martes, 11 de octubre de 2016

Cosmópolis, de Don DeLillo

1.
Me costó cien páginas engancharme con este libro. Cien de doscientas treinta y nueve, es demasiado. Resulta que es una novela increíble, realmente excelente, pero es difícil enterarse porque hay que superar demasiadas páginas en las que no empatizás con el protagonista, un megamultimillonario que sale en su limusina a atravesar una Nueva York ligeramente futurista y ligeramente distópica, aunque ubicada en el año 2000, en la que el tránsito parece más atascado que nunca. Un poco el ritmo en el que avanza la limusina, que parece casi quieta entre las otras limusinas y los coches y las manifestaciones y el desfile del presidente y la procesión fúnebre de un hiphopero místico y las calles inundadas, es el ritmo en el que avanza la novela, y hay que acostumbrarse primero, acompasarse al ritmo y entender qué está queriendo hacer este Don DeLillo (primera vez que lo leo) antes de que empieces a entender lo buena que está la novela, el mundo creado alrededor del personaje, lo que le está pasando a este hombre en este día y por dónde van a venir los muy increìbles giros de la historia.

2.
Hay una peli de Cronenberg, se llama Cosmópolis, actúa Robert Pattinson, la veré. Incluso está en Netflix. La veré ahora. Temo que le quite toda la magia y la poesía a los hechos inverosímiles que pueblan la novela (que es básicamente una sucesión de encuentros de nuestro protagonista con distintos personajes dentro de la Limusina, o en pequeñas pausas fuera de la misma). Ya les digo:

3.
No le quita la magia, pero tampoco le suma. No está mal adaptada. Sólo que no tiene el presupuesto para hacer la novela bien, entonces quitaron o pasaron a fuera de campo todas las escenas que hubieran implicado multitudes y superproducción. Se gastaron toda la papota en pagarle a Pattinson. No era necesario.