1.
Qué lindo, qué fuerte. Qué cortito.
2.
Loza cuenta en primera persona lo que recuerda de una internación, a sus 20 años, por un brote, o una serie de brotes. El tiempo en que estuvo loco, o se volvió loco, o fue un loco. Algo que tiene muy lindo este libro es la idea de un diario que se escribe después, y con lo que queda. De alguna manera es lo contrario a un diario, en tanto bitácora que se escribe con la cosa fresca, con la minucia, como el libro de Bioy que hoy está un palo cien. Eso es lindo. Hay un poco de ficción, en el recuerdo, y Loza dice que le da bronca no poder inventar más, que lo intenta pero le sale un registro maquinal, frío.
3.
Por espíritu me hizo pensar en otro libro nosocómico, muy lindo y muy triste: Hospital Francés de Daniel Gigena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario