jueves, 15 de mayo de 2025

Todo lo que salió de Heartstopper, de Alice Oseman

 1.

Leí todo lo que salió de Heartstopper (en papel, en español, aunque creo que en realidad me falta una novela protagonizada por Tori) y tengo para decir que: qué lindo. Creo que la existencia y popularidad de Heartstopper entre les pre-adolescentes actuales es una de las diferencias más palmarias con mi propia pre-adolescencia de pequeño niño gay. Me hubiera vuelto LOCO yo por esto, es exactamente la clase de mariconada que hubiera querido leer. En su lugar me tuve que contentar con gustar de Cedric Digory en las novelas de Harry Potter y con el romance bisexual de Shinji Ikari con una entidad astral. 

2.

Los cinco tomos existentes (no puedo creer que haya que esperar para el 6, qué es esto, R. R. Martin all over again) más la novelita Este invierno me fueron dados en préstamos por Almendra, joven persona de género fluido y 13 años de edad. 

3.

La serie de Netflix está muy bien también. Encontraron unos chicos increíblemente parecidos a los de la historieta.

miércoles, 7 de mayo de 2025

La brasa en la mano, de Oscar Hermes Villordo

 1.

Segunda novela que leo del Genet chaqueño, el Bioy Casares homosexual, Oscar Hermes Villordo (tal y como anuncié en mi anterior reseña sobre este Señor). Esta me la prestó Gonza, y ahora me estaría faltando conseguir una sola de su trilogía ochentosa, la del medio, La otra mejilla (1986).

2.

Dice Wikipedia que La brasa en la mano "fue un bestseller que vendió más de 60 mil ejemplares a pesar de haber sido publicada durante la última dictadura militar argentina". Notable. 

3.
La brasa en la mano (1983) cuenta unos días (¿o eran meses? ya no me acuerdo) en la vida de un grupo de amigos y amigas súpergays de la ciudad de Buenos Aires, en un contexto que parecen ser los 70, o quizás los 60. El protagonista cree que encontró el amor en un macho que lo maltrata bastante; su amiga la loca no se hace ilusiones, aunque no para de cojer. Y la amiga de los dos, la mariliendre del asunto, parece ser muy libre pero sufre de unas buenas depresiones cuando cree que está por sentar cabeza y se le escapa la tortuga. Entretanto hay levante de colimbas, deambulares boudelerianos por Buenos Aires y una excursión a la casa conurbana de una vieja loca de otrora que da una fiesta, quizás el mejor momento del libro. 

4.
Ahora bien, el libro, si bien es re puto y está buenísima, me flashó menos que El ahijado (1990), que me había volado la peluca. Puede ser una buena señal: la de un escritor que mejora de obra en obra. También puede ser a causa de los contextos: no es lo mismo escribir una novela de trolos a principios de los ochenta y en plena dictadura que al final de los '80s, en los albores del menemismo. El ahijado en ese sentido es mucho más libre (y explícita) que La brasa en la mano, y quizás eso es lo que me impactó distinto. Qué bueno título, a todo esto.