantalla", aquí. Como todas las contratapas de Forn, no tiene desperdicio). Encaja perfectamente con el amor adolescente de Hans Castorp por un muchacho "con ojos de tártaro", ojos que después ve en los ojos de Madame Chauchat. Me llamó mucho la atención lo abiertamente gay -pero al mismo tiempo, como quien no quiere la cosa- de este aspecto de La montaña mágica en el que se hace bastante hincapié.
- Thomas Mann empezó a escribir esta novela cuando acompañó a su mujer (y pantalla) a un sanatorio de montaña similar el Berghof, y la terminó muchos años después, cuando ya había estallado la Primera Guerra Mundial. Con ese dato en mente es muy curioso cómo cambia la historia, como si le pegaran brucos golpes de timón, cada tantas cientos de páginas. Uno de sus personajes principales, Leo Naphta, no aparece hasta pasada la mitad de la novela. Y el holandés Mynheer Peeperkorn, mi personaje favorito, aparece recién en el último cuarto de la misma. Esta actualización de personajes cuasi protagónicos tan fuertes es parte de la genialidad de la novela. Ah, porque es genial, creo que no lo dije hasta ahora, la amé.
- Amé La montaña mágica, pero tardé 200 páginas en superar el aburrimiento y entrar en la historia. Es casi como leer un libro entero antes de que quieras realmente seguir leyendo.
- La verdadera prueba asesina para el lector, de todos modos, viene un poco después. Se deben superar las creo que nueve páginas de anatomía humana con las que Thomas Mann nos mortifica, tratando de que tiremos el libro a la basura, más o menos en la página 400, para entrar de lleno en la aventura. Más de uno debe haber muerto en el intento.
- ¿Qué pensar de Leo Naphta? ¿Es un estereotipo antisemita? Debe haber mucho escrito al respecto. Yo creo que Thomas Mann no era de ninguna manera antisemita (hacia el final del libro, cuando Hans Castorp se interesa por la pelea entre los internados polacos, el libro es explícitamente anti-antisemita) pero que con Leo Naphta, y sobre todo con la biografía del personaje, se le ve la hilacha del antisemitismo tradicional de la época.
- Supongo que alguien en alguna Universidad del mundo ya habrá escrito un ensayo al respecto, pero Leo Naphta parece uno de los modernistas reaccionarios de los que habla Jeffrey Herf, o por lo menos se podría trazar los paralelos entre éstos y el personaje. Sin duda, Leo Naphta es un judío proto-nazi.
- Hans Castorp es como un Werther un poco menos llorón (sólo un poco). Lo queremos más a Hans, obviamente.

En fin. FINIS OPERIS, como dice Thomas.

POSTSCRIPTUM: Leí por ahí que Settembrini está basado en Heinrich Mann, el hermano de Tomy, y que Naphta estaría basado en Georg Lukács. ¿En serio? No lo veo a Lukács como un fanático religioso, no me cierra por ningún lado.

3 comentarios:

Martí­n Zícari dijo...

el mejor libro que leí en mi vida... también lo leí hace unos meses, dos escenas me cambiaron la vida: La escena de la tormenta que parece durar una eternidad pero son solo unos minutos, y la escena de espiritismo donde aparece Joachim, lloré, tuve mucho mucho miedo, miraba las ventanas de mi casa esperando que aparezca alguien.
Está muerte en venecia para reconfirmar su gaytud ;)

Ale Schonfeld dijo...

Sí, me olvidé de mencionar eso! La tormenta de nieve es lo mejor.

Gaby Guerrero dijo...

Sos tan capo Ale...!