domingo, 11 de marzo de 2012

La soledad del lector, de David Markson

1.
Al principio pensás que lo que tenés entre manos es algo así como una versión más culta de la Enciclopedia de datos inútiles de Homero Alsina Thevenet. Que Picasso esto, que Emily Dickinson aquello, que Camille Claudel pasó los últimos treinta años de su vida en un manicomio. También pensás que cada vez que el autor pone “el Lector” se refiere a vos, el lector. Pero no: en ambas cosas estás equivocado. El libro que estás leyendo es una novela, aunque compuesta de “referencias y alusiones intelectuales, y “sin casi nada de novela”. Y “el Lector” no sos vos: es el autor. Ya nos lo había advertido el epígrafe de Borges: “Ante todo me considero lector”.

2.
Y cuando te das cuenta de esas dos cosas, te surge un nuevo pensamiento: “estoy ante una novela difícil, sesuda, tengo que pensar, tengo que prestar atención”. (“Tengo un relato. Pero tendrás que esforzarte para encontrarlo”, nos azuza el escritor, el Lector). Te volviste a equivocar: nada más alejado de la realidad. La soledad del lector de David Markson no sólo no es un libro “difícil” sino que es uno de esos libros que se lee como viene, sin esfuerzo, en cualquier circunstancia, sin poder parar y que de pronto se terminó. “Hipnótico”, lo llama Kurt Vonnegut en la contratapa.

4.
David Markson nació en 1927 en Nueva York y murió ahora, en 2010. En la década del cincuenta supo ser amigo de la pomada (Kerouac, Dylan Thomas) y hasta se carteó profusamente con Malcom Lowry, mientras escribía por encargo westerns y novelas policiales (Epitaph for a Tramp [1959], Epitaph for a Dead Beat [1961] y The Ballad of Dingus Magee [1965]). La fama le llega tarde, en 1988, con la publicación de su novela Wittgenstein’s Mistress. La soledad del lector [Reader’s Block] es de 1996, y da inicio a la serie que se completa con This Is Not a Novel [2001], Vanishing Point [2004] y The Last Novel [2007] que efectivamente es su última novela.

5.
Anecdotario de la historia del arte universal, lista de antisemitas, de suicidas y de obsesos y a la vez novela sorprendente, La soledad del lector es además una muy buena puerta de entrada a la obra de este escritor que según David Foster Wallace representa “el punto más alto que podemos encontrar en la ficción experimental de los Estados Unidos”.

6.
Esta reseña la escribí para el blog de Libros del Pasaje y también salió en el blog de la editorial La Bestia Equilátera. Quiero agregarle que: a) es re judío. Después de casi cada referencia holocáustica viene una onda koolot valeivaa. b) Aparecen mencionados sólo dos personajes de nacionalidad argentina y uno es Borges. Nunca se me hubiera ocurrido que el otro fuera a ser el que es. c) Aparece citado el comienzo de Pedro Páramo. d) El libro es re ñoño, mal. O sea, bien, re bien. Pero sólo se puede disfrutar con un espíritu ñoño.

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